El divorcio a través de la heladera

Una comedia negra sobre la separación.



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Con “El Efecto Noemí”, Aguirre se escapa un rato de su sitio en la web.

En su primera novela, “El efecto Noemí”, una comedia “negrísima, Carolina Aguirre compone el relato de Boris, un hombre que harto de su mujer y luego de 30 años de matrimonio decide separarse, pero en lugar de disfrutar de su soltería, el pasado lo estaquea una y otra vez hasta sumirlo en una rutina de soledad insoportable. Si bien la idea central es cruda, la autora de “Ciega a citas” construye una montaña rusa de emociones donde el lector se encontrará tan oprimido por la vida de su protagonista como divertido -a media risa, dirá Aguirre- con la trama del día a día de un sesentón recién separado que inexplicablemente no puede concebir el sueño. ¿Qué le pasaría a un hombre que después de treinta años de comer lo mismo abandona su hogar y su rutina alimentaria? Esa fue la premisa que motorizó los tres años de escritura en los que la autora -conocida por revelar sagazmente los estereotipos femeninos en su blog Bestiaria- se calzó el traje de varón para “contar un divorcio a través de la heladera”, adelantó ella. Este electrodoméstico, con sus opulencias y sus carencias, opera como un nudo de recuerdos, como una caja de resonancia donde se debaten suposiciones sobre el rumbo de esta pareja deshecha. No son casuales las referencias constantes a la comida y sus rituales: la vida de la autora está tan ligada a la gastronomía como a la escritura. Reseña restaurantes, es autora del blog Wasabi, conoce la composición de los alimentos, por supuesto cocina y todo eso lo traslada a su texto. “Tengo esta cosa italiana que heredé de mis abuelas de cocinar todo el día y de que la cocina es amor. Son unos mambos raros en la cabeza que me gustaría sacarme, pero son improntas familiares”, resume la creadora del blog-novela “Ciega a citas”, que el año pasado fue adaptado para la televisión. En “El efecto...”, Boris se separa y comienza el periplo de una rutina ensordecedora en clave humorística. Tajante, Aguirre dice “no puedo escribir nada que no tenga humor. Si me propusiera escribir un drama no podría, empezaría a hacer chistes y a poner cosas ridículas y graciosas. Lo único que me da placer es reírme de lo que estoy escribiendo”. De esta forma funciona su novela, ella traza a un hombre harto de su esposa que empieza a sufrir los embates inesperados de la soledad, los litros de whisky frente al televisor, la vuelta al pucho, los antros para solos y solas, las noches prostibularias y el signo constante del insomnio. Noemí, descrita siempre desde el punto de vista de Boris, es una ama de casa que ronda cargosa por las piezas, que vive para cocinar y a la que le molesta que su marido duerma. Es detallista, pulcra, obsesiva y una voz intermitente en la cabeza de Boris. Sobre este personaje la autora desliza que “la mitad de las cosas las hago yo, un cuarto mi suegra y otro cuarto son las cosas que podría llegar a hacer”. “Siempre trato de trabajar personajes principales reales que tienen un coro de gente llevada al límite, caricaturesca, que son los que cargan el humor”, señala sobre Néstor, el amigo decadente; Sandra, la secretaria que quiere conquistarlo; la Elefanta, una empleada tacaña y obesa y Karyna, una prostituta amigable. Pero la novela también plantea el axioma de desear lo que no se tiene y reflexionar sobre qué es el amor. “Son las pequeñas cosas -asegura Aguirre- los detalles, las anécdotas y los olores”. En escenas cotidianas, la autora precisa las circunstancias que llevan a Boris a odiar lo que antes amaba. “Me gustaba la idea de pegar la vuelta dos veces: te enamoras, amas profundamente a alguien, lo dejas de amar, lo odias y te alejas. Después pensás que el amor era eso, que no era tan malo y deseas volver”. Aguirre, de 33 años, casada desde hace diez con un filósofo, es guionista, autora de blogs, escritora compulsiva y colaboradora en varios medios nacionales. Está convencida de que “internet es la realidad” y ahí es dónde se mueve como pez en el agua, un pez espada que observa perspicaz, deglute y clava una estocada hilarante sobre las relaciones humanas. Su blog La peleadora llegó a tener 16 mil visitas diarias, Bestiaria ganó varios premios internacionales, tiene 30 mil fans en el Facebook de “Ciega a citas”, cuya versión en papel va por la quinta edición y la siguen 13.670 personas en Twitter, lo que la convierte en una celebrity de la web y una precursora a la hora de probar nuevos formatos y hacerlos funcionar con éxito. Entregada a la mirada de los otros, sus trabajos reciben miles de comentarios de seguidores y posteos de opinadores ansiosos, por eso confiesa que lo que más le costó fue escribir una novela completa en solitario, sin un feedback instantáneo. “Lo más difícil fue escribir a ciegas porque siempre escribo con lectores adentro, escribo un capítulo o una reseña, ellos opinan, comentan. Estoy acostumbrada a lo fragmentario. Es la primera vez que escribí tres años sin lectores, fue el desafío más grande”. Sus lectores son fieles y exigentes, saben que ella detesta el transporte público, que su lugar en el mundo es el Tigre, que su marido era su amigo y que no tiene televisión. Lo saben porque utiliza anécdotas propias para relatar historias desopilantes. “Son exigentes porque estoy ahí -cuenta- tienen mi mail y me escriben si no les gustó una palabra. Todos los días me dejan cataratas de comentarios con algo que no le gustó y les contesto. Tengo una relación intensa con ellos y aunque es complicado, me gusta también”. Con “El efecto Noemí”, editado por Aguilar, Aguirre se escapa por un rato del ruedo virtual para dejar en papel una comedia oscura sobre las miserias y fantasías de un hombre y su circunstancia. (Télam)


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