El impacto del puma en nuestra región
Los dueños de campos y crianceros son los que pueden dar cuenta concreta de los daños que ocasiona el puma a sus majadas. La impotencia se extiende por vastos territorios de Río Negro y Neuquén. Pero hay corrientes ambientalistas que resisten su caza y promueven su protección. Dilema para los gobiernos.
Los campos agrícolas ya no rebozan de animales en toda la región y los estragos causados por años de sequía, de cenizas volcánicas, de disminución de la vegetación… y por los depredadores, no dan respiro.
La aparición de los pumas en las explotaciones productivas es de tan larga data como la discusión sobre su responsabilidad dañina. El escenario en la región no difiere, en general, de lo que ocurre en numerosas provincias del país, precisamente por el dilatado hábitat del animal.
Todos parecen coincidir al menos en un punto: el problema en los campos productivos sigue existiendo y las decisiones adoptadas por décadas –más o menos drásticas que en otras regiones– no lograron siquiera achicar el conflicto.
Porque el problema de los pumas en los campos, no es “el” gran problema, alertan, sino una parte y la consecuencia de una suma de problemas.
En Río Negro, desde las últimas cuatro décadas rige una ley que considera al puma una plaga para la producción ganadera. Esto no sólo alentó a su cacería sino que además se recompensa con un incentivo económico su matanza. Así como hay ganaderos que defienden la herramienta ante la desesperación de ver menguadas sus majadas por los sagaces depredadores, están también quienes advierten que la iniciativa no contribuye a potenciar el mentado control de la especie ni a conseguir el anhelado equilibrio ecológico.
“Éste es un tema complejo que necesita de un conjunto de herramientas para hacerle frente; hasta que esto no se entienda el problema va a seguir”, resume un productor local de ganado ovino, Javier Alberdi.
Así, por un lado se manifiesta la resistencia y críticas a la caza recompensa y petitorios con firmas presentados por grupos ecologistas y de Fauna Silvestre. Por el otro, la voz de las víctimas: productores de los campos de un vasto universo territorial de la región. (Ver testimonios aparte).
Desde el gobierno rionegrino, debaten el mantenimiento o la derogación de esta ley surgida por los ´70, aunque oficialmente y por iniciativas legislativas se admite que a largo plazo esta última es la meta en la provincia. El gobierno neuquino mantiene vigente la caza control de marzo a diciembre, además de la deportiva, de junio a septiembre. (Ver reglamentaciones aparte)
Y justamente en este punto es donde se instala la eterna discusión: la producción agropecuaria vs. las especies silvestres.
Sin embargo los mismos productores, los afectados en definitiva, son los que corren el eje del debate un poco más allá. Hay opiniones a favor y en contra de la legislación vigente, pero nadie discute la necesidad de contar con un esquema “real” de manejo que permita proteger el ganado.
El drama también se repite en campos del norte neuquino, donde crianceros denuncian el ataque sistemático sobre sus majadas, pese a que, según el director general de Control de Recursos Faunísticos y Áreas Naturales Protegidas, Marcelo Haag, “no hay estudios estadísticos que permitan determinar que es una plaga”.
El Cuerpo de Guardafaunas, de la Regional Norte de la Dirección General de Control de Recursos Faunísticos y ANP del Ministerio de Desarrollo Territorial, destaca que ha sido muy notorio el aumento de pumas en toda la zona norte de la provincia, lo cual ha ocasionado daños fundamentalmente al ganado menor; esto es caprinos y ovinos. (Ver detalle de testimonios)
“Nadie va a salir a decir que sí, que está bien matar a todos los ‘bichos’ que matan a nuestros animales… Pasa que en todo esto hay mucha teoría, todo el mundo opina pero… ¿qué tenemos que hacer? ¿Dejar que los pumas nos maten todos los animales? ¿Van a venir todos estos ecologistas a cuidarnos los campos?”, protesta otro ganadero de la región sur rionegrina.
No obstante, este no es un problema aislado. “Nadie puede hablar del puma y de lo que nos perjudica sin hablar de todo el resto. Acá el puma es apenas un punto dentro de todo lo que hoy nos trae problemas”, explica Luis Román, presidente de la Sociedad Rural del Alto Valle.
La crisis del campo jaqueado por años insólitos de extrema sequía, dañado hasta lo impensado por cenizas volcánicas, deteriorado en su flora y fauna silvestre, ceden cómodamente el terreno a los predadores que “sólo buscan agua y alimento”, sostiene el veterinario Federico Hollmann, de la Dirección de Fauna de Río Negro.
A todo esto se suma una larga lista de carencias, la falta de comunicación en las áreas rurales -uno de los puntos para muchos, de imprescindible necesidad- y la falta de personal en los campos, muchos de ellos abandonados.
“Hoy la situación en los campos es muy difícil. No sólo enfrentamos a los pumas, también los zorros y los perros cimarrones nos matan el ganado… también nos mata el cuatrerismo y la falta de ayuda al sector”, explica, muy claro, Román.
Eterno dilema
La secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Laura Juárez, y el propio gobernador Alberto Weretilneck recibieron el año pasado diversos reclamos de ongs y Fauna Silvestre cuestionando la ley que determina el pago de 500 pesos por los cueros de puma.
Para Jennifer Ibarra, la presidenta de la Fundación Cullunche de Mendoza, que realizó una ruidosa protesta a fines del año pasado frente a la Casa de Río Negro en Buenos Aires, la provincia realiza “una matanza sistemática y de exterminio. Lo grave es que no sólo en Río Negro, en ninguna provincia del país hay un censo o trabajo de investigación sostenido en el tiempo que diga cuántos pumas existen. En Argentina hay siete subespecies de pumas, por lo cual no podemos saber si estamos poniendo en riesgo a alguna de ellas”, advierte.
Desde la fundación, miembros de la Red Argentina Contra el Tráfico de Especies Silvestres (Ractes), solicitaron a las autoridades provinciales que se evalúen otros medios alternativos para el manejo y cuidado del ganado. (Ver aparte)
Desde el cambio del área de Fauna que hasta el año pasado dependía del Ministerio de Producción a la secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, los planteos comenzaron a cobrar eco y los funcionarios asumieron el compromiso de revisar el conflicto. Pero hasta hoy se trabaja en la instrumentación de “talleres de sensibilización”.
La provincia espera poder contar con un diagnóstico integral para poder después evaluar las posibles estrategias de control, entre las cuales se proyecta con más fuerza la “caza selectiva”.
“Estamos en la búsqueda de alternativas para proteger la especie, que es autóctona de la Argentina, e intentaremos buscar alternativas a la actual legislación que tenemos en la provincia”, sostiene Juárez.
Las contradicciones evidentes entre la legislación vigente en la provincia, es hoy uno de los problemas esenciales a resolver. Porque mientras la ley de 1972 considera a la especie una “plaga” y promueve la “lucha contra las poblaciones de animales silvestres perjudiciales para la ganadería…” desde el 2011 se prohibió en la provincia la caza deportiva de pumas porque se los considera especie “vulnerable”.
“Es un problema álgido porque por un lado está el daño que sufren los productores y por el otro queremos proteger la especie…”, explica el técnico de Fauna, Federico Hollmann.
En el país, la Ley Nacional 22.421 de Protección y Conservación de la Fauna Silvestre declara “de interés público la fauna silvestre (…) así como su protección, conservación, propagación, repoblación y aprovechamiento racional”.
Según el técnico de Fauna de Río Negro, entre las áreas donde se denuncian más ataques de pumas se encuentra la cordillera y zonas que limitan con Chubut sobre la costa, y también se ha detectado la presencia de la especie en la zona de Río Colorado.
“Hoy hay campos donde directamente no se puede tener más ovejas…”, lamenta Alberdi, ganadero en Sierra Colorada (ver aparte).
Los campos agrícolas ya no rebozan de animales en toda la región y los estragos causados por años de sequía, de cenizas volcánicas, de disminución de la vegetación... y por los depredadores, no dan respiro.
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