El estilo del «Tío José»

En su último libro emerge una definición para encuadrar estilos y formas de ejercer el poder por parte del kirchnerismo: estalinismo... estilos y formas propios del "Tío José", como identificaban al georgiano sus súbditos.

Por Redacción

ENTREVISTA A JULIO BÁRBARO

-Me refiero en esos términos a prácticas de Néstor que le sirvieron para domesticar hacia abajo.

-Pero suena a una exageración en términos comparativos.

-No hablo de un estilo ajustado en términos de igualdad. Hablo de un estilo que, forjado en el miedo a perder poder, centralidad excluyente en su ejercicio, se tornó en Néstor una obsesión por la uniformidad, por que nada se le fuera de madre. No estoy diciendo que eliminaba a sus adversarios o a los que consideraba enemigos. Nada de eso. Hablo de cómo funcionaba su, digamos, imaginario sobre el mando, sobre obtener obediencia ciega. Porque en todo esto, en toda reflexión sobre esta interpretación, práctica de poder, siempre está Néstor.

-¿Ninguna distancia entre él y Cristina? Él, por caso, cuidó las reservas mucho más que ella.

-Es cierto, pero eso hace a otro rango del manejo de lo público. En mi reciente libro, ya que usted lo trajo, hablo de la visión de lo que es el ejercicio del poder. Y en esto Néstor es el fundador del sistema de poder que define a los K. Suele haber mucha confusión a la hora de reflexionar este tema.

-¿En clave a qué es el ideólogo del estilo K?

-En el kirchnerismo no hay ideología. No se le cae una idea. Lo que hay es apetencia de poder y más poder… acumular poder que facilite negocios, oportunidades para sus propios intereses. La confusión -por así definirla- hace a quienes creen que Néstor era más pragmático en materia de ejercer el poder que Cristina. Nada de eso.

-La historia cosecha que en una oportunidad usted le sugirió a Néstor Kirchner presidente hablar con el Jorge Bergoglio por entonces cardenal primado y crecientemente crítico con aquel mandato. ¿Creyó usted que Kirchner podía seducirlo?

-¡No, nada de eso! Simplemente busqué que se vieran cara a cara y por iniciativa del presidente… ¿cómo no hablar entre poderes? Pero no se dio, ¿sabe por qué? Porque Néstor sabía que no podía manejar a Bergoglio, ¡así de clarito: no lo podía manejar! Le molestaba todo tipo con pensamiento propio… ¡eso es de cuño estalinista!

-Pero con usted funcionario con criterio propio hablaba.

-Pero me fui cuando percibí el sesgo que tomaba el kirchnerismo para construir poder. Hablábamos, sí. Pero sospechaba de mi pensamiento crítico. Quería que estuviera en el poder, pero lejos de la práctica concreta del poder.

-¿Un lugar complejo de encontrar?

-¡No, para nada! Simple: una embajada y chau.

-¿Le ofreció alguna?

-¡París! Embajador ante la Unesco. Él tenía todos los papeles y fundamentaciones firmados para que me fuera a París. Pero ya el kirchnerismo me decía día a día que yo no tenía nada que ver con su estilo.

-¿Qué tal? Y París no fue una fiesta…

-¿Qué tal? Me quedé en mi linda Argentina.