El gran embajador argentino

Emanuel Ginóbili ganó el anillo de campeón de la NBA y llevó a la Argentina a un lugar de privilegio.

En silencio y tras soportar durante un año la presión de los medios, Emanuel Ginóbili se metió en la fantástica NBA. Lo hizo con la idea de ganar experiencia y comenzar a mostrarse al mundo, aunque su figura ya era conocida por el subcampeonato mundial del año pasado y sus logros en el básquet italiano.

Los Spurs de San Antonio habían armado un plantel para pelear por el anillo y el novato argentino estaba sólo para cumplir algunos minutos en la cancha.

Pero con el correr de esos minutos pasó a liderar el rubro 'robos' (1.71 de promedio por encuentro) y ya todos hablaban de él. Inclusive, fue el sexto hombre en la plantilla de Gregg Popovich, que tenía a los «Torres Gemelas» (Tim Duncan y David Robinson) como principales figuras.

Partido tras partido, el escolta bahiense demostraba que no había llegado a la máxima competencia para cumplir un sueño. Quería ser protagonista, como en cada uno de los equipos que jugó.

Llegaron los play offs y todos hablaban de la posibilidad histórica de que un argentino ganara un título en la NBA. Increíble.

Los rivales fueron pasando y la expectativa crecía a pasos agigantados hasta que llegó la gran final con los Nets de New Jersey, a quienes vencieron en el sexto juego (88-77) y sellaron la serie 4 a 2. El sueño de «Manu» y la alegría de todo un país se hizo realidad.

Así fue que el bahiense comenzó a ser comparado con los máximos ídolos de la Argentina.

«No puedo creer que se me compare con semejantes hitos del deporte nacional, como Maradona y Vilas», dijo en una entrevista en Miami. Pero era así. «Manu» había logrado un hecho inédito y casi imposible. Nunca nadie hubiese imaginado que un sudamericano triunfara en el país donde el básquet es religión.

El hecho de haber sido comparado en la Argentina por su éxito en la NBA con verdaderos 'íconos' del deporte nacional hicieron que Ginóbili aumentara su actitud de humildad.

«No me considero en ese nivel, pero les agradezco a todos los que me ponen en el mismo pedestal de esos grandes campeones», declaró.

Y las sorpresas siguieron apareciendo en la vida de Ginóbili. Una de ellas fue la visita a la Casa Blanca, donde el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, recibió a los campeones.

Las estrellas del equipo texano, encabezados por el técnico Gregg Popovich, le entregaron una camisa número 1 al primer mandatario con la inscripción de su apellido en la espalda.

Luego llegó el esperado viaje a la Argentina para reencontrarse con su familia, pero antes visitó al presidente Néstor Kirchner en la Casa Rosada.

Así cerró su primera temporada en la liga más importante del mundo, llevando al básquet la Argentina a un lugar de privilegio.

Atenas los espera

Sin jugar en el nivel que tuvo durante el Mundial del año pasado, la selección argentina cumplió con su objetivo en este 2003 y se ganó un lugar en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

La clasificación llegó tras vencer en el Preolímpico de Puerto Rico a Canadá, por 88 a 72.

En la final, Estados Unidos, conformado por una constelación de estrellas de la NBA (Tim Duncan, Jason Kidd, Tracy McGrady, Jermaine O'Neal, Vince Carter, Kenyon Martin, entre otros) no dejó dudas de esa condición y venció a la Argentina por un contundente 106 a 73. Duncan, con 23 puntos, fue la figura del campeón, mientras que Emanuel Ginóbili y Lucas Victoriano, ambos con 16, se destacaron en el subcampeón.

El tercer boleto lo ganó Puerto Rico al vencer a Canadá por 79 a 66.

El básquetbol argentino llegó así por cuarta vez a los Juegos Olímpicos en básquet, emulando la hazaña que alcanzaron otras notables figuras en Londres 1948, Helsinki 1952 y Atlanta 1996.

El equipo de Rubén Magnano no había tenido regularidad a lo largo de todo el torneo, ya que a una imagen brillante le sucedió una deslucida actuación como la que tuvo contra Venezuela, que lo había dejado contra a un paso de la eliminación.

Sin dudas el Preolímpico mostró que la selección rinde mejor y define con seguridad los enfrentamientos con los adversarios más poderosos (Canadá, Puerto Rico y Brasil) y que le cuesta mantener el ritmo y la concentración cuando enfrenta a los débiles.


En silencio y tras soportar durante un año la presión de los medios, Emanuel Ginóbili se metió en la fantástica NBA. Lo hizo con la idea de ganar experiencia y comenzar a mostrarse al mundo, aunque su figura ya era conocida por el subcampeonato mundial del año pasado y sus logros en el básquet italiano.

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