El hábitat, sin plan y desfinanciado

Redacción

Por Redacción

Las Naciones Unidas designaron el primer lunes de octubre de cada año como Día Mundial del Hábitat para reflexionar sobre el estado de nuestros pueblos y ciudades y sobre el derecho básico de todos a una vivienda adecuada.

El actual gobierno argentino, junto a otros países del mundo, ha firmado metas/objetivos para revertir la actual situación mundial en materia de hábitat, entre las que se encuentran:

Objetivo 11: lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

11.1: de aquí al 2030, asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales

11.3: de aquí al 2030, aumentar la urbanización inclusiva y sostenible y la capacidad para la planificación y la gestión participativas, integradas y sostenibles de los asentamientos humanos en todos los países.

11.7: de aquí al 2030, proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles, en particular para las mujeres y los niños, las personas de edad y las personas con discapacidad.

En los últimos días, desde el Instituto de Planificación y Promoción de la Vivienda (IPPV) se anunció que, en el Presupuesto 2019 no hay fondos para la construcción de nuevas viviendas y que “los recursos que enviará el gobierno nacional –a través del Fonavi– se utilizarán para terminar las obras que están en marcha”, según los funcionarios.

Es evidente que todos los “planes” que el gobierno nacional lanzó como esquemas de su política habitacional fracasaron y que el acuerdo con el FMI es una prioridad que relega cualquier posibilidad de dar soluciones a las necesidades de los ciudadanos.

Los créditos hipotecarios, el esquema PPP (un sistema mixto entre el sector público y el privado), los ya olvidados anuncios de las viviendas “chinas” (un “supuesto” llamado internacional para licitar la construcción de viviendas construidas con paneles de hormigón o bien de madera revestida) son muestras de un fracaso sustentado en la poca previsibilidad por parte del gobierno nacional y, por otro lado, entender al hábitat popular como parte del negocio inmobiliario, de un mercado ajeno a los sufrimientos de quienes no pueden acceder a soluciones habitacionales adecuadas.

Por ello es que los gobiernos locales (Provincia y municipios) están atados de pies y manos por una política centralizada, en referencia a los recursos que sólo se suministran, en su mayoría, para paliar el déficit habitacional cuantitativo.

Déficit habitacional

Aquí nos detendremos, el déficit cuantitativo se concentra en la escasez de vivienda nueva y responde al crecimiento poblacional progresivo o cubrir el mercado de alquiles. Pero está claro que éste no es el único problema que debe enfrentar la política habitacional de un Estado, ya que la inseguridad de la tenencia, los asentamientos irregulares, las viviendas que requieren mejoras sustanciales para cumplir con la condición de habitabilidad mínima (lo que llamamos déficit cuantitativo), son proporcionalmente tanto o más importantes que construir casas y departamentos.

El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010 en la Argentina muestra que de 13.812.125 viviendas particulares en el país 11.317.507 están habitadas y 2.494.618, deshabitadas; y el 62,6% de las viviendas particulares habitadas del país tiene calidad de materiales aceptables. Un tercio de las viviendas del país (33,3%) debería recibir mejoras en los materiales con que han sido construidas, mientras que el 4,1%, del parque habitacional debería ser reemplazado.

Además los datos del 2010 indicaban que, de los 12.171.675 hogares identificados en el territorio nacional, 1.111.622 son clasificados con NBI, esto representa el 9,1% de los hogares en los que habitan 4.956.711 personas.

Todos estos datos afectan directamente la calidad de vida y el acceso a derechos humanos básicos y el reto que tenemos de cara al futuro es generar equidad urbana, que no implica sólo construir viviendas nuevas, sino mejorar las existentes, facilitar el acceso a servicios desde una perspectiva integral de la ciudad.

El concepto de hábitat

El hábitat tiene múltiples componentes, todos referidos al ordenamiento territorial integral; no hay vivienda sin suelo, no existe suelo sin infraestructura básica, no puede construirse ciudad sin equipamiento urbano, no existe lo urbano sin la mirada totalizadora del territorio. Siempre se habita, pero habitar adecuadamente refiere al sentido más globalizador de la palabra, incluyendo todas las variables posibles (suelo, vivienda, infraestructura, transporte, recreación, salud, educación, etc.), en definitiva una integralidad compleja.

Es importante que desde las esferas del Estado pueda articularse una política de hábitat y que desde los gobiernos se ejecuten estrategias para la planificación territorial que permitan a los sectores excluidos acceder al mercado inmobiliario. Y en este sentido existen dos ejes fundamentales a considerar:

a) Política de suelo, donde se debe intervenir en el Mercado de Suelo, definiendo el crecimiento urbano de acuerdo a lo establecido por una planificación integral del territorio (urbano-rural) y readecuando las herramientas legales y de recaudación tributaria que permitan recuperar renta inmobiliaria sobre la inversión estatal realizada hacia el privado, redituando ésta, en los sectores sociales más empobrecidos.

b) Política habitacional, donde se deben gestionar modelos constructivos basados en paliar el déficit existente cuantitativo (construcción de nuevas soluciones habitacionales) y cualitativo (mejorar las viviendas existentes). Será fundamental obtener estadística y diagnóstico de la situación inicial, para proyectar un plan efectivo de desarrollo habitacional.

Mercantilizar el hábitat implica un negocio prohibitivo para millones de ciudadanos que no tienen acceso a una vivienda adecuada. Los datos mencionados nos muestran que la casa y su déficit no son sólo cuantitativos y que la mirada y gestión del Estado debe estar centrada también en el déficit cualitativo, que se resuelve aumentando las herramientas para que la producción del hábitat esté de la mano con la producción social y no tan apegada a la construcción empresarial de viviendas.

Por otra parte, la falta de recursos y el abandono del Estado en el sostenimiento de los derechos básicos (salud, educación, hábitat) hacen que el futuro se oscurezca para millones de ciudadanos desprotegidos de los intereses minoritarios del mercado y la especulación financiera, desregulada y finalmente caníbal.

* Arquitecto, integrante de la Asociación Civil Un Techo para mi Hermano


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