Día del Niño: ¿estamos llegando a tiempo?

La celebración en muchos hogares es una buena oportunidad para reflexionar sobre la situación de la infancia y las deudas que como sociedad todavía mantenemos con una parte de ella.

Por Roberto Villalobos Atlas 

El Día del Niño suele asociarse con regalos, juegos y reuniones familiares. Pero no todas las infancias atraviesan esa fecha de la misma manera.

También habrá chicos que esperen una llamada. Niñas que pregunten por qué hace tanto tiempo no ven a alguien que quieren. Abuelos con un regalo guardado. Hermanos que vuelvan a pasar una fecha importante separados.

Mientras algunos festejan, otros esperan.

No todas las historias familiares son iguales. Hay situaciones de violencia, abuso o riesgo frente a las cuales el Estado debe intervenir de inmediato. Pero también existen conflictos prolongados, denuncias, medidas judiciales y audiencias que pueden extenderse durante meses o años.

Y allí aparece una cuestión que muchas veces queda detrás del expediente: el tiempo.

Para la Justicia, seis meses pueden ser una etapa procesal. Para un niño pequeño, representan una parte enorme de su vida. Son cumpleaños, vacaciones, actos escolares y abrazos que no ocurrieron.

La Justicia puede intentar reconstruir después una situación jurídica. Pero nadie puede devolver exactamente el tiempo perdido.

La infancia no se suspende


Un expediente puede esperar una pericia. Una audiencia puede postergarse. Una resolución puede ser apelada.

La infancia, no.

Un niño crece mientras los adultos discuten. Cambian sus intereses, sus miedos y sus recuerdos.

Por eso, cuando una medida limita un vínculo significativo, puede ser indispensable si existe riesgo, pero también debe ser fundada, controlada y revisada. Proteger no significa solamente separar. También significa investigar, escuchar y decidir a tiempo.

Un niño no debería ser mensajero entre adultos que dejaron de hablarse. Tampoco debería sentirse culpable por extrañar o creer que para querer a uno debe rechazar al otro.

Los vínculos también construyen identidad


La identidad es mucho más que un nombre o un documento. Se construye con historias, recuerdos, orígenes y afectos.

Está en una madre o un padre, en un abuelo, en un hermano, en fotografías y en las preguntas sobre de dónde venimos.

Por eso, siempre que sean saludables y compatibles con la seguridad y el interés superior del niño, preservar esos vínculos también significa preservar una parte de su identidad.

Ante la proximidad del Día del Niño, el abogado especializado en Derechos Humanos y derecho de familia Roberto Villalobos Atlas lo sintetiza así:

“Mientras algunos niños festejan, otros esperan un abrazo que no llega. Los adultos podemos discutir, recurrir y esperar. La infancia, no. Hay cumpleaños y momentos perdidos que después ninguna sentencia puede devolver”.

Detrás de cada expediente que involucra a un niño hay una biografía que sigue escribiéndose.

Sin respuestas automáticas


Ni todas las denuncias son falsas, ni una denuncia equivale por sí sola a una condena. Ni toda negativa de un niño tiene la misma causa. Ni todo vínculo debe restablecerse de inmediato.

Cada situación exige una evaluación seria e interdisciplinaria.

Pero hay un principio común: cuando el Estado adopta una decisión para proteger a un niño, también debe controlar sus efectos y evitar que la demora termine decidiendo por él.

En regiones extensas como la Patagonia, las distancias y los tiempos de traslado pueden agravar los conflictos. Reconocer un derecho no alcanza si después resulta imposible ejercerlo.

Una fecha para mirar también las ausencias


El próximo Día del Niño habrá hogares llenos de alegría. Y está bien que así sea.

Pero también habrá silencios. Teléfonos que no suenen. Regalos que permanezcan guardados. Chicos que quizás no digan nada, pero extrañen.

Ese mismo 16 de agosto se realizará un Encuentro Binacional Argentina–México sobre Derechos Humanos y Niñez, como una instancia más para abrir esta discusión. Pero el problema es mucho mayor que cualquier evento.

Está en las familias, los tribunales, las escuelas y las instituciones que deben intervenir cuando una infancia queda atrapada en conflictos que no eligió.

Tal vez el Día del Niño pueda servir también para preguntarnos si estamos llegando a tiempo.

Los adultos podemos discutir durante años. Los expedientes pueden continuar.

Los niños tienen una sola infancia.

Y esa infancia no espera.


El Día del Niño suele asociarse con regalos, juegos y reuniones familiares. Pero no todas las infancias atraviesan esa fecha de la misma manera.

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