Sociedad

El hogar Emaus, un refugio para el hambre y el frío de Bariloche

Unas 45 personas van cada tarde a las instalaciones del padre Pepe, donde comparten un plato caliente, charlas y un espacio cálido donde dormir.La cifra aumentó en los últimos meses y también creció el número de jóvenes entre los que asisten al edificio que proyecta tener una casa para mujeres.

Poco a poco, a partir de las 18, los hombres comienzan a llegar. Algunos se disponen a jugar a las cartas, otros al metegol, y otros charlan hasta el momento del baño o la comida.
“Los muchachos”. Así se refiere el sacerdote Pepe Lynch a quienes noche tras noche, regresan al hogar Emaus en busca de algo más que un plato de comida, un baño caliente y una cama en un ambiente cálido -y no a la intemperie-.

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Foto: Marcelo Martinez


Este cura soñó alguna vez con el proyecto y no paró hasta concretarlo. El hogar Emaús, en la calle Otto Goedecke al 1100, alberga a personas en situación de calle desde hace ya 11 años.
El segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle en la ciudad de Buenos Aires arrojó que hay 7251 personas y el dato encendió la alarma a nivel nacional. En Bariloche, una ciudad azotada también por la crisis socioeconómica y las crudas temperaturas bajo cero, la situación dista en gran medida y ocasionalmente se ve a personas durmiendo en la vía pública.


Años atrás, un grupo de voluntarios recorría las calles de la ciudad con una trafic en las noches de invierno y levantaba a quienes necesitaban. Con el esfuerzo de varias instituciones, se construyó un hogar en un predio que fue donado por el Obispado de Bariloche.
“La gente busca un lugar donde estar acompañada. Más allá del frío, el problema es la soledad”, señaló Jorge Linquiman, uno de los coordinadores del hogar junto a Pepe.


En los últimos meses, se registró un incremento en la cantidad de personas que duermen en el hogar y las camas ya no alcanzan. Sí los colchones, en cambio, para los 45 muchachos. Tiempo atrás, esporádicamente se alcanzaban las 40 personas;hoy este número es una constante.
Por otro lado, cada vez hay gente más joven, de entre 18 y 30 años. “La proporción es 30% jóvenes y 70% adultos. Al principio, cuesta aceptar las reglas de Emaus: no entrar alcohol, ni armas, comer, bañarse, dormir y portarse bien”, aseguró Lynch.

“Tenemos un número constante de 40, 45 que se quedan a dormir y de 10 a 15 muchachos que reciben viandas porque están en la periferia y no vienen al centro”

Padre Pepe


Con 36 años, Andrés Guerrero se reconoce como “uno de los más nuevos”: “Llegué hace unos seis meses con problemas personales. Y acá estamos: tratando de buscarle la vuelta a muchas cosas”.
Andrés se había radicado en Neuquén para estudiar pero asegura que le fue mal “por culpa del alcohol”.
“Salía y tenía recaídas. Ahora, hace un tiempo que no tomo gracias a la gente de acá dentro que te ayuda y que está encima de uno. Hacemos salidas, yoga, hay murgas. Me encanta la cocina y en Emaus me dieron la posibilidad de cocinar”, planteó con entusiasmo.


Años atrás, cuando trabajaba en gastronomía, Andrés era especialista en la elaboración de pastas caseras, pescados y minutas.
En Emaus, el menú varía: “Se hacen muchos guisos con ingredientes más contundentes porque la gente viene con mucho frío y mal comida. Una buena comida sumada a un buen baño hace que te puedas ir a dormir calentito”.

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Foto: Marcelo Martinez


Linquiman planteó que entre los integrantes de Emaus, “hay muchos casos de rupturas familiares y lazos laborales rotos. Hay mucha gente de paso que vino a buscar trabajo y ahora, no pueden volverse. Es histórico”, puntualizó.


Hugo Godoy tiene 40 años y asegura que está en el hogar “desde un principio”. “Me fui del hogar, me junté, tuve dos hijos, me separé y volví. Me recibieron bien. Soy de Buenos Aires pero me vine en el 94. Si hoy me volviera, me arruino del todo”, reconoció este hombre que hoy trabaja para un cafetero que vende en la vía pública. “Busco el carro, cambio los termos y a veces, me manda a comprar cosas que necesita”, detalló.

“Doy las gracias que tenemos este hogar; un lugar donde comer y dormir. Jugamos a las cartas, al metegol y hay un piano para los que saben tocar. Nos organizamos para hacer la limpieza y tenemos reuniones para que cada uno cuente cómo se siente”.

Hugo



El proyecto ahora es ampliar el edificio porque los 150 metros cuadrados quedaron pequeños.
“Emaus es un hogar de tránsito y no un geriátrico. Los muchachos tienen que salir a la mañana y regresar a la noche. Se quedan sólo los enfermos o la gente mayor. Los demás tienen que salir a buscar trabajo, arreglárselas por sí mismos”, enfatizó Lynch.
Para la comida, Emaus recibe asistencia de un plan nacional. También lograron implementar talleres nocturnos de oficio y recreativos, como pintura, lecto escritura y gimnasia.

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“Dentro de todo, acá se evitan los roces. No todos tenemos el mismo carácter pero nos llevamos bien. Siempre tenés un hombro para llorar, un oído para que te escuche. Es un envión anímico para todos. En Emaus te enseñan que tenés que darle para adelante. Mucha gente piensa que porque estás acá sos malo, drogadicto, alcohólico. Pero muchos van cambiando”, indicó Andrés.


Pérdida de vínculos familiares y adicciones

El 90% de la población que accede a Emaus tiene problemas con el consumo de alcohol; el resto -la población más joven- tiene complicaciones con otros consumos, como las pastillas.


Todos los martes, el Centro de Prevención de Adicciones (CPA) del municipio brinda talleres para brindar acompañamiento a quienes decidieron dejar toda esta problemática atrás.

“Por infinidad de motivos, esta población se ha encontrado, de un día a otro, en situación de calle. Perdió vínculos familiares, laborales y el alcohol les agrega una complejidad extra”

Juan Manuel Cristiani, trabajador social del CPA.


Cristiani destacó que en Emaus se trabaja mucho sobre “la revinculación familiar”.
“Cuando se hacen eventos culturales una vez al mes, se invita a las familias y es un momento muy importante para que ellos reconecten”.
El trabajador social señaló también que “la población que antes moría, ahora fue envejeciendo. Ese sector padece problemas de la edad y no de consumo”.
Por segundo año consecutivo, el CPA conformó “un equipo de trabajo en calle” que hace recorridas a fin de contactar a quienes no acceden a Emaus.
“Son pocos pero se intenta trabajar con ellos y acompañarlos. A veces, pasan la noche en la casa de algún conocido o cuando está feo, los reciben sus familiares”, puntualizó Cristiani.

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Foto: Marcelo Martinez

El proyecto del Hogar Emaus fue mucho más allá y en noviembre del año pasado, se inauguró una casa destinada a las mujeres en situación de calle y sin hijos. Se trata de un hogar transitorio que cierra a las 13 y vuelve a abrir sus puertas a las 18.


Un hogar para mujeres

Hoy unas cinco mujeres se alojan es ese espacio, con edades varían de los 20 a 60 años.“Siempre es por lapsos cortos: son mujeres que han tenido que salir de sus hogares por situaciones de violencia (por eso no divulgamos la dirección) o porque no podían pagar alquiler. O vienen de otras ciudades y se encuentran con que no tienen donde estar”, detalló Luz Vazquez, coordinadora de la casa para mujeres, conformada por 20 voluntarias que se turnan por horarios.


“La relación con las chicas es muy linda pese a que llegan en situaciones complejas. En la casa tratamos de darles un lugar lindo donde puedan descansar. Ellas mismas se cocinan, hacen la limpieza de sus espacios. Hacen suya la casa”, agregó Vazquez.
Después de la cena, es el momento de los juegos de mesa o de mirar alguna película.

Fotos: Marcelo Martínez


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