El interinato de Boudou



Según se informa, la operación a la que fue sometida la presidenta Cristina Fernández de Kirchner transcurrió de manera satisfactoria. Así y todo, le convendría guardar reposo por algunas semanas, durante las cuales la reemplazará el presidente en ejercicio Amado Boudou, quien luego de una demora que motivaba preocupación se hizo cargo el lunes de la jefatura formal del Estado. Sin embargo, lo que en principio debería haber supuesto un trámite automático, no tardó en complicarse. Como señalaron diversos dirigentes opositores, Boudou se ve involucrado en tantas causas judiciales que hubiera sido mejor que otro ocupara transitoriamente la presidencia de la República, aun cuando se tratara de alguien de trayectoria poco impresionante como la senadora Rojkes de Alperovich, la política que lo sigue en la extraña línea sucesoria. Por lo demás, parece que comparten dicha actitud el hijo de Cristina, Máximo Kirchner, y el secretario Legal y Técnico del gobierno, Carlos Zannini. El que Máximo se haya creído facultado para intentar frustrar la aplicación de la Constitución nacional puede tomarse por un síntoma de decadencia institucional. En cuando a Zannini, el hombre que en opinión de muchos cumple un rol clave en el hermético sistema de poder que se ha creado, querrá asegurar que Boudou no se desvíe de la línea fijada por Cristina, o sea, que no se le ocurra tratar de actuar como si fuera un mandatario de verdad. El nerviosismo que sienten los miembros del círculo áulico presidencial puede entenderse pero, a menos que Cristina se recupere plenamente en los días próximos, Boudou no podrá limitarse a acatar sus órdenes o las procedentes de Zannini y, tal vez, de Máximo. Al fin y al cabo, la Argentina no está en condiciones de guardar reposo mientras descanse la presidenta. Enfrenta demasiados problemas como para darse el lujo de dejar todo en manos de funcionarios, como Zannini, de autoridad cuestionable, para no hablar de una persona como Máximo Kirchner. A menos que en ocasiones el presidente en ejercicio Boudou tenga la palabra final, pues, nos esperaría un período acaso prolongado de parálisis. Asimismo, la conciencia de que en el seno del gobierno está librándose una batalla interna acrimoniosa entre las distintas fracciones kirchneristas no podrá sino tener un impacto negativo. Si no fuera por la imagen desafortunada que se las ha arreglado para adquirir debido a su participación en una serie de negocios oscuros y también a su estilo personal nada austero, Boudou podría ayudar a la presidenta impulsando algunas medidas destinadas a reducir las peligrosas distorsiones económicas que tantas dificultades están provocando, de tal modo ahorrándole la necesidad de asumir la responsabilidad de “ajustar”, aunque fuera mínimamente, atribuyéndolas a la necesidad de actuar con rapidez frente a situaciones puntuales. Sorprendería que Boudou se animara a convertirse en blanco de las críticas de “militantes” que no vacilarían en acusarlo de ser un infiltrado “neoliberal” decidido a sabotear el “modelo nacional y popular”, pero mal que le pese, de prolongarse la ausencia de Cristina, no podría resignarse a desempeñar un papel meramente protocolar. La situación institucional anómala en la que se encuentra el país se debe a la voluntad de los kirchneristas de impedir que se consolidaran otros focos de poder. Tuvieron tanto éxito que, no bien sufrió la presidenta problemas de salud, sus colaboradores principales dejaron saber que a su juicio sería preferible un período de virtual acefalía a uno protagonizado pasajeramente por la persona que, conforme a la Constitución, debería tomar su lugar. Además de privar al país de alternativas, han hecho peligrar todavía más la salud de Cristina. Es de prever que la presidenta se sienta obligada a intervenir con frecuencia no sólo para zanjar los conflictos que surgirán, sino también para convencer a los muchos oportunistas que se han sumado al oficialismo de que a pesar de las apariencias aún conserva todo su poder. De ser la Argentina un país “normal”, la presidenta y sus dependientes no tendrían motivos para temer que se apartara de la legalidad constitucional, pero puesto que no lo es, sería lógico que Cristina antepusiera su voluntad de aferrarse al poder que supo conseguir a su salud personal, desoyendo los consejos de médicos que le han recomendado descansar.

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