El italiano que recorre las cumbres más agrestes de Bariloche

El montañista Luca Rosso se radicó en Bariloche hace tres años. Prefiere subir los cerros menos transitados y recomienda rutas en su cuenta de Wikiloc.

El italiano Luca Rosso asegura haber recorrido unas 400 montañas en Los Alpes, la cadena de montañas en Europa Central. Desde que se radicó en Bariloche, tres años atrás, busca los lugares más agrestes y salvajes, con las rutas menos transitadas.

“Soy montañista desde hace 30 años. Los Alpes eran mi diversión de fin de semana, tanto en verano como en invierno. Era normal salir de trekking, hacer actividades al aire libre. Cuando llegué a la Patagonia, empecé a dar vueltas por acá”, recalca este italiano de 42 años que, estima haber conocido 70 cumbres en la región, a través de unas 25 salidas por año.

Describe que la región de Bariloche, a diferencia de Los Alpes, cuenta con gran cantidad de “lugares inexplorados, donde es difícil encontrar a alguien”.

“Me inclino por las travesías que nadie hace. Lo lindo, para mí, es hacer cosas diferentes. Veo las montañas desde abajo y elijo alguna. La ubico en el mapa pero muchas veces, ni siquiera tienen nombre”, plantea.

Luca nació en Pietra Ligure, un pueblo de mar en el norte de Italia. Trabajó 15 años como técnico administrativo en una empresa constructora y en 2009, visitó Argentina por primera vez como turista, junto a un amigo. Su intención, reconoce, era hacer “trekking de la vida, tal como dicen los europeos”.

Conoció a una argentina y tiempo después, ya estaba radicado en Cipolletti.

“Paradójicamente, Argentina parecía más sencillo para empezar. Pero me cansé de mandar currículum a todas partes. Trabajé un tiempo en negro con un agrimensor. Después, empecé a hacer salidas de montaña por el norte neuquino”, cuenta.

Guió a varios grupos por la zona de Andacollo, el cerro Corona, los volcanes Domuyo y Tromen y Villa Pehuenia. Cuando su pareja consiguió trabajo como técnica de laboratorio en el hospital Ramón Carrillo de Bariloche en 2019, abandonaron Cipolletti.

Conseguir trabajo en la cordillera también le resultó difícil. Pasó por el canopy y la construcción y, antes de la pandemia, viajó una temporada a Italia para reunir algo de dinero, como barman.

Jamás hay que improvisar en la montaña. Hay que saber qué vas a hacer y si algo no convence, hay que volver”,

Luca Rosso.

A su regreso a Bariloche, comenzó a recorrer los cerros de la región. Arrancó con “lo básico” pero ahora que conoce el territorio, lo seducen aquellos lugares que no son del todo transitados, como así también conectar diversas cumbres.

Luca descarta repetir travesías. “Una vez que se sube el López, el Villegas o el Ventana, los cerros clásicos, ya está. En El Bolsón, pasa lo mismo: todo se limita al Cajón del Azul y a un par de refugios más. Pero hay montones de lugares que nadie conoce”, afirma.

¿Cómo selecciona los cerros? Suele observar las montañas y cuando alguna le llama la atención, estudia la zona en detalle para saber por dónde subir. “Busco información aunque no hay mucha. Me gusta la fotografía; de modo que, entre las fotos y los mapas, me arreglo. Y siempre llego”, expresa y confiesa que, si en el intento, se percata que la subida es riesgosa, la deja para otra ocasión, por otro sector.

Luca cuestiona que, en la región, abundan “las limitaciones de acceso a la montaña debido a la gran cantidad de predios privados o comunidades mapuche”.

La altura no suele representar una dificultad, en su opinión. Las montañas que rodean Bariloche apenas superan los 2.000 metros. La búsqueda de los caminos, en cambio, le resulta más complejo. “¿Qué ascensos considero difícil en esta zona? Ninguno -alardea-. Hice Cinco Lagunas, Padre Laguna, el cerro Saihueque, el cerro Bonete en un día. Lo más complicado en muchos casos, es encontrar la ruta”, asevera.

Cada salida se disfruta desde el inicio, aunque nunca sabe si alcanzará la cumbre. “Cuanto más subo, más me gusta. La parte complicada siempre es la más baja porque no hay caminos. Están abandonados o son de difícil interpretación. El filo es la parte más linda y sencilla porque desde arriba, se puede elegir por dónde ir”, reconoce.

A la hora de salir a la montaña, Luca prefiere el “estilo alpino para caminar liviano y rápido”. Siempre sale a primera hora por una cuestión de seguridad ya que, según explica, “en la montaña, no sabés qué puede pasar. A veces, ni siquiera hay señal de celular”.

Siempre busco la manera de encontrar algo diferente, lugares poco transitados, pero sin ponerme en riesgo”,

Luca Rosso.

Recomienda saber leer los mapas y en todo momento, “ubicarse en la montaña por una cuestión de supervivencia”. “En mi caso, tengo mucha memoria fotográfica y siempre salgo con tiempo bueno. Ya tuve experiencias de días despejados pero después de cuatro horas, se desatan tormentas peligrosas en Los Alpes, en la que no se ve a un metro”, dice.

Luca cuenta con cientos de seguidores en su cuenta de la aplicación Wikilok, donde comparte cada una de las rutas que realiza. “La montaña debe ser de todos y la idea es brindar información respecto a caminos que se conocen poco. Doy detalles sobre el desnivel y las dificultades. No es sencillo andar en la montaña y cada uno debe saber hasta dónde puede llegar”, repara.

Lo que no puede falta en una travesía

En cada salida a la montaña, Luca prefiere las mochilas de 30 litros, “de día”, para no cargar peso en exceso.
Siempre lleva una campera de abrigo, una botella de agua, cereales, chocolates y dos sandwiches “livianos”.

“Soy mediterráneo; de modo que me gusta el pan con tomate, albahaca y aceite de oliva. En invierno, salgo con un termo caliente con té”, agrega.

Previamente a cada travesía, también estudia si en el camino podrá conseguir más agua, en algún arroyo.
Nunca faltan los bastones de trekking, especialmente para caminar en nieve o en glaciares y, cuando se trata de lugares inaccesibles, lleva una radio “ante cualquier contingencia”.

Admite que, muchas veces, recorre solo las montañas, pero reconoce que no es lo ideal.
Se aconseja salir acompañado. Siempre”, dice.

Guglia Rossa, Val di Susa, en Italia. Foto: gentileza

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