El libro, la educación y los derechos, unidos en la Feria
La cuadragésima edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró con el tradicional paso de los escritores argentinos y extranjeros más leídos y la visita de académicos y especialistas, pero dejará el mensaje que rodeó todos los discursos y conferencias acerca de la gravitación de la lectura y de fomentarla en la educación y proteger a los autores y sus obras. En todos los discursos y exposiciones de especialistas, pedagogos y editores se hizo un fuerte llamado a seguir reforzando el vínculo entre la educación y el libro. En algunos casos pedagogos extranjeros, como la francesa Anne Marie Chartier, aceptaron la llegada a las aulas y a la vida de los alumnos y sus familias de las nuevas formas de lectura, de los nuevos dispositivos digitales, de leer y caminar a la vez, pero rescataron la irreemplazable figura del maestro como “mediador” de esas tecnologías y también la importancia que seguirá teniendo el formato del libro en papel. El director de la fundación El Libro, Gustavo Canevaro, subrayó: “Si algo caracterizó estos años fue sostener las actividades educativas y ofrecer lo mejor para los docentes; no sólo plantear problemas, sino propuestas”. En ese sentido, dijo que las actividades educativas específicas fueron de “alto nivel”, para los maestros. Beatriz Tornadú, de la Comisión de Educación de la fundación responsable de la Feria, consideró que la educación “fue un punto de encuentro para ideas y la polémica de educadores y editores de todo el mundo”. Dante Villalba, presidente de la Comisión de Educación de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), afirmó que el libro de texto escolar “es el principal promotor de los hábitos de lectura en los niños”. “El libro de texto escolar es el puntapié fundamental para generar el hábito de la lectura como una actividad placentera y sostenida a lo largo de los años”, señaló Villalba. Afirmó además que los expertos coinciden en que es una de las tecnologías más difundidas para resolver la enseñanza a gran escala, ya que garantiza que grupos de alumnos estudien en simultáneo las mismas cosas. Eso, dice, “lo convierte en un igualador de oportunidades para lograr el crecimiento y obtener movilidad social”. “Las editoriales procuran elaborar libros de texto que colaboren con el trabajo docente y la transmisión de saberes y, al mismo tiempo, resulten atractivos y didácticos a los educandos”, apuntó Villalba. La protección del libro y los autores de la “piratería” fue puesta también en discusión en la Feria, en un caso por el admirado Joaquín Lavado, Quino, quien consideró que su Mafalda “debe ser uno de los libros más pirateados en el país y en el mundo”, y por los editores en la tradicional jornada de la Cámara Argentina de Derechos del Autor (Cadra). Ana María Cabanellas, directiva de la fundación y de Cadra, subrayó que “las industrias culturales, que entre otras cosas promueven la lectura y el conocimiento, son fuentes de trabajo y de progreso en el país”. El autor Horacio Fernández Delpech, vocal de Cadra, apuntó a su vez a la responsabilidad de los proveedores de internet “frente a las recurrentes violaciones a la propiedad intelectual en que incurren”, al señalar cómo la piratería “destruye la industria cultural del libro”. Más allá de las reiteradas quejas de autores y escritores respecto de su progresivo papel de cuasi empleados de los emporios editoriales, la discusión de los editores en épocas de “códigos abiertos” y “softwares libres” no puede soslayarse por su importancia, teniendo en cuenta que la creación de una obra lleva tiempo, constancia y esfuerzo; es decir, es un trabajo como otros. (*) Periodista especializada en educación
LAURA HOJMAN (*)
La cuadragésima edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró con el tradicional paso de los escritores argentinos y extranjeros más leídos y la visita de académicos y especialistas, pero dejará el mensaje que rodeó todos los discursos y conferencias acerca de la gravitación de la lectura y de fomentarla en la educación y proteger a los autores y sus obras. En todos los discursos y exposiciones de especialistas, pedagogos y editores se hizo un fuerte llamado a seguir reforzando el vínculo entre la educación y el libro. En algunos casos pedagogos extranjeros, como la francesa Anne Marie Chartier, aceptaron la llegada a las aulas y a la vida de los alumnos y sus familias de las nuevas formas de lectura, de los nuevos dispositivos digitales, de leer y caminar a la vez, pero rescataron la irreemplazable figura del maestro como “mediador” de esas tecnologías y también la importancia que seguirá teniendo el formato del libro en papel. El director de la fundación El Libro, Gustavo Canevaro, subrayó: “Si algo caracterizó estos años fue sostener las actividades educativas y ofrecer lo mejor para los docentes; no sólo plantear problemas, sino propuestas”. En ese sentido, dijo que las actividades educativas específicas fueron de “alto nivel”, para los maestros. Beatriz Tornadú, de la Comisión de Educación de la fundación responsable de la Feria, consideró que la educación “fue un punto de encuentro para ideas y la polémica de educadores y editores de todo el mundo”. Dante Villalba, presidente de la Comisión de Educación de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), afirmó que el libro de texto escolar “es el principal promotor de los hábitos de lectura en los niños”. “El libro de texto escolar es el puntapié fundamental para generar el hábito de la lectura como una actividad placentera y sostenida a lo largo de los años”, señaló Villalba. Afirmó además que los expertos coinciden en que es una de las tecnologías más difundidas para resolver la enseñanza a gran escala, ya que garantiza que grupos de alumnos estudien en simultáneo las mismas cosas. Eso, dice, “lo convierte en un igualador de oportunidades para lograr el crecimiento y obtener movilidad social”. “Las editoriales procuran elaborar libros de texto que colaboren con el trabajo docente y la transmisión de saberes y, al mismo tiempo, resulten atractivos y didácticos a los educandos”, apuntó Villalba. La protección del libro y los autores de la “piratería” fue puesta también en discusión en la Feria, en un caso por el admirado Joaquín Lavado, Quino, quien consideró que su Mafalda “debe ser uno de los libros más pirateados en el país y en el mundo”, y por los editores en la tradicional jornada de la Cámara Argentina de Derechos del Autor (Cadra). Ana María Cabanellas, directiva de la fundación y de Cadra, subrayó que “las industrias culturales, que entre otras cosas promueven la lectura y el conocimiento, son fuentes de trabajo y de progreso en el país”. El autor Horacio Fernández Delpech, vocal de Cadra, apuntó a su vez a la responsabilidad de los proveedores de internet “frente a las recurrentes violaciones a la propiedad intelectual en que incurren”, al señalar cómo la piratería “destruye la industria cultural del libro”. Más allá de las reiteradas quejas de autores y escritores respecto de su progresivo papel de cuasi empleados de los emporios editoriales, la discusión de los editores en épocas de “códigos abiertos” y “softwares libres” no puede soslayarse por su importancia, teniendo en cuenta que la creación de una obra lleva tiempo, constancia y esfuerzo; es decir, es un trabajo como otros. (*) Periodista especializada en educación
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