El mayor transatlántico empieza a escribir su historia

Fue construido con un costo de 800 millones de euros y con el estilo Art Deco de los grandes transatlánticos, como su antecesor, el “Queen Elizabeth II”. La energía que produce la máquina sería capaz de alumbrar una ciudad de 300.000 habitantes. El pasaje para viajar en esta verdadera fortaleza cuesta 3.100 euros para una cabina sin vistas y 41.200 euros para la gran suite, que tiene la misma vista que la que posee el capitán del barco. Puede transportar a unos 2.600 pasajeros.




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En cuestión de horas el océano Atlántico verá navegar el mayor transatlántico que el hombre haya construido. Mañana el “Queen Mary II” -el gigante en cuestión- comenzará la primera de sus travesías anuales entre Southampton y Nueva York. El lujoso transatlántico tiene capacidad para 2.620 pasajeros y fue construido en menos de dos años en el puerto francés de Saint-Nazaire. El buque fue fabricado por los Astilleros del Atlántico (Alstom) para el armador británico Cunard, propietario del transatlántico, a cambio de un cheque de 800 millones de euros. El “Queen Mary II” mide 345 metros de largo por 41 de ancho. Sus motores suman 157.000 caballos y la energía producida a bordo bastaría para alumbrar una ciudad de 300.000 habitantes. Su altura alcanza los 72 metros, repartidos en quince puentes, de los cuales sobresalen 62 metros, es decir el equivalente a un edificio de 23 pisos. Además de los pasajeros, en la nave deben acomodarse 1.253 miembros de la tripulación. El transatlántico cuenta con un teatro de 1.000 plazas, varios restaurantes, uno de ellos con una capacidad para 340 personas, una talasoterapia, un planetario, cinco piscinas y una sala de baile, y también 2.000 cuartos de baño, 80.000 puntos luminosos, 3.000 teléfonos, 25.000 metros cuadrados de moquetas, 4.500 peldaños y cientos de obras de arte. Aunque el viaje inaugural entre Southampton y Fort Lauderdale comenzará mañana, en realidad la explotación del ‘Queen Mary II’ ya ha comenzado desde hace varios meses. Una buena parte de la casi totalidad de los miembros de la tripulación se embarcó semanas atrás en una misión que consistió, entre otras cosas, en entrenarse y ensayar los lujosos servicios que se prestarán en el buque. Algunos afortunados “conejillos de indias” ocuparon unos días el dúplex de 209 metros cuadrados donde la vista será, al parecer, la misma que la que tiene el capitán del barco. El objetivo de esta iniciativa fue acostumbrar a la tripulación a la navegación, aprovechando las condiciones de mar del golfo de Gascogne en invierno. Más tarde, el buque sólo hizo “algunas vueltas en el agua”, según una misma fuente. Para el primer crucero inaugural, el precio de las plazas se sitúa entre los 3.100 euros para una cabina sin vistas y 41.200 euros para la gran suite. El capitán Ronald Warwick, de 63 años, es el encargado de timonear este gigante. Nacido en el seno de una familia de marinos, Warwick tiene el honor de comandar esta auténtica fortaleza flotante, decorada en el tradicional estilo Art Deco de los históricos transatlánticos de antaño, como hiciera su padre con el también mítico “Queen Elizabeth II” y el tristemente celebre “Titanic”.

Bautismo real

El jueves pasado la reina Isabel II de Inglaterra bautizó el barco en una ceremonia en Southampton (sur de Inglaterra). “Bautizo este barco como el ‘Queen Mary II’. Que Dios lo bendiga, así como a todos los que naveguen en él”, dijo la reina de Inglaterra, vestida de fucsia, antes de cumplir con la tradición de estrellar una botella de champán contra el casco negro del transatlántico. El obispo anglicano de Winchester (sur), encargado de bendecir el navío, se refirió durante su discurso a las 15 personas que murieron y a las 28 que resultaron heridas al desplomarse la pasarela de acceso al barco el pasado 15 de noviembre en el astillero de Saint-Nazaire. La soberana hizo una visita completa del navío antes de bautizarlo oficialmente en compañía de Pamela Conover, presidenta de la Cunard, el armador británico del buque, y de Warwick.

Momento trágico

Como se dijo anteriormente, el barco fue escenario de una tragedia cuando el pasado 15 de noviembre, durante la primera visita multitudinaria a la nave cuyas obras estaban a punto de ser terminadas, se desplomó una pasarela de acceso al buque causando la muerte a 15 personas y heridas a otras 28. El lunes siguiente toda la ciudad de Saint-Nazaire, conmovida, guardó un minuto de silencio en memoria de los quince fallecidos, en medio de ceremonias de duelo. En esa ocasión, las campanas de las iglesias de la ciudad resonaron y las actividades se detuvieron para guardar un minuto de silencio, especialmente en las escuelas. Esta ciudad de 70.000 habitantes está ampliamente centrada desde tiempos inmemoriales en torno de los astilleros y la construcción de barcos. Por esta razón, la ciudad de Saint-Nazaire y los astilleros del Atlántico, que tenían previsto celebrar una gran fiesta, optaron finalmente por una ceremonia sobria y solemne para despedir al buque. La ciudad, muy afectada por este accidente, demostrará con orgullo con el ‘Queen Mary II’ que es capaz de conservar la habilidad que le ha permitido construir el “Normandía” y el “Francia”.

La competencia

El armador estadounidense-noruego RCCL ha encargado un buque igual de impresionante que el “Queen Mary II” a los astilleros finlandeses Kvaerner Masa. “Ultra Voyager”, que debe ser entregado en el 2006, “sólo” medirá 339 metros de largo por 38,6 metros de ancho y podrá transportar a 3.600 pasajeros y a una tripulación de 1.400 personas.


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