El milagro de ver a través de la lengua llegó a Neuquén

Primeras pruebas de la máquina que envía imágenes al cerebro. Reemplaza el ojo por la lengua como órgano de la visión. Por azar, estuvo antes aquí que en el resto de Latinoamérica.

NEUQUEN (AN).- Daniel Sáez cuenta que Alejo su hijo de siete años le tira con una pregunta recurrente: «Papi, ¿cuándo vas a poder ver?». Daniel, que es ciego, siempre fue directo: «no voy a poder, porque el problema que tengo no se puede curar». Pero en su mundo de siete años, la respuesta de papá nunca terminó de convencer al pequeño Alejo. Por estos días, Daniel dejó de lado las negativas elocuentes.

«Un día me llaman de Rotary y me explican de un equipamiento que van a traer a Neuquén, que querían hacer unas pruebas… y sí, es verdad, se puede ver a través de la lengua. No es una cosa mágica, aunque parece. Al nene le tuve que decir que hay una posibilidad, que algo puedo llegar a ver», dice Daniel, un hombre de 30 años que quedó ciego hace ocho, como consecuencia de un accidente de tránsito.

De qué se trata todo esto, ha de preguntarse cualquiera que haya reparado en estas líneas. ¿Un milagro?

No, no, nada de milagros, ciencia pura. El principio de esta tecnología es que no vemos con los ojos sino con el cerebro; es decir vemos a través de los ojos y no con ellos, aunque parezca un juego de palabras. Los ojos envían una señal o muchas señales al cerebro, que su vez nos devuelve las imágenes. Así, los ojos se transforman en un vehículo que lleva información que se decodifica en la materia gris, la encargada de transformar señales en imágenes ¿Cuál es entonces la prueba que puede cambiarle la vida a Daniel? La prueba es el uso de la lengua, el vehículo alternativo que reemplaza a los ojos y lleva la señal hasta la fuente todopoderosa que nos gobierna.

«De algo me había enterado, pero nunca pensé que esto podía estar tan cerca, que podíamos tener esta tecnología en Argentina», admite Daniel, que preside la asociación de personas con discapacidad visual Awkinko de Neuquén. El hombre transcurre buena parte de su tiempo frente a una computadora, organizando actividades e informándose de todo lo que pasa en el mundo.

«Cualquier cosa mandame un mail», sorprende al periodista y enseguida lo trae de vuelta al siglo XXI: «es que tengo un programa que me lee con voz robótica todo lo que está en la red, lo que escribo y lo que me mandan».

«Hay una satisfacción muy grande en todo esto, ¿sabes tú lo que significa escuchar la palabra 'ver' en la voz de un ciego?», pregunta con paz gandhiana el psicólogo mexicano Juanito Gutiérrez. Es uno de los hombres que estuvo en Neuquén en los ensayos de equipamiento de la «máquina para ver», tal es la reducción más popular del sistema que realidad se llama Puerto Cerebral. La máquina llegó hasta aquí por una serie de rebotes estos sí casi milagrosos que permitieron a dos clubes rotarios (uno argentino y otro mejicano) iniciar el plan para que el sistema llegue gratis a todos los ciegos del mundo (ver aparte).

¿De qué se trata este prodigio tecnológico que es desarrollado en la Universidad de Wisconsin? ¿Por qué llegó el aparato a Neuquén?

El sistema Puerto Cerebral comenzó a desarrollarse hace 30 años en Estados Unidos. Allí, el neurocientífico mejicano Paul Bach y Rita fallecido a fines de 2006 comenzó a dirigir imágenes desde una cámara hacia el cerebro. Lo hizo a través de electrodos pegados a la espalda de voluntarios.

Fue así que descubrió que la lengua era un receptor especialmente sensible a estos tipos de señales. Por eso, puede aprovecharse para transmitir las señales recogidas por cámaras y luego enviadas a través de electrodos que se colocan sobre la misma. Paul Bach y Rita donó la patente a su club rotario, de Cuernavaca Juárez, y la bola comenzó a girar. Hace un par de semanas, se hicieron los primeros ensayos en la Casa de la Amistad del Rotary Neuquén. Y fueron un éxito.

«Fue increíble ver las líneas rectas o las cruces, por momentos no sabía si lo imaginaba o si realmente lo veía; cuando me lo confirmaron no lo podía creer; después repetimos la experiencia con un salero y otro objeto más grande, yo veía o más bien notaba la diferencia de tamaños pero igual fue impresionante», cuenta Daniel Sáez sobre su experiencia.

«Todo esto tiene que ver con el entrenamiento, hay que acostumbrar el cerebro: es como cuando empezás a leer: te enseñan la letra, un signo, una forma que tiene un nombre, un sonido, cuando lo unís hay otro sonido por lo que cuando empezás a leer necesitás concentrarte en la forma del signo. Pero una vez que aprendiste, incorporás el signo, el sonido y no necesitás concentrarte ni en la forma ni en la unión porque esa parte el cerebro ya la tiene incorporada», agrega, didáctico, Daniel.

El papá de Alejo sabe que nunca podrá ver todo lo que vio de la forma en que lo vio antes del accidente pero se ilusiona con pensar de que podrá moverse por la calle y distinguir la forma y el movimiento de un auto que viene o de una bici que pasa.

«Me imagino con el equipo portátil y viendo imágenes como las que muestran los negativos de las fotos, con eso me conformo», dice.

Y, por supuesto, espera percibir la forma y tal vez los gestos de una carita que desde hace siete años repasa y estudia, con corazón y manos.

 

RODOLFO CHAVEZ

rchavez@rionegro.com.ar


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