El minifundio y el poblador rural, el desafío de la Región Sur

La asignación de tierras de la Patagonia -hecha desde escritorios de Buenos Aires a fines del XIX- generó grandes estancias y minifundios que, en tierras casi desérticas, no alimentan a una familia. La subdivisión por herencia, la desertificación, el envejecimiento de los productores y la falta de expectativas rentables para los hijos obligan a diseñar nuevas políticas. El rol del Estado, la educación y la sociedad.

DEBATES | DESARROLLO RURAL

El minifundio es, en la tierra desértica de la Región Sur de Río Negro, un problema estructural serio. Agravado por la desertificación y la insuficiencia de políticas públicas específicas, ocasiona una secuela de despoblamiento y abandono de la producción.

En Río Negro, la ley provincial de Tierras Fiscales Nº 279, de 1961, creó el Instituto de Promoción Agraria (IPA), que no llegó a funcionar.

El espíritu de esa ley fue destacable. Quiso atender el tema de los pueblos originarios y la tenencia de la tierra con el objetivo de entregar títulos y crear reservas de tierras para las comunidades indígenas asentadas en el territorio.

Pero, a más de 50 años de su promulgación, si bien muchas familias han llegado a la titularidad, no se ha alcanzado a resolver la tenencia de la tierra para una cantidad importante de productores.

Tampoco se resolvió la cuestión del número necesario de hectáreas como unidad de producción, considerando las restricciones productivas en zonas de secano.

Los artículos de la ley que establecen una justa y correcta enajenación en unidades económicas quedaron como un ideal que nunca se concretó.

Actualmente, a los parcelamientos de menores hectáreas se les suma una mayor restricción productiva debida al avance de la desertificación, con sus efectos negativos sobre los aspectos económicos y sociales en las familias del productor y la degradación del ambiente en los frágiles ecosistemas que presenta el clima semidesértico.

¿Cómo aparecen los minifundios?

El concepto de minifundio -para la región semidesértica en la que vivimos- hace más referencia a la capacidad productiva de la tierra que al número de hectáreas que tenga cada unidad.

La aparición del minifundio requiere de un análisis en particular. Pero de las fuentes consultadas se puede inferir que deriva del primer proceso de distribución de la tierra. La ley del Hogar Nº 1501 de 1884 -que fomentaba la creación de colonias agrícolas pastoriles de 625 ha- y la ley de Tierras Nº 4167, de 1903 -que promovió la venta directa de parcelas de hasta 2.500 ha, ambas con destino ganadero- son los primeros antecedentes de parcelamientos de superficies menores, que luego y por distintos motivos dieron lugar a un proceso de subdivisión más complejo en el tiempo, por venta, actividad productiva intensiva y sucesión.

El tamaño de las parcelas establecido por estas dos leyes era insuficiente para la ganadería extensiva. No se consideró que se trataba de regiones semidesérticas en las que la tierra no tiene la capacidad productiva suficiente para que los habitantes, convertidos en pequeños productores ganaderos, pudieran vivir y menos crecer en esa actividad.

Al mismo tiempo, la dependencia de esos pequeños productores con un modelo de comercialización dominado por grandes compañías ganaderas aumentó sus condiciones de marginalidad en el nuevo sistema económico y social que se estaba gestando en esa época en estos territorios.

A más de 130 años de aquellos hechos, nos encontramos con una problemática de la tierra muy compleja de resolver.

El minifundio es la superficie de tierra más representativa en la Región Sur y es la que presenta la mayor degradación de los pastizales naturales, producto de un manejo inadecuado. Esto obedece a que el productor se ve en la necesidad de sobrecargar el campo con más animales para obtener mayor ganancia. Especula con un período lluvioso que da lugar a la aparición de pastos de estación o de época, sin advertir la degradación en general de la vegetación, con la desaparición de especies tradicionales nutritivas que requieren de un manejo forrajero controlado.

A los actuales ocupantes de tierras fiscales no sólo no se les ha resuelto el tema de la tenencia de la tierra, sino que se ha agravado el problema productivo en lo económico, social y ambiental, empeorado por el proceso de desertificación que comenzó hace 90 años, debido al incorrecto manejo de los pastizales naturales.

La entrega del título de propiedad que se ha venido otorgando con los años tampoco ha resuelto los problemas que subyacen en el minifundio, que son muy complejos de resolver pero no imposibles.

Mario Martínez Luquez

(*) Geógrafo

Mario Martínez Luquez


DEBATES | DESARROLLO RURAL

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora