El MPN, una familia de familias
por JORGE GADANO
En México, cuando el Partido Revolucionario Institucional llevaba más de medio siglo en el gobierno, la pertenencia al poder no se expresaba sólo por la afiliación al partido oficial y la condición de burócrata (tal cual se designa a los empleados públicos sin intención peyorativa). Era importante el vínculo con alguna de las «familias», originalmente consanguíneas y fundadoras y luego, con el paso del tiempo, ampliadas y consolidadas por relaciones políticas, siempre marcadas por la subordinación incondicional al jefe.
Hace ya más de 40 años el Movimiento Popular Neuquino fue creado por un grupo de peronistas para eludir la proscripción de su partido, que se comprometieron a volver cuando la proscripción cesara. No lo hicieron, ni se espera que lo hagan.Consumada la fundación, el apellido Sapag inundó en pocos años al partido y a la provincia. Era una gran familia vertebrada sobre tres hermanos: el primogénito Elías, Felipe y Amado. Después de un primer triunfo de Felipe en las elecciones por la intendencia de Cutral Co, realizadas en 1962 y que fueron anuladas, el partido ganó holgadamente las provinciales en 1963. Felipe fue gobernador, Elías senador y Amado intendente de Zapala. Otro hermano, José, de Cutral Co, permaneció al margen de la política.
Con esa distribución del poder en la que sobresalía el liderazgo de Felipe, la gran familia permaneció en el gobierno durante un cuarto de siglo, hasta 1987. Se podrían añadir cuatro años más, los de Pedro Salvatori, quien por su fidelidad al líder fue señalado para gobernar hasta 1991. Naturalmente, con el crecimiento de los hijos de los hermanos –y también de las hermanas, que por sus matrimonios abrieron paso a las progenies Esteves y Laffitte– las familias crecieron. Además, las vínculos dejaron de ser solamente consanguíneos, porque se incorporaron amigos políticos. Es historia más reciente que el salto de Jorge Sobisch hacia el poder, en 1991, sostenido por una alianza con Elías Sapag, deshizo al triunvirato fundador. A la vez, comenzaron a aparecer los herederos del apellido. Edgardo y Daniel, hijos de Amado, en Zapala; José Sapag (hijo) en Cutral Co; los de Elías: Luz, Jorge, Felipe Rodolfo («Pipe») y Elías Alberto («Gringo»). De los hijos de Felipe dos, Ricardo y Enrique, entregados a la militancia montonera, fueron asesinados por la dictadura; Luis, el mayor, encontró el final de su carrera política cuando fue derrotado por Sobisch en la interna de 1991, y Silvia se retiró a la actividad privada luego de destacarse en el Senado al denunciar los sobornos que después confirmaría Mario Pontacquarto. Tras un último mandato de Felipe en el período 1995-99, la desaparición de su corriente se produjo como un «efecto catarata» del nuevo triunfo de Sobisch frente a «Pipe», candidato circunstancial del «felipismo». En silencio, casi en puntas de pie, uno tras otro, los (y las) dirigentes que morían por Felipe formaron fila junto al nuevo líder.
En el nuevo milenio, con la consolidación de Sobisch en el poder, aparecieron con mayor nitidez las nuevas familias. En algún caso, como el de los Gutiérrez, de abuelo a nieto. El abuelo es Reynaldo Pastor Gutiérrez, quien con Felipe en el poder fue ministro de Bienestar Social y diputado nacional. Su hijo, Omar «Yey», pasó por el IPVU y es hoy ministro de Obras y Servicios Públicos. El nieto, también Omar, es el presidente del Banco de la Provincia del Neuquén.
Naturalmente, la familia Salvatori ocupa posiciones importantes. Aun con 73 años sobre sus espaldas, Pedro Salvatori se mantiene en actividad y aspira a ser nuevamente gobernador. Ocupa una banca en el Senado y fue, por el MPN, principal animador de la reciente Convención Constituyente. Sus hijos Pedro y Nicolás son funcionarios de alto rango. El primero, perdidoso en la disputa por el manejo de la propaganda oficial ante Juan Manuel «Juanchi» Sandoval, se exilió en Radio y Televisión Neuquén (RTN). Nicolás se ha situado mejor, porque preside el Ente Provincial de Energía (EPEN). De los Sandoval, es «Juanchi» el que ha quedado mejor colocado, después de que su hermano Carlos, por años comisario político de Sobisch en el BPN, fue a dar, después del desparramo que siguió a la salida de Luis Manganaro de la presidencia del Banco, a la Subsecretaría de Municipalidades. Otro Sandoval, Sancho, está fuera del presupuesto oficial, bien que dando señales de haber sido favorecido por la fortuna en su actividad privada.
Mario Morán, un ingeniero con vocación por la educación, tan fuerte que ha llegado a ser ministro del ramo, es un veterano del MPN que también, algo tardíamente tal vez, se ha integrado a una trama familiar que ocupa algunas posiciones importantes. La más importante es, sin duda, la de Morán, pero no deja de serlo la de su sobrino, Javier Marchinsky, arquitecto oficial del Estado neuquino casado con la diputada provincial Cristina Storioni, quien además de su inteligencia y simpatía puede lucir una de las carreras más fulmíneas del MPN.
Ricardo Esteves, casado con la menor de las hermanas Sapag, Josefa, fue administrador en los setenta del diario «Sur Argentino», del que fueron propietarios Felipe y Elías Sapag. Uno de sus hijos, Alfredo, es hoy ministro de Empresas Públicas. Antes, durante el primer mandato de Sobisch fue secretario del Copade y de Energía. Otro hijo, Ricardo, es subsecretario de Obras y Servicios Públicos, y una hija, Ana, es síndica del BPN.
La familia principal, al mando de Jorge Omar Sobisch, sólo tiene un hombre en el gobierno, su sobrino político Rodrigo Salvadó, secretario general de la Gobernación. Liliana Planas, esposa del gobernador y tía carnal de Rodrigo, sólo cumple roles de los reservados a una primera dama, y los hijos no tienen cargos públicos. Pero es claro que Sobisch encabeza una familia mucho más amplia, que es la gran familia emepenista. No tan unida, eso sí, como antes, porque está mostrando grietas por el lado de algunos retoños de don Elías.