El patrimonio presidencial

Redacción

Por Redacción

Lo mismo que muchos otros ciudadanos, Ricardo Darín quisiera que le explicaran exactamente cómo se las arreglaron Néstor Kirchner y su esposa para aumentar de forma tan espectacular su patrimonio familiar que, desde mayo del 2003, ha crecido en un 2.000% pero, puesto que la mayoría dejó de preocuparse por el asunto hace tiempo, a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le hubiera convenido pasar por alto las palabras del actor, ya que con toda seguridad entendía que no sería de su interés que, una vez más, los medios tanto nacionales como internacionales le pidieran aclarar el misterio. Pero Cristina no pudo con su genio. En vez de permitir que sólo la prensa que nos mantiene informados sobre lo que está sucediendo en la farándula hiciera eco de la pregunta nada inocente de Darín, le escribió una carta larga en que, además de confesarse una fan “un poco cholula” de la estrella cinematográfica, aludió a un caso, de más de 20 años atrás, “por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados”, sin mencionar que el actor, que se afirma víctima de una estafa, fue absuelto del cargo. Tampoco intentó la presidenta justificar la evolución asombrosa del patrimonio familiar, ya que se limitó a quejarse por la supuesta falta de interés de los medios en el dinero acumulado por quienes tienen mansiones en el “Delta, Punta del Este y Miami” o en la “vida rumbosa que esposas, hijos, hijas y otras yerbas de otros políticos llevan adelante en fiestas y viajes permanentes que parecen no tener fin”. Y para rematar, Cristina se manifestó indignada porque Daniel Scioli, retoño de una familia acaudalada, tiene una cuenta en dólares: un tanto sorprendido por la alusión, el gobernador bonaerense no vaciló en decirnos que suma 201.175. Como es natural, la reacción exagerada de Cristina frente al comentario del actor más célebre del país ha motivado no sólo sorpresa sino también malestar. Sorpresa, porque es evidente que la presidenta no sabe contestar de manera coherente la pregunta que fue formulada por Darín y que, por lo tanto, trata de quitarle importancia señalando que en nuestro país hay muchísimos corruptos –gente de “vida rumbosa”–, de suerte que cree que es muy injusto ensañarse con ella, aunque sería de suponer que entiende que, por ser cuestión de la presidenta de la República, es lógico que la mayoría se preocupe mucho más por las eventuales irregularidades que habría cometido que por las de personajes menos destacados. Malestar, porque, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, la presidenta no vaciló en aprovechar información archivada para descalificar a un crítico. Asimismo, su forma de reaccionar frente a lo que tomó por un ataque contra su persona contribuyó a consolidar la impresión de que Cristina se siente totalmente desbordada por situaciones que no está en condiciones de manejar, pero no cuenta con colaboradores que sean capaces de ayudarla a superar los problemas de todo tipo que están surgiendo en su camino. Por muchos años, buena parte del país ha aceptado tratar como si fueran meramente anecdóticos los temas vinculados con el crecimiento vertiginoso del patrimonio de los Kirchner y con el destino nunca debidamente aclarado de los famosos “fondos de Santa Cruz”. Tal actitud puede atribuirse al trauma que fue provocado por el colapso del 2001 y el 2002 y el temor a las eventuales consecuencias de una nueva crisis institucional. Sin embargo, es posible que el pacto de silencio así supuesto esté por verse reemplazado por una mayor preocupación por las finanzas personales de la dirigente política que desde hace casi diez años desempeña un papel clave en el escenario político del país y que, a pesar del deterioro llamativo de su imagen, sigue siendo por un margen muy amplio la persona más poderosa del país. En vista de los riesgos planteados, pues, Cristina no puede darse el lujo de desatar polémicas tan furiosas como gratuitas como la iniciada por Darín que, sin habérselo propuesto, acaba de erigirse en vocero de los muchos que se sienten alarmados por el desprecio manifiesto de la presidenta por la Justicia y que intuyen que se está acercando la hora en que, por fin, la presidenta explique ciertas cosas que, de haber sido la Argentina un país “normal”, ya se hubieran visto aclaradas.


Lo mismo que muchos otros ciudadanos, Ricardo Darín quisiera que le explicaran exactamente cómo se las arreglaron Néstor Kirchner y su esposa para aumentar de forma tan espectacular su patrimonio familiar que, desde mayo del 2003, ha crecido en un 2.000% pero, puesto que la mayoría dejó de preocuparse por el asunto hace tiempo, a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le hubiera convenido pasar por alto las palabras del actor, ya que con toda seguridad entendía que no sería de su interés que, una vez más, los medios tanto nacionales como internacionales le pidieran aclarar el misterio. Pero Cristina no pudo con su genio. En vez de permitir que sólo la prensa que nos mantiene informados sobre lo que está sucediendo en la farándula hiciera eco de la pregunta nada inocente de Darín, le escribió una carta larga en que, además de confesarse una fan “un poco cholula” de la estrella cinematográfica, aludió a un caso, de más de 20 años atrás, “por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados”, sin mencionar que el actor, que se afirma víctima de una estafa, fue absuelto del cargo. Tampoco intentó la presidenta justificar la evolución asombrosa del patrimonio familiar, ya que se limitó a quejarse por la supuesta falta de interés de los medios en el dinero acumulado por quienes tienen mansiones en el “Delta, Punta del Este y Miami” o en la “vida rumbosa que esposas, hijos, hijas y otras yerbas de otros políticos llevan adelante en fiestas y viajes permanentes que parecen no tener fin”. Y para rematar, Cristina se manifestó indignada porque Daniel Scioli, retoño de una familia acaudalada, tiene una cuenta en dólares: un tanto sorprendido por la alusión, el gobernador bonaerense no vaciló en decirnos que suma 201.175. Como es natural, la reacción exagerada de Cristina frente al comentario del actor más célebre del país ha motivado no sólo sorpresa sino también malestar. Sorpresa, porque es evidente que la presidenta no sabe contestar de manera coherente la pregunta que fue formulada por Darín y que, por lo tanto, trata de quitarle importancia señalando que en nuestro país hay muchísimos corruptos –gente de “vida rumbosa”–, de suerte que cree que es muy injusto ensañarse con ella, aunque sería de suponer que entiende que, por ser cuestión de la presidenta de la República, es lógico que la mayoría se preocupe mucho más por las eventuales irregularidades que habría cometido que por las de personajes menos destacados. Malestar, porque, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, la presidenta no vaciló en aprovechar información archivada para descalificar a un crítico. Asimismo, su forma de reaccionar frente a lo que tomó por un ataque contra su persona contribuyó a consolidar la impresión de que Cristina se siente totalmente desbordada por situaciones que no está en condiciones de manejar, pero no cuenta con colaboradores que sean capaces de ayudarla a superar los problemas de todo tipo que están surgiendo en su camino. Por muchos años, buena parte del país ha aceptado tratar como si fueran meramente anecdóticos los temas vinculados con el crecimiento vertiginoso del patrimonio de los Kirchner y con el destino nunca debidamente aclarado de los famosos “fondos de Santa Cruz”. Tal actitud puede atribuirse al trauma que fue provocado por el colapso del 2001 y el 2002 y el temor a las eventuales consecuencias de una nueva crisis institucional. Sin embargo, es posible que el pacto de silencio así supuesto esté por verse reemplazado por una mayor preocupación por las finanzas personales de la dirigente política que desde hace casi diez años desempeña un papel clave en el escenario político del país y que, a pesar del deterioro llamativo de su imagen, sigue siendo por un margen muy amplio la persona más poderosa del país. En vista de los riesgos planteados, pues, Cristina no puede darse el lujo de desatar polémicas tan furiosas como gratuitas como la iniciada por Darín que, sin habérselo propuesto, acaba de erigirse en vocero de los muchos que se sienten alarmados por el desprecio manifiesto de la presidenta por la Justicia y que intuyen que se está acercando la hora en que, por fin, la presidenta explique ciertas cosas que, de haber sido la Argentina un país “normal”, ya se hubieran visto aclaradas.

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