El personaje que encontró autor

Por Redacción

«Soy Mónica Cabrera, soy Actriz» se presenta esta mujer de mediana edad , que muestra su encanto en una galería de personajes que parece interminable.

Viene para actuar por primera vez a Neuquén y Roca, después de haber recorrido todo el espectro del teatro «clásico» desde Laferrere hasta Genet. Pero lo hace con lo propio en un unipersonal, en este caso «Arrabalera, mujeres que trabajan» una pieza de su autoría ( entre otras), donde su inventiva y dilatada experiencia conjugan una serie de personajes delirantes en su evocación de hechos y situaciones.

Cabrera tiene no solo el don de actuar sino también el de pensar, que la vida pasa por uno mismo y sus posibilidades, ponerlas en un escenario, compartirlas con el público. Convertirse en personaje, autor y actor de magias que seducen.

– ¿Cómo te decidiste por el unipersonal?

– Me formé con Alejandra Boero y transité mucho del teatro, pero hace unos l2 años me decidí por algo mío. Primero escribí «Las lágrimas negras de santita Mojardín», organizado como la historia de una mujer que recorre Latinomérica y España, tomando mitos como Tita Merello, Eva Perón o Libertad Lamarque, toda la leyenda que hay alrededor de estas mujeres. Un recorrido también de la historia argentina, con boleros y tangos. Luego, el segundo espectáculo es lo que presento en el Valle, «Arrabalera, mujeres que trabajan», donde compongo siete mujeres distintas, con comentarios de un locutor que reseña un recorrido por hechos emblemáticos, documentos tomados de la radio, acontecimientos, propagandas y todo lo que evoca una época y sus momentos, incluso con tangos de 1926 a la actualidad. Las siete mujeres son de mediana edad y muy particulares. Esta es una propuesta que viene de mi idea de que estoy emparentada con el grotesco y detalles más costumbristas y leves, sin etiquetas, con un humor un poco ácido. La gracia del espectáculo es trabajar exclusivamente sobre lo actoral, sobre la posibilidad de que una persona en un escenario realice un acto teatral, que cada personaje sea muy diverso, un mundo en si mismo.

– Una idea de autogestión

– Digamos que la escuela de Alejandra Boero encara el teatro independiente y gestiona todo. Para mi era la única manera, no comprendía el ingreso al mundo del teatro comercial o la televisión. Había como un prejuicio por algunas cosas que tenían que ver con lo popular y había que hacer autores europeos, autogestionarse, trabajar en cooperativa. El dinero no podía ser el móvil. Entonces hice un camino personal y descubrí que yo podía ser yo, podía no corromperme, tener un producto que compitiera y al mismo tiempo mantener mi independencia de criterio.

Trabajé muchos años con grupos numerosos haciendo obras clásicas como «Las criadas» de Genet en 1989, que ganó premios y fue muy bien recibida, a tal punto que del Galpón de Sud pasó a la sala Casacuberta del San Martín. Pero después de muchos años de trabajar con grandes grupos, quedé como agotada .

Tenía el prejuicio de que no podía actuar, dirigir, ni escribir mis textos, eso era un acto de egolatría, bajé el copete, porque la idea era ser perfecto. Canto como Gardel o no canto. Entonces hice un camino de poder actuar el espectáculo y poder dirigirme. No depender de que me convoquen. Se trata de una elección muy personal en la que me juego como actriz en algo mío. Un concepto propio de integrar el hecho teatral.

Para que la reconozcan

A poco de partir hacia el Valle, mate en mano y sencillo encanto, Mónica Cabrera parece ignorar su intensa carrera a fuerza de humildad. Por ejemplo, la pieza que presenta en Neuquén hoy, a las 22, en la Conrado Villegas y en Roca el domingo, a las 21 en Casa de la Cultura, la viene haciendo desde el 2001 en muchos teatros, y tiene premios como el del Festival Internacional de Teatro en la maratón de unipersonales.

Recorrió con ella San Luis, Buenos Aires y el conurbano, además de estar 40 días en Punta del Este, donde los turistas extranjeros la relacionaban con un hecho folclórico. No es chiste permanecer en tantos lugares. Claro que al Valle sólo lo conoce por fotos, y por lo que le dijo su productora, la actriz y cantante Ana Bonet, que vino encantada cuando estuvo con Graciela Dufau haciendo «Los nietos nos miran».

Para Cabrera está la comprobación de que «la gente del interior está ávida de ver teatro y no hay que decepcionarla». Allí esta el desafío y la incertidumbre.

«Yo no soy una figura televisiva famosa, como Pinti, Goity o Les Luthiers» dice, al reseñar que siempre se escondió en papeles de segunda en el cine, como la enfermera del «El hijo de la novia» o su participación en «El abrazo partido». «He pretendido que no se me reconozca, como le pasaba a Charles Laughton» dice, como ignorando que puede ser una sorpresa agradable.

Es cierto que ella no sirve para el negocio del arte, ella está en el escenario del teatro para actuar y no en el de la vida para especular. Así son los artistas algunas veces, por suerte.

Mientras digiere sus ansiedades, Mónica también agrega a su galería de personajes un inminente estreno, el musical llamado «Como una perra» con dos guitarristas, Ana Bonet cantando, y ella como una mujer que va a su fiesta de bodas con el público como invitado, tiene el vestido manchado de sangre, viene sin su novio, y a partir de allí se desentraña su vida con tangos y boleros. Luego estrenará un «Otello» con mujeres, un Shakespeare despojado, incluso del sexo. Son los próximos proyectos para una actriz que hizo todo, escondida, lejos de las luces del marketing, paseado su arte por los barrios, gracias al gobierno de la ciudad.

Es la actriz que reconoce la «multiplicidad, profundidad y variedad «del quehacer cultural de Buenos Aires. Es la que tiene como modelo a Ana Magnani, Tita Merello y Niní Marshall, «una maestra».

La que se moviliza con todo, pero más que nada con esos personajes trágicos, teñidos de grotesco, matizados de sutil humor.

Julio Pagani