El proyecto forestal El Foyel

Por Eberardo Hoepke

Los ambientalistas tienen toda la razón, el bosque nativo tiene un alto valor en todo sentido. Su belleza escénica es impresionante. La regulación de las cuencas, su influencia sobre el clima, alberga un sinnúmero de seres vivientes, pájaros, hongos, musgos, insectos, parásitos, lombrices, culebras, sapos, algún huemul; en fin, una biodiversidad asombrosa que bien vale conservar. Hay que dejar que el árbol se pudra, donde ha crecido. A su vez, el matorral es digno de protegerlo al máximo. Cubre enormes superficies en muchas partes del país. En nuestra región se compone mayormente de retamas, lauras, espinos negros, ñires achaparrados. Todos sabemos que no sirve para nada, es tierra improductiva. Brinda un sostén más que frágil a unos pocos pobladores.

Lo malo es el pino en todas sus especies. Si bien produce una madera muy útil y valiosa en corto plazo, si bien puede crecer y producir en desiertos y parar la desertificación, si bien su cultivo e industrialización producen grandes cantidades de puestos de trabajo productivo, si bien es capaz de crear una muy sólida base económica para grandes regiones, como podemos observar en Chile que exporta madera a todo el mundo; pero no, es exótico y por eso malo ¡punto!

Lo que los ambientalistas no nos cuentan es cómo se va a proveer de madera a la sociedad del país y del mundo entero, la cual todos, absolutamente todos, ocupamos todos los días y durante toda la vida. Hoy, mañana y para las generaciones venideras, que también tienen el derecho de disponer de tan valioso recurso renovable.

Es claro que la postura de «no cortar ningún árbol nativo, no plantar ningún exótico», simplemente no es practicable y no ofrece solución alguna.

Para los Parques Nacionales, en cambio, la postura es totalmente correcta. Tienen la obligación y el compromiso de proteger a la naturaleza tal cual como está para las generaciones venideras. Pero, ojo, ¿cómo es posible que pastoreen en los bosques nativos, tanto de Parques como en las provincias, cantidades de ganado que devoran la regeneración natural de los árboles y nadie dice nada? El que observa el fenómeno se da cuenta de cómo desaparecen sistemáticamente los arbolitos nuevos. Quedan los medianos y grandes. El que no sabe, goza de la gran belleza de esos bosques y pocos ven y tienen en claro que están condenados a desaparecer como los hombres que no tienen hijos.

Es cierto que el mundo entero necesita de los bosques, pero a su vez de sus maderas. Eso se consigue a través de una sabia y consciente silvicultura.

El árbol, cuando es maduro hay que cosechar para utilizar su madera. Al desaparecer, permite que mucha más luz entre hasta el suelo, fomenta el crecimiento de los medianos y posibilita el nacimiento de las plantitas nuevas. Si la regeneración no se produce suficientemente, hay que plantar tres nuevos en el mismo sitio.

Si esto se hubiese hecho en el Chaco, hasta el día de hoy tendríamos los quebrachales. Hay que ralear, los árboles son mucho más sanos si disponen de suficiente espacio vital. Eso vale tanto para los bosques nativos como para los implantados y para los mixtos.

Tenemos que convencernos de que la tala rasa es un pésimo sistema de cosecha. Tampoco conviene el monocultivo. Existe una gran cantidad de especies arbóreas que se pueden cultivar en conjunto. Hasta está comprobado que el raulí puede crecer en la protección de los pinos aun en zonas donde ya no es nativo.

Ahora bien, volvamos al caso de Foyel SA. Esta empresa compra un campo con el fin de plantar pino Oregón dentro del matorral. Como ya se dijo, un monte improductivo. El campo está fuera de Parques y otros santuarios. La idea no es reemplazar el bosque nativo, sino el matorral. El pino Oregón es sumamente útil, mejora el suelo forestal, su madera es vistosa y muy versátil, tanto para la construcción de casas como de muebles. Es muy sano y de buen crecimiento. El crecimiento medio anual es de 20 m3 por hectárea.

El día en que se hayan logrado las 4.000 hectáreas previstas, la sola renta de este bosque de 20 m3/año/ha será de 80.000 m3 por año, sin tocar el capital bosque.

Supongamos que un camión grande carga 20 m3 por viaje, sería el equivalente de 4.000 camionadas de rollizos de madera de alta calidad, sana y de alto rendimiento. Semejante cantidad de materia prima tendrá como consecuencia una poderosa industria maderera, cuya productividad cambiará totalmente la situación socioeconómica de toda la región. Y eso es un matorral nativo.

Es probable que los animales silvestres emigren hacia los matorrales vecinos, adyacentes. ¿No sería preferible eso, que la emigración de los pobladores a los suburbios de los centros urbanos? Al contrario, las fuentes de trabajo aseguradas van a producir la migración de las familias devueltas al campo, a las raíces a vivir como los antepasados en épocas menos agitadas que la nuestra.

Bajo esta óptica, que es fruto de una vida entera de trabajo forestal exitoso y comprobable, la posición de los ambientalistas parece tener poco sentido. Queda mucho matorral para conservar y mucho bosque nativo para administrar correctamente.

Hago votos por que este emprendimiento forestal, por cierto no será el primero ni el único, logre que se le sumen otros para lograr al final que la región salga de la crisis económica.

Déjennos crear fuentes de trabajo para la región. Maderas para el país. Oxígeno para el mundo.


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