El robo de autos crece a la par de la crisis en Bariloche

Ya no alcanza con llevarse el pasacasete. Ahora roban autopartes o el auto completo. A un vehículo le robaron hasta los vidrios. Desestiman que se trate de una mafia del desarme.

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Durante los últimos meses los abundantes robos de pasacasetes dejaron de ser noticia cotidiana, pero con ello no desapareció la preocupación de los automovilistas porque los ladrones comenzaron a llevarse el auto completo, y en algunos casos determinadas autopartes o repuestos.

Las autoridades policiales aseguran que los pocos desarmaderos de autos conocidos o habilitados como tales están siendo controlados con frecuencia y desmienten que exista una «mafia de los repuestos», por lo menos comprobada. En cambio, opinan que el elevado costo de los repuestos y las dificultades económicas que atraviesan muchos vecinos puede convertir a muchos en delincuentes ocasio- nales.

Los robos de pasacasetes y las roturas de vidrios eran moneda corriente hasta hace poco, pero la abundancia de aparatos en el mercado negro había hecho descender su precio a 10 ó 15 pesos. Por eso los delincuentes juveniles, probablemente impulsados por mayores interesados, comenzaron a robar autopartes de costosa reposición.

A principios de marzo Javier Quelín denunció que estaba molesto por tener que conducir su Renault 18 con un naylon tapando la luneta trasera y la ventanilla del acompañante, y no por haber sufrido la roturas de los cristales en una circunstancia fortuita, sino que los vidrios le habían sido retirados prolijamente por delincuentes, al igual que su aparato de radio y pasacasetes y los cuatro parlantes que hasta un tiempo antes le permitían escuchar las noticias y a sus músicos preferidos. Esos contratiempos, sin embargo, sólo fueron la antesala del colmo, que se produjo en la medianoche previa a la denuncia, cuando Quelín advirtió que sus jóvenes vecinos acababan de retirarle el parabrisas de su auto, después de cortar el burlete que lo aseguraba al chasis.

A mediados de abril la damnificada por un hecho similar fue Lidia Zúñiga, una vecina del Ñireco, dueña de un Ford Falcon que tenía estacionado en las puertas de su vivienda. Un sábado por la noche su auto desapareció, y tres horas después fue hallado desarmado, a pocas cuadras del lugar del robo, sin motor, ni asientos, ni repuestos que pudieran ser removidos con herramientas manuales. Al auto sólo le quedaban las cuatro ruedas, quizá con el fin de poder desplazarlo del sitio donde lo desarmaron y para desorientar a los policías.

Los investigadores presumen que más de la mitad de los 23 mil autos que circulan por Bariloche lo hacen sin seguro y sin el mantenimiento conveniente, porque sus propietarios están desocupados o no tienen los ingresos suficientes. Entonces, a su juicio, algunos vecinos se convierten en delincuentes ocasionales, y otros, en compradores de repuestos robados «porque una vez retirados son difíciles de identificar».

Los autos robados, en su mayoría son Fiat Uno, Duna, Falcon y Renault 12, los más populares de cuantos ruedan por la ciudad, «seguramente porque los roban a pedido de algún mecánico o repuestero», presumió la fuente consultada.

Esta modalidad delictiva generó varios «cementerios de autos», que están ubicados cerca del basurero municipal, en la zona de Piedras Verdes y en la Barda del Ñireco, en inmediaciones del barrio Vivero. Allí se agrupan los cascos de varios autos, casi todos de 30 años o más, que evidencian que luego del primer desarme de los ladrones originales son atacados por otros.


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