El submarino y la industria naval



El mismo día que se anunció la explosión en coordenadas coincidentes con las del rumbo del submarino desaparecido, ocurría una nueva anomalía hidroacústica compatible con otra destrucción naval. Este segundo caso no fue una sorpresiva avería sino resultado de una planificación macabra, cuyo epicentro no fue en el mar sino en la Cámara de Diputados. A pesar del esfuerzo rescatista del diputado De Mendiguren por mitigar los efectos devastadores, se aprobó la Ley de Marina Mercante que manda a pique a nuestros obreros navales. Ahora, la importación de buques usados, con excesivos beneficios impositivos ya no se hará por excepción, sino por Ley. En el último cuarto de siglo esta medida ya generó pérdidas de 83.000 empleos, de 800 millones de dólares de recaudación y de 1350 de divisas. ¡Y este negociado, ahora será Ley! Queda la esperanza de que el presidente salga al rescate de este otro hundimiento naval, a través del veto o la reglamentación salvadora. Dos hechos lamentables ponen de manifiesto una misma realidad. Décadas, sin políticas de estado en la Industria Naval ni en el equipamiento de la Armada.

Raúl E. Podetti, Ingeniero naval

DNI 11.988.801


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