El tatuaje vence las barreras de la edad y culturales

Antes eran jóvenes y rebeldes; hoy eso no importa, sí en cambio elegir un diseño que sea marca de identidad o recuerde a un ser querido presente o fallecido. Cuidado con ir a lo más barato.

Natalia exhibe una imagen de su celular. El tatuador la mira con detalle, asiente con la cabeza y busca en la computadora. “¿Este tipo de letra te gusta?”, le pregunta pero no, no la convence y entonces, buscan un poco más.

Con 33 años, Natalia Ormenio decidió avanzar con su tercer tatuaje. Unas mariposas verdes ya sobresalen en la parte baja de su espalda, en su hombro tiene escritos en negro los nombres de sus hijos y ahora está dispuesta a grabarse las dos actividades de su vida: enfermería y docencia, en la “cuarta costilla”, a través de un dibujo simbólico y una frase.

“Soy enfermera y constantemente veo gente que está muy mal. Trabajé muchos años en terapia intensiva y esto, en definitiva, es lo único que te llevás. Te llevás arte”, precisó Natalia, antes de ingresar a la “sala de tatuajes”, donde unas cortinas blancas separan a las tres camillas.

Deric Trece es el nombre artístico de Diego Burgos, un barilochense que incursionó en el mundo de los tatuajes 17 años atrás. “De chico, acompañé a un amigo a tatuarse. Como siempre me gustó dibujar, decidí improvisar una máquina con motor casero en mi casa y empecé a tatuar a mis amigos. En esa época, todavía era medio tabú”, recordó el joven que luce enormes dibujos en su cuello, brazos y piernas. “El del cuello fue el más doloroso. Es una cabra de montaña porque soy barilochense y capricorniano. Pero no tengo idea cuántos tatuajes tengo”, comentó.

Tiempo atrás, los tatuajes involucraban a un grupo muy acotado. Jóvenes rebeldes buscando llamar la atención. Los expertos aseguran que a partir del 2005, los tatuajes comenzaron a masificarse en Bariloche, más aún con el turismo extranjero y los egresados.

“Los copitos de nieve, las montañas y los San Bernardo son los dibujos predilectos de los estudiantes, al igual que la frase de alguna canción. O el número de la habitación del hotel en que se alojan. Muchas veces, viene la división entera con la intención de hacerse el primer tatuaje. Es como un bautismo”, puntualizó José María Piedrabuena, el impulsor de Paravalancha Tatoo en la calle Villegas.

Mencionó que los brasileños, israelíes, españoles “tienen por costumbre hacerse un tatuaje en cada país por el que pasan y Bariloche no es la excepción”.

Los tatuajes no tienen edad

Los barilochenses, en cambio, se vuelcan al realismo. La mayoría elige animales, el nombre de sus hijos o algo vinculado al fútbol. Las parejas se inclinan a grabarse el dibujo de los anillos en sus dedos, llaves con candados o, coronas de reyes con sus iniciales debajo. Los corazones y los infinitos también son un clásico.

“Me han llegado a pedir el rostro de algún familiar fallecido. El diseño en estos casos, toma alrededor de 9 horas y se trabaja directamente desde una fotografía, de tamaño grande, para no perder ningún detalle”, puntualizó Burgos, amante de este mundo tatoo que no se pierde una convención con las novedades de las últimas tendencias.

Los primerizos suelen consultar en qué parte del cuerpo tatuarse; el que ya está tatuado, en cambio, tiene en claro por dónde continuar.

“Te pueden salir con cualquier cosa. Me han llegado a pedir que tatúe una frase en la lengua. Pero muchas veces, llegan sin saber qué tatuarse. Entonces nos ponemos a investigar a la persona, indagar qué le gusta. Como el tatuador es un artista, suele dibujar mientras la persona le cuenta qué le gusta”, aclaró Piedrabuena.

Cada vez de más pequeños, los chicos deciden tatuarse.

Hay niños a partir de los 13 años que concurren acompañados por sus padres. Pero tampoco hay límites. “La otra vez vino mi profesora de Biología del secundario. Con 67 años, decidió hacerse su primer tatuaje. Quiso las iniciales de sus hijos y nietos que formaban un dibujo a la vez”, aclaró Burgos.

Pocos locales habilitados

Años atrás, había unos pocos locales de tatuajes en la ciudad perdidos en el fondo de alguna galería céntrica.

Hoy la oferta se multiplicó pero no todos están habilitados y los expertos insisten en el riesgo que esto conlleva.

“En Bariloche, sólo hay tres locales habilitados. Muchos se ofrecen a través del Facebook y en páginas de compraventa como si se tratara de la venta de dulce, con precios mucho más bajos. Hay un montón de peligros vinculados a la transmisión de enfermedades por el campo de esterilización de agujas”, replicó Piedrabuena.

Cuestionó que no son pocos los que “prefieren gastar 300 pesos y después vienen a pedirnos ayuda y se gastan quizás 1.000 pesos para arreglarse lo que se hicieron”.

“Con los piercings, pasa lo mismo, indicó, se los hacen amigos que supuestamente saben y vienen después asustados por curaciones porque el aro no estaba correctamente esterilizado o el método de colocación no fue el adecuado”.

Los precios

“El hombre es más propenso al dolor que la mujer pero hay parches y cremas anestésicas que se ponen antes de cada tatuaje”.

José María Piedrabuena, Paravalancha Tatoo

Preferencias
y nuevas tendencias

Los hombres eligen diseños grandes para los brazos y las piernas.

Las mujeres se inclinan por dibujos más pequeños en las costillas, las muñecas, la cintura, los tobillos y detrás de la nuca.

Bariloche no es ajena al “freehand”, una técnica que no cualquier tatuador está en condiciones de aplicar. Consiste en que el artista tatúa directamente sobre la piel sin diseños poniendo en marcha su imaginación. Se requieren de unos fibrones especiales para la piel.

Datos

$ 700 a $ 800
es el costo de un tatuaje pequeño que requiere entre 15 a 20 minutos. La sesión más larga dura dos horas y media.
$ 400
es lo que se cobra, en promedio, por un piercing en la lengua, nariz u ombligo.
$ 1.200
hasta $ 1.500 cuesta un microderma (un implante subcutáneo que sujeta una joya, sin perforación de salida).
“El hombre es más propenso al dolor que la mujer pero hay parches y cremas anestésicas que se ponen antes de cada tatuaje”.

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