El terremoto de Catupecu

Tras dos años de ausencia en la zona, una de las bandas más emblemáticas del rock nacional regresa a Cipolletti para presentar “El mezcal y la cobra” el próximo sábado, a las 20, en el complejo bailable de Ruta 22. Antes, “Macabre” habló en exclusiva con “Río Negro”.





NEUQUÉN (AN).– Casi veinte años, una gran “familia” y una banda que mantiene vivo el rock argentino. Su formación fue variando con el pasar de los años, pero su búsqueda nunca termina, siempre revuelven, hacen y deshacen para encontrar esas melodías y sonidos intensos, atrapantes e impredecibles que los caracterizan. Son los Catupecu Machu, que con su estilo particular y toda su fuerza desembarcan el próximo sábado en Cipolletti. La excusa es la presentación de su último disco “El mezcal y la cobra”.

Desde su estudio de grabación en Buenos Aires, Martín “Macabre” González conversó con “Río Negro” sobre el nuevo disco, la banda y más.

–¿Qué nos podes contar de “El mezcal y la cobra”?

–El nuevo disco contiene once canciones y quizás la novedad o la diferencia más grande que hay con el disco anterior es la incorporación de Agustín Rocino –quien fue bajista de Cuentos borgianos– en la batería y, quizás, otra característica es que es un poquito más extrovertido y un poquito más luminoso de lo que fue “Simetría de Moebius” o “Laberintos…”, que eran discos más conceptuales y más introvertidos”.

–¿Se puede decir que es más heterogéneo?

–Quizás es un poco más heterogéneo. Los temas se pueden escuchar individualmente, cosa que en “Simetría” no pasaba, porque está más planteado como una obra conceptual, en la que tenés que escuchar el disco entero.

–El mezcal y la cobra” es considerado por muchos como once discos en uno. ¿Estás de acuerdo con eso?

–Casualmente, una anécdota que cuento siempre es que antes de sacar el disco vinieron muchos amigos y gente conocida a escucharlo y nos decían que parecían once bandas diferentes, una por cada tema. Esto se debe a la instrumentación, la sonoridad y un montón de otros aspectos hacen que cada canción sea como un elemento individual. Los discos anteriores tenían un concepto muy marcado en lo sonoro, en la lírica, en la instrumentación.

–Tal como afirmas, los discos anteriores tenían un estilo muy diferente al que tiene “El mezcal y la cobra”. A su vez, este último disco lo comenzaron a grabar poco después de la separación con quien fue su baterista, Javier Herrlein y con su histórico manager. En este sentido ¿crees que el disco refleja el momento que atraviesa la banda?

–Sí. Eso es lo que nosotros, como artistas, tratamos de reflejar. No buscamos hacer el tipo de estilo que hay que hacer. Cuando decidimos grabar un disco bajamos todo lo que aprendimos, todo lo que vivimos, desde lo musical y teórico, hasta experiencias como películas, libros y situaciones que vivimos en el lapso que acontece entre un disco y otro.

Al mismo tiempo, Macabre cuenta que “lo que pasó con este disco, puntualmente, es que luego de la separación con Javier Herrlein en la batería y también de nuestro manager, hubo como un recambio energético muy grande en la banda. Se dio toda una reorganización y reestructuración que fue como una vuelta a las raíces de Catupecu. Y, obviamente la incorporación de un músico nuevo, también trajo, en lo musical, aires nuevos. En el medio de toda esa energía, ese torbellino, un día viene Fer –por Fernando Ruiz Díaz, líder de la banda– y me dice: ‘Che, Mac, tenemos que grabar un disco ya, no importa que lo habíamos pensado para fin de año, hay que dejar plasmada esta energía’. Y, bueno, así fue. En ese momento, manos a la obra y empezó el disco, que es 100% es una impresión de lo que acontece en la banda hoy por hoy”.

–En la mayoría de sus discos anteriores incluyen algún cover. ¿En este se puede decir que hay un cover de ustedes mismos?

–En realidad, lo de los cover siempre se fue dando solo, lo iba proponiendo la situación y en este disco nos pasó que ya se estaban terminando todos los temas, y no había ningún cover. Pero lo que si nos pasaba es que estábamos haciendo el mismo tema en dos versiones, una eléctrica y una acústica. Entonces, dijimos como chiste interno, “hagamos un cover de nosotros mismos, en el mismo disco”. Y así fue, el primer tema del disco es exactamente el mismo que el último, nada más que interpretado y arreglado de diferente forma. Nos resultó divertido, quedó lindo y decidimos incorporarlo al disco.

El primer tema del álbum es “El mezcal y la cobra” que, tal como sostuvo el tecladista de Catupecu Machu, “es una versión eléctrica con batería, sintetizadores, guitarra eléctrica y bajo eléctrico”. Y su “cover”, el que cierra la placa es “Shakulute peruano”, una versión con casi todos instrumentos acústicos, entre ellos un cajón peruano, y además está grabada en vivo, en el estudio.

Hace dos años fue la última vez que los Catupecu trajeron su ritmo a la zona. En esta oportunidad tocarán el próximo sábado, a las 20, en el complejo bailable cipoleño ubicado a metros del puente carretero.

Con respecto a su regreso al Valle, Macabre sostuvo que “la expectativa que tenemos es tan grande como la que tenemos en cualquier lugar al que vamos. Cada show lo hacemos como si fuese el último de nuestras vidas y siempre es el mas importante. Así que en el momento que subamos al escenario allá, va a ser el último show de nuestras vidas y vamos a entregar todo”. Y agregó “a nosotros nos gusta actuar en forma de terremoto, nos gusta caer y conmover y sí esperáramos que estuviesen saltando por el techo nos sería muy fácil el trabajo”.

María Pía Mendiberri

pmendi@rionegro.com.ar


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