El último tabú que quedaba en pie

La militancia de género ha demostrado no temerle a ningún “statu quo”; sin embargo le viene esquivando a la cuestión de ser madre –o no– por fuera de los mandatos sociales patriarcales. ¿Es eso posible? El libro de hoy se dedica a desmenuzar el tema.



Por Verónica Pedrosa

“Mamá desobediente”, de Esther Vivas, nos invita a pensar la maternidad desde una perspectiva feminista –erróneamente considerada enemiga de la experiencia materna–, sin idealizarla, valorando y reconociendo su importancia en la reproducción social, para que deje de ser en la mujer un destino y ella pueda decidir cómo quiere vivirla.


“Cuando con toda la ilusión del mundo quedé embarazada, y empecé a preguntarme acerca del parto y la crianza, me di cuenta de que a lo largo de mis años de activismo, (…) de carácter feminista, nunca nadie había planteado el tema de la maternidad. (…) la idea de ser madre en sí, de lo que implica social y políticamente, nunca nadie, en ninguno de los diversos espacios en los que había participado, la había mencionado”, sostiene Esther Vivas, periodista, socióloga y escritora residente en Barcelona, autora del ensayo titulado “Mamá desobediente”, publicado este año por Ediciones Godot.


Su obra es realmente interesante porque pone en palabras lo que sentimos las mujeres frente a la idea de la maternidad. Desde su propia experiencia como madre, nos habla de aquellas mujeres que no encajan socialmente porque no desean tener hijos, de la infertilidad como una culpa de la mujer y a la vez negocio para el Estado, del irracional modelo de supermamá sacrificada, con una vida laboral y pública activa y, por supuesto, con un cuerpo perfecto que impone el sistema patriarcal; de la discriminación que sienten las madres solteras; de las madrastras como personajes opuestos a la mamá ideal; de los vientres de alquiler que convierten el útero de la mujer y su embarazo en un negocio; del acoso en el trabajo, las insuficientes licencias parentales, la miseria salarial e incluso los incentivos económicos que ofrecen ciertas empresas para que la mujer retrase la maternidad; de la depresión posparto como un tabú; del inexistente instinto que lleva a la mujer a ser mamá; de las madres arrepentidas; y otras tantas cuestiones que constituyen una expresión más de la violencia de género.
Está dirigida a mujeres, madres o no, y a muchos hombres, porque la maternidad y la crianza nos implican a todos, nos tocan muy de cerca.


Es una invitación a tomar conciencia y valorar prácticas tan relevantes para las sociedades humanas como lo son gestar, parir, lactar y criar, apelando a una maternidad desobediente, a una mamá que sea insumisa, sujeto activo, que se rebele constantemente contra las normas sociales establecidas y que no renuncie a vivir la experiencia materna de la manera que más le guste.

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La autora, socióloga y comunicadora invita a ser una madre insumisa, que se rebele y no renuncie a vivir la experiencia materna de la manera que más le guste.


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El último tabú que quedaba en pie