El virus llegó para quedarse



El enojo y la preocupación que generó la imagen de miles de jubilados haciendo cola en forma caótica para cobrar sus haberes, junto a otros miles de beneficiarios de la AUH, en medio de la cuarentena obligatoria demostró que la lucha contra la pandemia del coronavirus será una maratón llena de obstáculos, donde cada error puede pagarse caro y echar por la borda costosos esfuerzos sociales.

Es comprensible la irritación ante la falta de previsión del gobierno, bancos y gremio para evitar semejantes aglomeraciones en medio del estricto distanciamiento social para contener el contagio que se predica a diario y que tantos costos genera a la economía y a la sociedad. Aunque la mayoría de los expertos coincidió en que en ningún caso arruinó todo lo hecho en estas dos semanas de cuarentena estricta, fue un grave error que pudo preverse y puede repetirse. El aislamiento social se rompe cuando una persona permanece entre 10 y 30 minutos con otra sin respetar la distancia de al menos un metro. Y el viernes se vio a personas de más de 60 años (grupo de riesgo) junto a jóvenes y niños en intenso contacto cercano horas. Justo cuando en nuestro país estamos pasando de la etapa de contención de los casos foráneos y contactos estrechos a la transmisión comunitaria.

Lo peor es el relajamiento y la autocomplacencia, y los expertos coinciden en que cualquier salida de la cuarentena debería ser lenta y gradual.

Quienes más dudas muestran a la hora de analizar la pandemia son quienes más conocimientos tienen sobre el tema: epidemiólogos e infectólogos. Saben que el conocimiento sobre el origen y comportamiento del coronavirus aún tiene muchas lagunas. Por eso, el consejo fue tomar medidas de higiene y distanciamiento social que retrasen contagios, a la espera de que las investigaciones avancen y permitan enfrentar mejor el mal.

De todos modos, a esta altura, la experiencia ganada en Asia y Europa permite a nuestro país tener mayores certezas. La primera es que la temprana cuarentena estricta fue acertada: el desarrollo de la pandemia se ha dado con mayor lentitud que en España o Italia, a pesar de que la falta de tests y datos pueda significar que la cantidad de infectados sea mayor a lo que se informa: expertos hablan de entre 5 y 10 veces más. Aún así, el gobierno gana valioso tiempo para preparar el sistema sanitario para lo que viene.

Sin embargo, “aplanar la curva” de casos ya no podría resultar suficiente y cuando el aislamiento social obligatorio llegue a su fecha límite actual, el fin de Pascuas, el gobierno enfrenta la disyuntiva de mantenerlo o flexibilizarlo para que las ruedas de la producción y el consumo, hoy paralizadas a un alto costo económico y social, vuelvan a funcionar. En esta emergencia lo peor es el relajamiento y la autocomplacencia, y los expertos coinciden en que cualquier salida de la cuarentena debería ser lenta y gradual. Muchos de los cambios en la forma en que vivimos hoy se mantendrán por largo tiempo.

El infectólogo Pedro Cahn los enumera: lavado constante de manos, toser en el pliegue del codo, ventilar ambientes, distanciamiento social (evitar aglomeraciones, mantener más de un metro en filas, aislamiento de grupos de riesgo). Llegaron para quedarse. “Es probable que escuelas, cines, clubes, canchas, shoppings y teatros sigan cerrados por largo tiempo”, señala.

Un reciente informe del New York Times que recopila varias investigaciones señala que una de las pocas certezas hoy es que el contagio “tiene una debilidad: el virus infecta a grupos de familiares, amigos y colegas de trabajo; es decir necesita contacto estrecho”. Por eso, la mejor estrategia es “identificar y detener temprano los brotes discretos y hacer luego un rastreo riguroso de los contactos” del enfermo. De allí que sea vital desarrollar una capacidad masiva de test y la georreferenciación para un seguimiento efectivo en tiempo real de los casos y su ubicación, aislar a los infectados de las personas vulnerables y mejorar las capacidades del sistema de salud para atender a los pacientes más graves.

Una larga carrera que implicará cambios grandes en la forma en que vivimos, nos educamos, trabajamos, transportamos o accedemos a la salud, donde el triunfalismo y la irresponsabilidad pueden costar la vida de miles de personas.


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