Emiliano Céliz o la platería como vivencia y arte

El artista que vive en San Martín se apartó del camino tradicional. Innovador, expone en Nueva York, y es invitado al Louvre de París. Por estos días expone enel Museo Nacional de bellas Artes de Neuquén.

Por Redacción

ARTE

Emiliano Céliz transforma metal en arte. Pero ese proceso, que le ha valido reconocimiento nacional e internacional, tiene una historia. Es la pequeña gran historia de atreverse a emprender un camino nuevo…

Céliz, un cordobés que reside en San Martín de los Andes, hace 25 años que se dedica a la platería y sus piezas se exhiben hoy en sitios como el museo de arte popular José Hernández de Buenos Aires, en la “ArtExpo” de Nueva York o en la selección de artistas

internacionales del Louvre, en París.

Por estos días y hasta el 27 de julio próximo, algunas de sus obras se exponen en el Museo Nacional de Bellas Artes de la ciudad de Neuquén.

Pero la obra de Céliz tiene un valor adicional además, naturalmente, de la calidad y nobleza artística que le distinguen: es el hecho de haberse apartado de la platería tradicional argentina, tan reconocida es en el mundo, para abrir la puerta a nuevas formas y desafíos.

Los explica así: “he sido platero tradicional, soy cordobés y me crié en la manzana jesuítica.

Por más de 20 años he trabajado en ese estilo y forma, pero siempre he sido estudioso de los diseños de la platería, la textilería, la cerámica. La platería argentina y sudamericana -continúa- es hermosa y tiene mezcla de culturas y trabajos muy elegantes; tal vez la platería tradicional argentina sea la más europea de todas, acaso con la peruana. Pero algo me hacía ruido…”.

Y cuenta: “llegué a un punto en el que me dije cómo puede ser que tengamos el mismo diseño de platería de hace 250 años en Argentina…”.

“Si no innovásemos -añade-, nunca dejaríamos de ser artesanos copistas de otros copistas… Para eso no es necesaria, prácticamente, la creatividad y eso no puede ser. Nuestros antiguos orfebres han sido muy creativos y de ahí nació nuestro estilo barroco, luego barroco andino, etc”.

Puesto a repensar el desafío, argumenta: “la platería debe estar comprometida con la vivencia de cada artesano; cómo puede ser que un artesano de Tierra del Fuego haga igual platería que uno de Jujuy, con leves diferencias. Argentina, en realidad, está impregnada con el estilo rioplatense, si bien luego hay diferentes subculturas como la norteña, la cordillerana, la patagónica. Pero, básicamente, nos distingue lo comercial que es lo rioplatense”.

Finalmente, en su relato a “Río Negro”, Céliz llega al núcleo de la decisión que cambió su vida porque cambió su arte: “entonces me dije que yo quería hacer una platería que sea o exprese lo que soy: un cordobés que vivió 15 años en las sierras y que hace 12 años me vine a vivir a la Patagonia. Soy un hombre del interior, al cabo, y quiero hacer una platería que refleje eso. No estoy diciendo que la platería tradicional deba dejar de hacerse, es muy necesaria, pero digo que es imprescindible explorar otros caminos…”.

Así, desde esa convicción, nació un nuevo platero y a poco de andar comenzó a cosechar los frutos: “apenas comienzo a hacer esta platería comprometida con mis vivencias en la Patagonía, me empiezan a reconocer los museos de este lado del mundo y me invitan para mostrar este trabajo. Esto que me pasó a mi podría ser alentador para otros artesanos…”.

“Antes -abunda Céliz- hacía platería tradicional argentina y ahora hago platería contemporánea argentina, porque la idea es contemporánea aunque la técnica es la misma. Este producto busca la forma de una obra de arte, no persigue la utilidad: un cuchillo, un mate, como en la artesanía utilitaria, es entre tantos el producto de la artesanía platera tradicional, pero la artesanía debe y puede ser mucho más. Es la expresión espontánea de culturas y yo pretendo dar un paso más, hacia una platería que dispare ideas, percepciones, que es lo que hace el arte, en definitiva”.


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