Empleo y turismo: un equilibrio precario en un momento crítico en Bariloche

La ciudad atravesó el año sin los ingresos que genera su principal actividad. Hay ahora una recuperación laboral pero no llega a ser sostenible con las restricciones lógicas de la pandemia. Hay temores de que a mitad de enero se tomen medidas drásticas.

Entre los cuentapropistas que dependen del turismo hay también vendedores ambulantes. Foto: Marcelo Martínez

Entre los cuentapropistas que dependen del turismo hay también vendedores ambulantes. Foto: Marcelo Martínez

La reactivación del turismo abrió oportunidades de empleo que no habían existido mientras el ingreso de viajeros permaneció clausurado durante casi nueve meses por la pandemia de coronavirus. Pero la expectativa de quienes se benefician con ese impulso aparece ensombrecida por la versión de “un nuevo cierre a mitad de mes”, del que muchos escucharon hablar y que prefieren mantener bien lejos.

Algunos de los trabajadores consultados confesaron que la parálisis económica que se inició en marzo pasado les resultó interminable y las estrategias para subsistir fueron a puro endeudamiento. Algunos se atrasaron con el alquiler, otros priorizaron esa obligación y dejaron correr el vencimiento de los servicios por varios miles de pesos. Los que cuentan con tarjeta de crédito la exprimieron al máximo y tienen por delante cuotas que intimidan.

La actividad turística representa casi la mitad del producto bruto geográfico de Bariloche y el cierre absoluto para el ingreso de visitantes que rigió entre marzo y diciembre causó fuerte impacto en el mundo laboral.

Si bien hubo prohibición de despidos, algunos establecimientos pactaron retiros voluntarios con su personal y otros pagaron los sueldos a medias.

Según el sindicato gastronómico, la actividad emplea en forma directa a unos 8.000 trabajadores. Pero la cifra supera los 30.000 si se le suma el empleo indirecto, que abarca a los artesanos, microemprendedores, vendedores ambulantes, artistas callejeros y cuentapropistas de todo tipo, cuyos ingresos dependen en alto grado del flujo turístico.

Las realidades son muy diferentes y el trabajador informal fue el que más padeció la crisis, al punto de que muchos debieron reconvertirse para producir pan, pizzas, hamburguesas caseras, conservas u otros alimentos para vender casa por casa; probar con changas de construcción, de jardinería y combinarlo con la magra asistencia del Estado vía IFE.

La gastronomía fue recuperándose y en diciembre volvió a recibir turistas de manera regular. Foto: Marcelo Martínez

Los que cuentan con trabajo en blanco la pasaron mejor pero también debieron ajustarse porque durante nueve meses solo percibieron el 75% del sueldo. Otra realidad complicada fue la de los trabajadores gastronómicos temporarios, quienes cobraron en promedio un 50%, con importante atraso y después de varias movilizaciones de protesta.

Daniela Ortiz es mucama en el apart Del Lago (Bustillo al 7900), que estuvo cerrado desde marzo hasta fines de noviembre. Ese mes la recibió la convocatoria de su empleador y por primera vez desde que comenzó la pesadilla del coronavirus cobró su sueldo completo. En diciembre trabajó con regularidad y también cobró el 100%, lo cual le permitió “reordenar algunas cuentas”, aunque calcula que recuperar su economía familiar le llevará “varios meses”.

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8.000
trabajadores se estima que trabajan en relación directa con el turismo en Bariloche. La cifra se dispara a 30.000 con el empleo indirecto.

Daniela vive con dos hijos y durante los meses de ingresos recortados tuvo que ajustarse a la fuerza. “Nos arreglamos, pero fue difícil. Hubo que economizar y también endeudarse, porque no quedó otra –señaló–. Ahora todo se empieza a acomodar, pero hay mucha incertidumbre. Necesitamos con urgencia que se active la economía”.

En el apart donde trabaja hay 25 empleados, que rotan para cubrir los turnos. También tuvieron que adaptarse a los nuevos protocolos, con barbijo permanente, ventilación de espacios y limpieza rigurosa. Dijo que la vuelta al trabajo la puso “recontenta” y apuesta a que la continuidad “no se corte”.

Un caso con algunas similitudes es el de Jaime Arriagada, con 17 años como empleado en la sección gastronomía del casino. Para él y sus compañeros 2020 fue especialmente traumático, porque a la pandemia y el cierre de la casa de juegos se sumó la caída del anterior concesionario. “Pensamos que nos quedábamos sin trabajo, pero por suerte pasamos a la nueva empresa y todo se solucionó”, dijo Arriagada.

Contó que lo llamaron para trabajar otra vez en los primeros días de diciembre y desde el 21 de ese mes cumple jornada completa. Eso le permitió también recibir otra vez el sueldo sin quitas del 25%, como le pagaron durante casi todo el año pasado. “La verdad que tenía ganas de volver, para nosotros es muy malo estar parados. Hoy turismo se ve poco, pero el resto de la actividad es casi normal y cuando empieza a haber plata en la calle se nota”, afirmó.

Foto: Marcelo Martínez

La larga inactividad le generó obvias preocupaciones porque “el dinero no alcanzaba”, tuvo que achicar gastos y sumó algunos pesos extra “con changas de herrería”.

Uno de los sectores más dinámicos en materia de generación de empleo son los bares y cervecerías, donde consiguió empleo hace pocas semanas Antonieta Vezza. Pasó un invierno difícil y deprimente, pero ya logró encaminar otra vez su panorama laboral, al punto de que le surgieron varias oportunidades juntas y casi no duerme.

Hasta marzo trabajó como ayudante de fotografía en las excursiones lacustres de Turisur. El 15 de ese mes la empresa los reunió para decirles que no había más trabajo hasta nuevo aviso. Antonieta estaba con “contrato de servicios”, como monotributista, y se quedó sin ingresos.

Desde entonces, afrontó las obligaciones como pudo, sin cobrar el IFE y con muchas dudas sobre el presente y el futuro. Hizo escabeches para vender y comenzó a dar clases de fotografía.

Cuando la llamaron para la entrevista en el bar, se aferró a esa posibilidad, dispuesta a no largarla por nada del mundo. Luego Turisur volvió a navegar y también la convocaron. “Después de ocho meses sin trabajar ahora doy clases tres días por semana, otros dos días voy al barco y a la tarde toda la semana trabajo en el bar, salvo algún franco. Además manejo redes para empresas que hacen ventas online, algo que creció durante la pandemia”, repasó casi sin respirar.

Dijo que si bien la exigencia es mucha no está en situación de relegar nada. Por un lado pesan las deudas acumuladas y por otro la incertidumbre de no saber “cuándo se cierra todo otra vez”. Antonieta, rosarina de origen, está dispuesta a “bancarse” así un tiempo más y si al cabo de tres o cuatro meses todo se estabiliza elegirá qué trabajo mantener y cuál dejar de lado.

La crisis que parecía interminable también afectó a quienes suelen manejarse con ingresos esporádicos y debieron adaptarse a los tiempos de cuarentena.

Los servicios destinados al público turístico prestados en general por trabajadores cuentapropistas componen un amplísimo abanico y también comenzaron a salir de letargo obligado por la pandemia. En el lago Gutiérrez ya es un clásico el puesto de alquiler de kayaks de Adrián Volpini, que trabaja en el rubro desde hace una década.

Dijo que este año empezó más tarde porque “sin turismo no valía la pena abrir”. En los últimos días de diciembre ya se instaló en la playa y trabajó algo con clientes locales, pero a partir del 1 de enero la demanda se multiplicó, con turistas en su gran mayoría.

El martes a la tarde los interesados tenían esperas de una hora para arrendar un kayak. Volpini dijo que trabajan cuatro personas y que “las condiciones cambiaron bastante”. Aunque se trata de una actividad al aire libre, se preocupan por cumplir con todos los protocolos, pero “la gente no se cuida mucho”.

Además de trabajar con los kayak Volpini es instructor de esquí y el invierno pasado casi no trabajó. “Estuvo bravo, las pocas clases que pude dar fueron para pagar el pase”, aseguró.

Frente a la playa de Los Coihues funciona Mataró, una cervecería en la que trabaja una familia completa (los padres y sus dos hijos) y recién este mes abrió de lunes a domingo, antes lo hacía solo los fines de semana. Cecilia (la madre), dijo que con la llegada del turismo “es todo distinto” y se recicla la “esperanza” de tener una temporada lo más cercana posible a la normalidad.

Miriam Bustos es microemprendedora y trabaja desde hace años en la feria “Ecosureños” ubicada en el Centro Cívico. Su mirada es menos optimista. Dijo que las ventas “se movieron un poquito en Navidad, más que nada con público local”, volvieron a caer en el fin de semana de Año Nuevo y en los últimos días comenzó a sentirse algo el consumo turístico.

“No es una temporada con ventas explotadas, uno sabe que eso no va a pasar. Pero movimiento de gente hay, cualquiera lo puede ver –explicó–. Lo que nos mata es la ausencia de turistas extranjeros. Los argentinos compran mucho menos y todo pinta que el verano va a ser como una baja temporada de las de antes, muy floja”.

Cuando vuelven a entrar recursos la economía se regenera

La inyección de recursos que produce el gasto turístico no solo multiplica el trabajo en forma directa, sino que también ese dinero recircula en la economía local y los mismos barilochenses, con dinero en el bolsillo, consumen de otro modo.

Max Fuentes vende churros en la ruta 82, en el ingreso a Los Coihues, y aseguró que ese efecto es inmediato.

En estos días me empezaron a comprar algunos turistas, me doy cuenta por los acentos, pero también tengo muchos clientes de acá, que son como fijos. Mi tope ideal es vender unas 15 docenas diarias y muchas veces no llego porque todos te saludan pero te das cuenta de que no hay plata –diagnosticó–. En cambio ahora eso empezó a cambiar: todos trabajan más, cobran y gastan. Y por supuesto tiene que ver con el turismo”.

Una recuperación que no llega a cubrir la totalidad del gasto salarial

A pesar de la reaparición del turismo, las empresas de hotelería aseguran que la autonomía para afrontar el pago de salarios del personal todavía no la tienen asegurada y pretenden que el Estado extienda la ayuda vía programa ATP, como la que recibieron entre abril y diciembre.

Por ese mecanismo, el 50% de los salarios de cada trabajador fue cubierto con fondos públicos y el privado puso otro 25%, mientras los establecimientos estuvieran cerrados. Desde que abrieron, los salarios deben ser liquidados al 100% y la continuidad del aporte ya no estaría asegurada.

Nelson Rasini, secretario general del sindicato gastronómico, criticó por un lado a los hoteles de hasta tres estrellas porque retacean un aumento de sueldos ya pactado con los hoteles de mayor categoría a nivel nacional y recuerda que el Estado desplegó en Bariloche ayuda al sector por 309 millones de pesos, pero por otro sumó su reclamo a la prórroga de los ATP.
Señaló que la recuperación será lenta y “nadie sabe lo que va a pasar a partir de enero”.

También los microemprendedores de la feria Ecosureños observan con suma cautela la temporada turística de “baja intensidad”, que les impediría cumplir el hábito de acumular con las buenas ventas de enero y febrero para tener luego con qué reponer insumos y sortear “la baja”. Miriam Bustos, una de las referentes, señaló que a pesar de la incipiente reactivación, no están en condiciones todavía de prescindir de la ayuda del Estado.

Dijo que durante la cuarentena “la gente se la rebuscó como pudo”, unos pocos cobraron el IFE, “que igual no alcanza para casi nada”, y necesitarían una asistencia más sólida por parte del Estado hasta poder regularizar su actividad.


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