EN CLAVE DE Y: Mudanza

MARIA EMILIA SALTO

Delante mío, y con absoluta imposibilidad de pasarlo, el camioncito traqueteaba ondeando maderas, caños, telas. Hasta que traduje tales materiales en su composición real: una cama matrimonial, una mesa, frazadas, colchones, bolsas de consorcio llenas de protuberancias…

Una ruta súper transitada, horario pico, rotonda a la vista… convendrá conmigo que no eran las mejores condiciones para atisbar esa intimidad exhibida impunemente. Fue un auténtico riesgo seguir en medio del caos automotor y a la vez, no poder dejar de suponer ese hogar en tránsito, quiénes vivirían, cómo, si bien cómo estaba claro en la precariedad del propio camioncito, la desnudez de cada mueble, de cada objeto que habrá vestido -vestirá- un hogar.

(Entonces el Pelado Cordera pidió silencio con un simple gesto de la mano. Y se adelantó otro Bersuit, un ruludo, solo con su guitarra. Y aunque veníamos de «Se viene el estallido» y «Murguita del sur», coreadas, gritadas, saltadas, cuando empezaron los acordes conocidos hicimos un silencio religioso: «Mi casa era un abrazo con aromas / afuera el mar oleaba en adoquines / por suerte había chapas que en la siesta / hacían que llover no fuera triste./ Y hablo de mi casa, nunca nuestra / mudándonos de barrio sin opciones / a la hora de movernos, qué increíble/ imaginar un mundo en los camiones»… Le juro, podíamos ver al pibe surgiendo del ruludo, su historia de pibe humilde, mientras el Pelado, que no tiene vergüenza, se acercaba y le ponía la mano sobre el hombro y aunque era todo show -¿o no?- un nudo se nos formaba en la garganta).

Ojalá no llueva, porque este camioncito ni lona tiene, y esas frazadas, esas almohadas y la mesita de luz y… ¿qué es eso? Por el costado flamea algo. Algo chiquito y gordo. ¡Un osito! Es un osito y en un rato se va al diablo. Tengo que avisarle al conductor, pensé, y acto seguido traté de ponerme a la par. Otra invitación al desastre: podía ver que nos acercábamos a la rotonda, esa a la que todo el mundo quiere entrar primero. Lo logré. Por segundos, lo logré, fui pasando el cachuzo letrero «Mudanzas El Rápido», ya estaba a la par del osito cada vez más afuera, ya estaba mirando a un tipo que fumaba impertérrito, entonces le toco bocina, no da bola, otra vez, me mira, señalo hacia su carga, echa una ojeada por el espejo, todo bien, concluye, porque me fulmina de impaciencia, yo que deletreo O-S-I-T-O y el tipo que no entiende nada y ahí dobló para otro lado y yo estaba desesperada porque ese juguete, si había sido cargado, era porque algún pibe, alguna niñita, lo abraza de noche, es su casa, su casa real entre el tembladeral de mudanzas. Y este insensible lo va a dejar caer…

(«Mi hermano heredándome la pilcha / aquélla que vistió también a un primo / Así fue que aprendimos el secreto /de compartir los parches y el camino». Y a esta altura susurrábamos la letra, acompañábamos al rulado que ni nos miraba, ¿miraba para su alma?, y el inescrupuloso del Pelado movía la cabeza, le acariciaba los rulos, suspiraba, pero el espectáculo lo registraba una memoria que opera ahora. En ese momento todos lo hubiéramos invitado al pibe a vivir en nuestra casa y no mudarse más y acompañarlo a la escuela y comprarle alguna remera nueva.)

Santo protector de las mudanzas, no dejes que se caiga el osito; que duerma con su dueño, que abrace a su dueña o esta noche alguien va a llorar mucho y ese llanto resonará toda su vida.

(«Jamás podré elogiar a mi pobreza / tan sólo es el cristal de mi pasado /que suena como copa en esta noche / y abraza con su vino destapado»… Y el ruludo hizo una breve reverencia, bajó su guitarra y entre los emocionados aplausos ya el infame del Pelado largaba a los gritos los primeros compases de «El viejo de arriba» y a otra cosa.)

Ahora, delante mío, iba una cuatro por cuatro polarizada.

 

MARIA EMILIA SALTO

bebasalto@hotmail.com


Delante mío, y con absoluta imposibilidad de pasarlo, el camioncito traqueteaba ondeando maderas, caños, telas. Hasta que traduje tales materiales en su composición real: una cama matrimonial, una mesa, frazadas, colchones, bolsas de consorcio llenas de protuberancias...

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