En Río Negro se realizó la mayor liberación de cóndor andino de la Argentina

Fueron 7 ejemplares de una especie de ave que está amenazada. Algunos habían sido intoxicados y fueron rehabilitados. Otros nacieron por incubación artificial.




Es el retorno del cóndor al mar. Días atrás, se llevó a cabo la liberación de cóndores más grande realizada en la Argentina  hasta el momento. Siete cóndores andinos empezaron a volar en la zona de Sierras Paileman, en el departamento Valcheta, provincia de Río Negro. El acontecimiento fue realizado con ceremonias ancestrales de pueblos originarios. 

La liberación se hizo en el marco del Programa Binacional de conservación del Cóndor Andino Chile-Argentina, una iniciativa que cuenta con apoyo del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación. Contó con la participación de diferentes organizaciones no gubernamentales. 

Durante la ceremonia de liberación también participaron por la provincia de Río Negro, Dina Migani, secretaría de Ambiente y Cambio Climático y Federico Hollmann, subsecretario Biodiversidad y Cambio Climático. Luis Jácome, presidente de la Fundación Bioandina Argentina y director del Proyecto Conservación Cóndor Andino, también estuvo presente.

Niñas y niños participaron en ceremonias ancestrales de pueblos originarios durante la suelta de las aves.

Cada uno de los 7 ejemplares de la especie de cóndor Vultur gryphus que volvieron al entorno natural tienen diferentes historias de rescate y superación. Piuque Wenú (que significa “gran corazón”) fue rescatada por personal del Parque Nacional Nahuel Huapi, en Villa La Angostura, Neuquén. Había sido intoxicada por la ingesta de balas de plomo y luego rehabilitada en el Ecoparque de Buenos Aires.

Otro ejemplar rescatado es Kurruf (viento), gracias a miembros de la Estación de Fauna Autóctona de Salta y rehabilitado posteriormente en el bioparque Temaikèn. Por su parte, Tayel (canto sagrado), proveniente de ese mismo bioparque, fue incubada artificialmente y criada con asistencia de títeres de látex en el mencionado Ecoparque porteño. 

También fue incubado y criado en el Ecoparque la hembra Mawun (lluvia), que provino de Olavarría, del bioparque La Máxima. En ese espació nació Lihuen (luz de vida). Otro ave liberada fue Kume Feleal (buen vivir), nacida en Temaikèn y criada en aislamiento humano en ese Ecoparque. La lista se completa con Pachamama (madre tierra), nacida y criada en ZooParc de Beauval, Francia.

Entrevistada por RIO NEGRO, Betania González, directora nacional de Biodiversidad en la Secretaría de Política Ambiental en Recursos Naturales del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, resaltó la importancia de la iniciativa de conservación de los cóndores. 

Durante la ceremonia de liberación, participaron Dina Migani, secretaría de Ambiente y Cambio Climático, y Federico Hollmann, subsecretario Biodiversidad y Cambio Climático de la provincia de Río Negro.

“La reintroducción del cóndor andino, cuyo nombre científico es Vultur gryphus, en el ecosistema es de gran importancia ya que cumple un rol ecológico vital. Es el rol común de todas las especies de  buitres.  Por su dieta carroñera, eliminan posibles fuentes de contaminación o infección, beneficiando la salud de los ecosistemas y la de los humanos”, afirmó González, quien es licenciada en gestión ambiental. 

“Al remover toneladas de material orgánico de la naturaleza, las poblaciones de cóndores realizan un servicio ecosistémico valuado en miles de dólares anuales. En los lugares donde las carroñas no son eliminadas de forma eficiente por escasez o ausencia de buitres, puede ocurrir un aumento de carroñeros facultativos que podrían ser transmisores de enfermedades”, señaló.

Los grandes buitres, como el cóndor andino, pueden abrir cueros duros de grandes animales permitiendo el acceso a carroñeros más pequeños. Además, cuando este recurso está disponible en el campo puede haber procesos de facilitación en los que la llegada de una especie a la carroña permite la llegada de otras especies porque aumenta la posibilidad de detección del recurso. Además, “las reintroducciones o suplementaciones poblacionales pueden recomponer relaciones interespecíficas, restaurando funciones ecológicas y ecosistemas”, comentó.

Las acciones de conservación tienen que ser acompañadas por medidas que mitiguen las amenazas que afectan la supervivencia de las especies. En este sentido, la cartera de Ambiente, a cargo de Juan Cabandié, también trabaja en el relanzamiento de la Estrategia Nacional contra el Uso de Cebos Tóxicos.  Se trata de un plan conjunto que cuenta con la colaboración de la Fundación Bioandina Argentina para promover medidas contra el uso ilegal de cebos tóxicos en el país. Busca aportar herramientas para la conservación de la población del cóndor.

“La ingesta accidental de cebos tóxicos es hoy la mayor amenaza a la que se ve expuesta el cóndor andino. Esto ocurre por su biología de carroñero: puede alimentarse de restos de animales previamente intoxicados por esos cebos”, explicó González. Se han registrado muertes masivas de la especie por la toxicidad de los cebos que fueron colocados con el objetivo de controlar grandes carnívoros que afectan, por ejemplo, la producción ganadera en alguna zona.

En los últimos años pudo registrarse un promedio de 29 ejemplares de cóndor afectados por cebos tóxicos, a partir de los cuales pudieron realizarse estudios toxicológicos e identificar a las sustancias carbofuran y paratión, que son utilizadas comúnmente como pesticidas. 

Durante este año, se han registrado cuatro ejemplares con signos de envenenamiento: uno en la localidad de El Caín, en la provincia de Río Negro, y tres en la ciudad de Chos Malal, en la provincia de Neuquén.

“El objetivo de la iniciativa contra el uso de cebos tóxicos es trabajar junto con las autoridades ambientales y otros actores relevantes de las catorce provincias argentinas con distribución de esta especie amenazada para llevar adelante políticas públicas ambientales”, precisó.

“Se apunta a mejorar la detección y el tratamiento de los casos de envenenamiento. También se quiere  minimizar el riesgo para el personal que interviene”, contó l a funcionaria. El plan también está orientado a generar un conocimiento más preciso de los sitios de mayor conflicto para orientar los esfuerzos de conservación y las tareas de difusión y educación en las comunidades.


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