Encuestas dudosas

Por Redacción

Una razón por la que la campaña electoral está resultando ser tan extraordinariamente confusa consiste en que las distintas encuestas de opinión han estado arrojando resultados insólitamente diferentes. Según algunas, como las de Ipsos-Mora y Araujo y de Enrique Zuleta y Asociados, el candidato oficial Néstor Kirchner ya se ha alejado de sus rivales, de manera que parece probable que suceda a Eduardo Duhalde en la Casa Rosada, mientras que otras encuestas, entre ellas la de Hugo Haime y Asociados, nos aseguran que Carlos Menem ha tomado la delantera. Asimismo, algunas hacen pensar que Ricardo López Murphy está avanzando a un buen ritmo después de un comienzo poco promisorio, que Elisa Carrió ha recuperado una parte del terreno que presuntamente perdió cuando daba a entender que no se presentaría y que Adolfo Rodríguez Saá podría hacer una mejor elección de lo que se supone. Otra anomalía tiene que ver con la contradicción ya famosa entre aquellas encuestas que insinúan que si bien la mayoría jura y rejura que no votaría jamás a Menem, los más prevén que será el próximo presidente de la República, contradicción que ha servido para dar pie a teorías en torno del voto vergonzante, como si por algún motivo los menemistas no se atrevieran nunca a hablar de sus preferencias reales.

Puesto que son reducidas las diferencias que conforme a los sondeos separan a los cinco candidatos principales, que el margen de error en las encuestas suele ser de varios puntos y, de todos modos, mucho podría ocurrir para cambiar la situación en éste, el mes final de la campaña, es de suponer que todas las empresas sondeadoras se esforzarán por acercarse a lo que realmente está ocurriendo con la esperanza de quedar bien paradas la noche del 27 de abril. Sin embargo, si de ahora en adelante los resultados difundidos propenden a converger, esto no podría sino intensificar las sospechas acerca de su veracidad anterior cuando en algunos casos las diferencias han sido tan notables que sería difícil atribuirlas a nada más que al azar o a metodologías distintas. Como es natural, el favoritismo aparente de algunas encuestas ha motivado la acusación de que los responsables estaban más interesados en incidir en la evolución de la campaña mostrando triunfante a su candidato favorito que averiguar el estado de la opinión pública en un momento determinado. En ciertos casos, tales acusaciones se habrán justificado, pero a menos que sigan profetizando triunfos épicos hasta las vísperas mismas de los comicios, no habrá ninguna forma de distinguir a las empresas serias de las demás.

En nuestro país, como en el resto del mundo, ya es rutinario que los resultados auténticos de las elecciones sean bastante distintos de los previstos, realidad que ha perjudicado mucho a empresas prestigiosas y, en algunos países, ha dado lugar a leyes destinadas a regularlas o a impedir que se difundan sus vaticinios en los días previos a la apertura de los cuartos oscuros. Sin embargo, aunque no cabe duda de que a menudo una presunta encuesta es meramente un arma psicológica esgrimida por los colaboradores de un candidato específico que desea hacer creer que está en condiciones de triunfar, las diferencias que se registran entre las previsiones y los resultados parecen deberse a que en la actualidad son muchos los no comprometidos o independientes que sólo a último momento deciden votar por un candidato. Puesto que las viejas ideologías movilizadoras ya no son poderosas como antes, las lealtades partidarias se han debilitado y con escasas excepciones los candidatos serios suelen afirmarse moderados centristas, que esto haya ocurrido es perfectamente lógico, lo cual es una mala noticia para aquellas empresas cuyos ingresos dependen de su supuesta capacidad para predecir con exactitud lo que sucederá en el futuro. Después de todo, cuando a casi un mes de una elección presidencial los cinco candidatos principales están separados por menos de diez puntos, de producirse un cambio de opinión por parte de una minoría de indecisos se modificaría drásticamente el panorama frente al país, para beneficio de aquellas consultoras que, por suerte o por haber trabajado bien en un instante clave, hayan conseguido aproximarse más que sus rivales a los resultados definitivos.


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