El avance de la IA y las tensiones internacionales definirán el futuro de la energía, indicó Shell
Un nuevo informe de Shell aseguró que el desarrollo de la Inteligencia Artificial y las crecientes tensiones internacionales serían claves para el futuro de la energía. Además, planteó tres distintos escenarios de cara a la transición energética.
El avance de la Inteligencia Artificial (IA) y de las tensiones entre los países potencia prometen pisar fuerte de cara al futuro del sector energético. Así lo afirmó Shell en su informe The 2026 Energy Security Scenarios: Challenges to the transition. Planteó tres posibles escenarios para el futuro, frente al objetivo de acabar con las emisiones de dióxido de carbono.
Mientras el mundo se acerca a un calentamiento de 1,5 °C por arriba de los niveles preindustriales, los países se esfuerzan en impulsar su economía y garantizar su seguridad nacional, así como su competitividad comercial. En este contexto, existirían dos factores clave que orientarán el futuro de la transición hacia las energías renovables.
El informe plantea que el desarrollo de la economía mundial en las próximas dos décadas es incierto, debido a las grandes tensiones internacionales, pero existe la posibilidad de una «fortaleza renovada» impulsada por la IA, que podría transformar el panorama para el rubro de la energía.
Los tres escenarios que propone la compañía británica no se tratan de pronósticos, sino más bien una exploración de cómo podría evolucionar el mundo bajo ciertos supuestos. Estos son Archipiélagos, donde los países se centrarían en su propia seguridad nacional; Surge -podría traducirse como Oleada-, que refleja el potencial transformador de la IA; y Horizon –Horizonte-, en el que se intenta pensar de que manera se podría limitar el calentamiento global a 1,5°C para el 2050.
La revolución de la IA para la transición energética
El constante avance de la IA permitiría un periodo de mayor crecimiento económico para los distintos países, pero también una mayor demanda de energía, así como una rápida transformación en la sociedad. Durante la década de 2030, sería fundamental para la infraestructura global en el ámbito tecnológico. Este es el escenario denominado Surge.
La IA podría impulsar un crecimiento a pasos agigantados para el desarrollo de la energía, lo que marcaría un cambio para los proyectos a gran escala. Con el aceleramiento la producción de componentes, como los módulos, esta tendencia que se expandiría rápidamente «para la energía solar fotovoltaica, baterías de redes eléctricas, electrólisis de hidrógeno, bombas de calor», entre otras innovaciones, señaló Shell.
En este posible futuro, la compañía auguró que «El cambio acelerado hacia la electricidad y el rápido despliegue de infraestructura energética modular reduciría las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) desde principios de la década de 2030». Sin embargo, la meta de emisiones cero recién se alcanzaría en 2080, y para 2100 la temperatura global habría aumentado aproximadamente 2,0°C. a comparación de los índices preindustriales.
Una transición desigual en un mundo dividido
«En un mundo de fragmentación política y desconexión entre las naciones, las pérdidas de eficiencia económica pueden acumularse, lo que lleva a un menor crecimiento general» expuso la compañía. Esta tendencia, que comenzó con la crisis financiera de 2008, se vio impulsada por la pandemia mundial de 2020 y la invasión de Rusia a Ucrania en 2022.
El escenario denominado Archipiélagos, como sugiere su nombre, plantea una posible vía donde los países actuarían cada vez de manera más aislada, llevando a una baja del crecimiento económico a nivel mundial. «Para finales de la década de 2020, los países desarrollados y ricos enfrentarían una mayor competencia comercial, la erosión de su hegemonía y un expansionismo militar agresivo en un momento en que las arcas están vacías tras la pandemia global» proyectó Shell.
El avance de China es de enorme relevancia, ya que se posiciona como un país líder en tecnología, y proveedor de infraestructura eléctrica, especialmente de la energía solar y almacenamiento de baterías. Aunque el gigante asiático no reemplazaría a Estados Unidos en su rol de ejercer la hegemonía global, sí reconfiguraría los términos del comercio, la tecnología y la diplomacia internacional.
Así es como los demás países se encontrarían en un mundo cada vez más «transaccional y oportunista». La transición a energías renovables continuaría, pero la meta llegar a las cero emisiones de CO2 para 2050 no sería prioridad, y solo las tecnologías energéticas verdaderamente competitivas o estratégicamente beneficiosas lograrían prosperar.
¿Se puede pensar en un futuro verde?
En el tercer escenario, Horizon, más que hacer un pronóstico, se intenta pensar en qué medidas deberían realizarse para acabar con las emisiones de CO2 para 2050 -lo que no se lograría en los otros dos escenarios- y limitar el calentamiento global a 1,5°C para fines del siglo XXI. Un marco político integral, acompañado de un fuerte apoyo sociopolítico serían necesarios para una rápida transición energética.
Desde el inicio, se establece que no pudo cumplirse la meta de reducción de emisiones de CO2 propuesta en el Acuerdo de París de 2015, debido a que la prioridad de la política internacional durante la última década fue cuidar los precios y suministros de energía. Si se espera cumplir con el escenario Horizon, el cambio debería ocurrir en un futuro inmediato.
En este futuro alternativo, sería fundamental la presión de la ciudadanía hacia los gobiernos, ya que de esta manera «los políticos seguirían su ejemplo, y adoptarían políticas amigables con el clima para asegurar su apoyo, especialmente entre los jóvenes» se reflexionó en el informe.
Sin embargo, para que sea posible este escenario, los esfuerzos que se están llevando a cabo para evitar superar el umbral del 1,5°C global deberían ser considerablemente mayores, y por ende «podrían no ser técnicamente viables sin intervenciones adicionales significativas por parte de los gobiernos» aseguró la compañía.
El futuro para Argentina
En el informe de Shell no se menciona de manera explícita cual podría ser el futuro próximo para Argentina. Aun así, se puede esperar un margen favorable para el rubro nacional de los hidrocarburos, a partir la demanda de energía desde el plano internacional.
El país se orienta a ser protagonista regional en la producción de gas natural, acompañado de iniciativas a mediano plazo para realizadas exportaciones a gran escala, como las encabezada por Southern Energy, o el proyecto Argentina LNG de YPF. Mientras tanto, el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) también se consolida.
A escala mundial, se espera que la demanda de petróleo crezca entre 3 y 5 millones de barriles diarios hasta la década de 2030, momento en el que comenzaría un lento descenso. La demanda del gas crecería cerca de un 10% hasta 2040.
Cada año, la inversión global en hidrocarburos es de un promedio de 550 mil millones de dólares. Según la compañía, esta cifra seguirá vigente durante varias décadas, pero «solo los recursos más competitivos en términos de costo, riesgo e intensidad de carbono atraerán capital».
El avance de la Inteligencia Artificial (IA) y de las tensiones entre los países potencia prometen pisar fuerte de cara al futuro del sector energético. Así lo afirmó Shell en su informe The 2026 Energy Security Scenarios: Challenges to the transition. Planteó tres posibles escenarios para el futuro, frente al objetivo de acabar con las emisiones de dióxido de carbono.
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