“Ensayo sobre políticas de Estado en seguridad”
Han pasado tres largos años del actual gobierno y se sigue improvisando en el programa de Seguridad en la provincia. Los CLSC brillan por su ausencia y, cuando logra alguno reunirse, sólo hacen catarsis tanto los vecinos como las autoridades que deberían llevar la solución a la problemática que es común en toda la provincia, y no se logra avanzar para beneplácito de la sociedad. Con gran incertidumbre y desazón la sociedad observa como, desde el gobierno nacional, proponen y publicitan subsidios como si fuera una contraprestación laboral legítima el pagarles un sueldo, vacaciones y aguinaldo a los presos, máxime que hasta se han agremiado. Lo mismo sucede con la propuesta de otorgarles a los transexuales un sueldo de 8.000 pesos. ¿Cómo se entiende esto? ¿Cuál es el mérito? Mientras un obrero o jubilado no gana la mitad de ese importe y le pone el hombro al país, el gobierno hace de las suyas como en el reino del revés, sólo se espera que el “Gordo” Valor o Robledo Puch no pidan retroactividad a esa conquista disfuncional, a costa de los ciudadanos de bien. La Casa de las Leyes no debería aprobar un presupuesto que se ajuste a ilegalidades, a ilegitimidades del régimen gobernante que beneficien a sectores disfuncionales. ¿ Eso es lo que denominan política de Seguridad?, en que se les otorgan beneficios y derechos a los delincuentes mientras la sociedad toda sigue desprotegida. Lo que pasa en Nación languidece, se transmite y multiplica en las provincias. Inoperancia total. ¿Cuándo atacaremos las causas del delito?, como predican los modernos analistas que coinciden con el papa Francisco en que hay que poner énfasis en la educación, formal y no formal; es decir hacer un modelo de niño, de adolescente, de adulto, para que cuando anciano se goce de una elevada calidad de vida. Los cultores de este predicamento sostienen que es imposible reducir el fenómeno delictual abruptamente. Lo que está, está y hay que tolerarlo mal que nos pese; es el resultado de generaciones que nos precedieron. Sólo nos queda planificar a largo plazo por metas progresivamente; con una reformulación y articulación de políticas públicas acordes al fin buscado. Pero se debe empezar ya. Esto es sin soslayar premisas de la ciencia política. Sólo se espera que los futuros gobernantes tengan la voluntad de aunar esfuerzos y satisfacer el clamor social y procurar ser un estadista de excelencia, convocar a idóneos y asegurar una gobernabilidad superadora. Desempolvemos manuales y enciclopedias sobre este fenómeno que nos llena de incertidumbre y apliquemos el predicamento de planificar a largo plazo y articular la seguridad con otras políticas públicas, acentuando los contenidos en cada uno de los programas de su incumbencia, en una tarea mancomunada, escuela, familia y sociedad, la única privilegiada, tal vez recurriendo a dogmas religiosos como la bondad, la misericordia, desterrando la desaprensión y exigiendo a las agencias del Estado la eficacia en sus respectivos roles. Como decía Comte, “hacer una nueva sociedad pero con bases o valores tradicionales”. Busquemos formación, normativa y funcionalismo para beneplácito de futuras generaciones. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
Han pasado tres largos años del actual gobierno y se sigue improvisando en el programa de Seguridad en la provincia. Los CLSC brillan por su ausencia y, cuando logra alguno reunirse, sólo hacen catarsis tanto los vecinos como las autoridades que deberían llevar la solución a la problemática que es común en toda la provincia, y no se logra avanzar para beneplácito de la sociedad. Con gran incertidumbre y desazón la sociedad observa como, desde el gobierno nacional, proponen y publicitan subsidios como si fuera una contraprestación laboral legítima el pagarles un sueldo, vacaciones y aguinaldo a los presos, máxime que hasta se han agremiado. Lo mismo sucede con la propuesta de otorgarles a los transexuales un sueldo de 8.000 pesos. ¿Cómo se entiende esto? ¿Cuál es el mérito? Mientras un obrero o jubilado no gana la mitad de ese importe y le pone el hombro al país, el gobierno hace de las suyas como en el reino del revés, sólo se espera que el “Gordo” Valor o Robledo Puch no pidan retroactividad a esa conquista disfuncional, a costa de los ciudadanos de bien. La Casa de las Leyes no debería aprobar un presupuesto que se ajuste a ilegalidades, a ilegitimidades del régimen gobernante que beneficien a sectores disfuncionales. ¿ Eso es lo que denominan política de Seguridad?, en que se les otorgan beneficios y derechos a los delincuentes mientras la sociedad toda sigue desprotegida. Lo que pasa en Nación languidece, se transmite y multiplica en las provincias. Inoperancia total. ¿Cuándo atacaremos las causas del delito?, como predican los modernos analistas que coinciden con el papa Francisco en que hay que poner énfasis en la educación, formal y no formal; es decir hacer un modelo de niño, de adolescente, de adulto, para que cuando anciano se goce de una elevada calidad de vida. Los cultores de este predicamento sostienen que es imposible reducir el fenómeno delictual abruptamente. Lo que está, está y hay que tolerarlo mal que nos pese; es el resultado de generaciones que nos precedieron. Sólo nos queda planificar a largo plazo por metas progresivamente; con una reformulación y articulación de políticas públicas acordes al fin buscado. Pero se debe empezar ya. Esto es sin soslayar premisas de la ciencia política. Sólo se espera que los futuros gobernantes tengan la voluntad de aunar esfuerzos y satisfacer el clamor social y procurar ser un estadista de excelencia, convocar a idóneos y asegurar una gobernabilidad superadora. Desempolvemos manuales y enciclopedias sobre este fenómeno que nos llena de incertidumbre y apliquemos el predicamento de planificar a largo plazo y articular la seguridad con otras políticas públicas, acentuando los contenidos en cada uno de los programas de su incumbencia, en una tarea mancomunada, escuela, familia y sociedad, la única privilegiada, tal vez recurriendo a dogmas religiosos como la bondad, la misericordia, desterrando la desaprensión y exigiendo a las agencias del Estado la eficacia en sus respectivos roles. Como decía Comte, “hacer una nueva sociedad pero con bases o valores tradicionales”. Busquemos formación, normativa y funcionalismo para beneplácito de futuras generaciones. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
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