Entre el agua salada y la contaminada

En ciudades turísticas de la costa bonaerense se observan impactantes afiches con una imagen de Jorge Sobisch mejorada a fuerza de tecnología y programas informáticos. En Mar del Plata están montadas, desde principios de enero, algunas gigantografías que promocionan a un gobernador que está en retirada, pero lanzado a lograr un objetivo inalcanzable en una competencia nacional.

La propaganda sobischista del verano tiene, además, otros costosos ingredientes. Los equipos de campaña del gobernador contrataron una avioneta que sobrevuela las playas del más popular de los balnearios de nuestro país y arrastra un cartel con la leyenda «Sobisch presidente». También emplearon a un pequeño ejército de promotoras que reparten volantes en calles estratégicas. Y para trasladar gente del aparato partidario sumaron vehículos del tipo utilitario, siempre con la imagen del candidato que luce bastante más joven.

Sobisch no ha sido claro en ningún momento sobre el origen de los fondos que utiliza para financiar esta estructura con la que intenta darse a conocer en el nivel nacional. Cada vez que se lo consultó sobre este asunto, el gobernador ofreció respuestas esquivas. Y en alguna que otra ocasión formuló incomprobables aseveraciones, al estilo de «son aportes privados».

El verano en la playa es fantástico para quienes pueden disfrutarlo. La combinación de agua salada, arena y diversión atrae como un imán. Mar del Plata, especialmente en enero, es una muestra en escala del país y también atrae con magnetismo a políticos que buscan votos en años electorales. Ningún dirigente lanzado a una competencia pierde oportunidad de visitar, aunque sea por unas horas, la ciudad que los turistas invaden durante enero y febrero.

Para sostener su berretín, Sobisch también lo está haciendo. Pero mientras piensa en Mar del Plata y no repara en gastos salados para garantizar su futuro político, en la ciudad de Neuquén el agua dulce no abunda en las canillas, como ocurre todos los veranos desde hace mucho tiempo. Y en sitios donde el agua parece no faltar, como sucede en Añelo, hay problemas con la calidad.

En la capital se agravan los problemas de abastecimiento por la expansión de una ciudad que no planifica desde hace tiempo su crecimiento. El servicio del EPAS es ineficiente en la mayoría de los barrios y las protestas de los vecinos se multiplican año tras año cuando el verano se instala con sus temperaturas de fuego.

El gobierno se encontró esta semana con un conflicto imprevisto cuando la población de Añelo cortó los accesos a la localidad y a ricas áreas de explotación hidrocarburífera para pedir agua potable.

El detonante fue un informe elaborado por profesionales del área de Salud de la localidad que confirmó un problema sobre el que ya había sospecha. Los estudios detectaron que el líquido estaba contaminado con materia fecal y advertían la ausencia de cloro, un ingrediente que se usa para transformar al agua de los ríos de la región en apta para el consumo humano.

Finalmente, la pacífica vecindad de Añelo puso límite a un extenso rango de tolerancia y reclamó obras ya comprometidas por el gobierno de Sobisch para terminar con el viejo problema de saneamiento.

Frente al conflicto, el gobierno reaccionó con una fórmula conocida: negó el problema principal, el de la contaminación del agua.

«No hay problema con el agua», dijo Sobisch desde Villa La Angostura cuando este diario lo consultó sobre el conflicto, el día en que celebraba su cumpleaños.

El ministro de Empresas Públicas, Alfredo Esteves, reforzó la hipótesis e insistió en que el agua que beben los vecinos de Añelo es de buena calidad y dijo que sólo el EPAS la empresa provincial de saneamiento está autorizado a evaluar la potabilidad.

Tras estos dos mensajes dirigidos a desacreditar los estudios efectuados por los médicos de Añelo, entraron en acción funcionarios de responsabilidad directa sobre el problema. Horacio Carvalho, jefe del EPAS, también relativizó la fidelidad de las muestras y cuestionó los resultados de los análisis obtenidos por los médicos.

Luego el gobierno hizo jugar la carta más fuerte, la de Salud. El subsecretario del área, Alejando González Vottero, salió directamente a desautorizar a su propia gente. En un comunicado oficial, el funcionario dijo: «Ninguna de las muestras de agua que hemos tomado Salud Pública y el Ente Provincial de Agua y Saneamiento han demostrado la presencia de la bacteria escherichia coli, que es la que determina con certeza la presencia de materia fecal».

La declaración de González Vottero enfureció a los médicos que están en el campo de batalla.

«Yo hice los cultivos y de seis muestras tomadas durante mi gestión cuatro indicaron la presencia de bacterias coliformes. ¡Y ahora salen a decir que el agua es potable!», se defendió y protestó al mismo tiempo el médico Miguel Vaira, integrante del centro de salud de Añelo.

De tan buena calidad no debe ser el agua de Añelo, como dijeron los voceros del gobierno, porque el acuerdo al que finalmente arribaron las autoridades con los vecinos incluye la distribución gratuita de bidones con agua potable, un compromiso que se extenderá mientras se realicen las obras de saneamiento.

No le faltó al debate un argumento político para justificar la ausencia de respuestas oficiales a las demandas de los vecinos.

Desde el propio gobierno se echó a rodar la hipótesis de que Añelo, por alguna inexplicable razón, estaba sufriendo espasmos retardados de la interna del Movimiento Popular Neuquino. Por inconsistente, la versión se diluyó rápidamente.

La semana del gobernador transcurrió así, entre el agua salada de allá y la contaminada de aquí, entre la tranquilidad y el confort de la majestuosa residencia El Messidor, y el debate que le planteó un grupo de pobladores que sólo quiere mejorar la calidad de vida y terminar con insoportables olores que inundan la vida cotidiana de Añelo desde hace tiempo.

 

GERARDO BILARDO

gbilardo@rionegro.com.ar


Exit mobile version