Estrenos de cine: «Hojas de otoño» y los finales felices de Aki Kaurismäki

Se estrena en los cines “Hojas de otoño”, una de las películas del año, del genial cineasta finlandés. Aunque retrata a memorables perdedores, sus películas son siempre una puerta abierta a la esperanza y a la posible felicidad.

El cine puede mantener la esperanza. Estoy hablando del cine de la verdad no de las tonterías que se suelen proyectar y se han proyectado siempre. (..) Puedo hacer películas tristes, pero básicamente deseo que el público salga más feliz de lo que entró. Esa es la teoría básica. Es por eso que mis películas son tan exageradamente optimistas”.
Parece cierto lo que dice. El cineasta finlandés Aki Kaurismäki puede bucear en los fondos grises, entre personajes desolados, perdedores adorables, pero sus películas, como dice él en esta frase, hacen que el espectador salga siempre con una sonrisa de la función. No es un detalle menor. Eso nunca es un detalle menor.


Su nueva película “Hojas de otoño”, que se estrena en los cines del país (y que es la elegida por Finlandia para pelear por los Oscars que no lo importan mucho a su realizador), mantiene el triste y esperanzador encanto de toda su obra.


Protagonizada por los actores finlandeses Alma Pöysti (Ansa) y Jussi Vatanen (Holappa), el filme en cuestión ya obtuvo el Premio del Jurado en el último Festival de Cannes, un lugar en el que se ha convertido en un invitado permanente y en cuya alfombra roja dio muestras de su gran histrionismo. Este año, por ejemplo, jugó a esconderse detrás del delegado general del Festival de Cannes, Thierry Frémaux, en el momento de las fotos, y en 2002, cuando presentó allí “El hombre sin pasado” (que también se alzó con el Gran Premio del Jurado), se deslizó por la ceremoniosa red carpet al ritmo de un original twist.

Como en toda su filmografía, en “Hojas de otoño”, Kaurismäki vuelve a enfocarse en esa clase trabajadora que lo desvive. En sus películas, que bien podrían ser la versión fílmica de las pinturas de Edward Hopper, los protagonistas son solitarios metalúrgicos, mineros, obreras de línea, lustrabotas, serenos. Allí hay perdedores de todo tipo, a los que siempre envuelve no sólo en el ritmo de un tango finlandés (que también lo desvive), sino incluso en un tango de Carlos Gardel, como en esta película, en la que suena “Arrabal amargo”. En varias de sus producciones hay temas del zorzal criollo. Y en esta hay un homenaje más: un café que se llama “Buenos Aires”. Pero más allá de esa música siempre un poco amarga, no son películas en las que se respira angustia. Aún cuando la melancolía atraviese las escenas, Kaurismäki siempre deja respirar al espectador con sus dosis de humor, de ternura y sobre todo, de esperanza. Como si admitiera que, sí, en la vida se pierde, pero quizás se pueda volver a ganar.


El melodrama romántico que cuenta “Hojas de otoño” es el encuentro de un hombre y una mujer solitarios que después de verse en un bar de karaoke deciden pasar tiempo juntos aunque las chances de que la cosa funcione es más bien exigua.


Ella, Ansa, es una repositora de supermercado a la que despiden porque los empleadores descubren que se ha llevado algunos productos próximos a vencerse, y no importa que hubieran terminado en la basura, el robo les parece imperdonable. Él, Holappa, es un obrero industrial que también fue despedido a causa de su alcoholismo. Cada uno, por su cuenta, le hace frente como puede a la soledad. Aunque no es una película que pueda ubicarse claramente en el presente hay detalles que dan cuenta de su presente, como cuando en la radio se escucha sobre la invasión rusa a Ucrania.


Estos dos solitarios se terminarán encontrando, gustando y saliendo. Habrá momentos complejos que afrontar, como el coholismo de él, pero también situaciones cómicas, como cuando van al cine a ver una zombies de Jim Jarmusch. Los diálogos son breves, dichos con esa impavidez que parece marca registrada del director. Y pese a todas las situaciones, pese a la mala suerte que parece acompañarlos a cada paso, ambos se empeñan en volver a verse.


A pesar de tratarse de una historia de amor triste y solitaria, Kaurismäki la aborda con un gran sentido del humor. En alguna entrevista, Kaurismäki dijo que muchas veces pensó en ponerle un final triste a sus películas, pero luego siente pena por sus personajes y les regala un final feliz. Aquí también lo habrá, por supuesto.


¿Y la felicidad?



“De acuerdo con la gente de la Oficina Nacional de Turismo, he destruido con mis películas decenas de años de trabajo de promoción de la imagen del país. Espero que sea cierto, porque en sus folletos Finlandia estaba representada por un reno corriendo como un poseso delante de una puesta de sol con una botella de vodka en la boca”.


Esa frase también es de Kaurismäki, que se burla un poco de esa idea agigantada de que Finlandia es, según un índice anual de la ONU, el país más feliz del mundo.
Sus películas muestran algo bastante alejado de la clásica postal del marketing.


Justo unos días antes del estreno de “Hojas de otoño” en los cines, la plataforma de streaming MUBI, donde también se verá este filme en poco tiempo, subió a su menú una selección de 24 títulos, entre largometrajes de ficción, documentales y cortos. Una retrospectiva que lleva por título “El arte de ser humano”, una gran manera de enmarcar la producción de uno de los directores más interesantes del cine.


En esa retrospectiva se puede ver, por ejemplo, “Contraté a un asesino a sueldo” (1990) en la que con cierto humor negro pero sobre todo cariño, cuenta la historia de un oficinista fracasado que, como no encuentra el valor para suicidarse cuando lo despiden, contrata a un sicario para que lo mate sin saber que está por enamorarse de una florista y que, quizá, ya no desee morir y mucho menos que lo maten.

También está disponible la hermosa “Nubes pasajeras”, en la que una pareja, que también es despedida de sus respectivos trabajos y pasa por un período de muchísimas dificultades y muchos más traspiés, finalmente s elas arregla para abrir su propio restaurante, al que llaman Työ (que significa trabajo). La escena final de esa película es justamente el resumen de aquello que defiende Kaurismäki: la posibilidad de una esperanza, la certeza de que en algún momento las nubes grises se abrirán y dejarán ver la luz del sol.

“El cine, en el mejor de los casos, puede aliviar o, de alguna manera, dar consuelo (…). Si tenés sensibilidad para el arte, puede aliviarte”.
Esa es una convicción férrea de Kaurismäki , sabe que en su cine humanista siempre hay lugar para el amor, la redención y el triunfo, aunque sea fugaz, de los perdedores. Ahí está entonces, en las pantalla grande o en las plataformas de streaming, puras dosis de esperanzas de la mano del director finlandés, para salir más feliz de lo que entró.


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