La actividad arrasa y una de las claves de su éxito es que hace bien a quienes la practican. Entre los beneficios que le atribuyen, no sólo aparece el descenso de peso. Trabajan valores como el compañerismo, la autoestima y favorece la sociabilización.

En la escena se observan puras sonrisas. La música suena fuerte, aunque escuchen el mismo ritmo, cada una baila a su manera. Saltan, gritan, se alientan. La adrenalina las mantiene arriba, contagian sus ganas, sus cuerpos expresan la pasión por ser parte de la actividad. Al final de la clase recién vuelven a revisar la pantalla de su celular. Es que en el tiempo en el que sacudían el cuerpo se desconectaron del mundo y sólo se ocuparon de divertirse.

Las clases de zumba tienen eso, es como su sello distintivo. Son esa vía de escape o lugar de contención, según la necesidad.

Manda la premisa de pasarla bien y los beneficios llegan en ese transcurrir, casi sin darse cuenta. En el entrenamiento se realiza trabajo cardiovascular y muscular, se fortalece el equilibrio y la flexibilidad.

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“Se trabaja un montón lo emocional y lo social. El que va se divierte, no sos súper amiga del resto, pero la relación con el otro se establece. Hay intercambio, y se comparte. Ir a zumba es algo social de lo que te sentís parte”
Nadia Tejada (32), instructora.

“Es fácil, divertido y hace bien. Es una interpretación musical, lo que hace es proponer algo diferente a lo que existía en el mercado”, enumeró la joven roquense que dicta parte de sus clases en un salón múltiple de un colegio a más de 60 mujeres.

Asisten personas con hipertensión, obesidad, diabetes, estrés y depresión, y otras que no sufren ninguna patología, pero están motivadas en mejorar su calidad de vida.

“En un momento abrí un gimnasio, pero enseguida se hizo chico, porque las clases son masivas. Por eso las másters también, que están tan de moda, porque la gente se engancha con la actividad, se compromete y se divierte, quieren pasarla bien”, agregó Nadia, más conocida en el entorno zumbero como “Nanny Fit”.

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“La propuesta no es hacer coreografías estructuradas. Es una invitación a pasarla bien, a reírse, a sentirse bien. En ese camino, se trabaja la autoestima, la solidaridad, el respeto, la salud. Y bajan de peso y encuentran contención en un grupo. Dejan su teléfono, es un momento para ellas”
Fernanda “Ferchu” Carrillo (33), profesora de educación física e instructora.
Una propuesta distinta

La actividad llegó al país hace seis años y desde entonces el éxito va en crecimiento.

Una de sus características particulares es que la persona que hace de instructora se mezcla en el grupo, y al frente pasa una de las asistentes, y desarrolla una coreografía.

Para las clases de 60 minutos, utilizan piezas musicales de todos los ritmos, desde pop hasta cumbia colombiana, argentina, merengue y tango, entre otros.

“Hay buena onda y energía, mucha energía, la mayoría va tres veces por semana y si a la actividad suman cuidarse en las comidas, seguro hasta bajan de peso”, destacó Fernanda.

Entre las personas que asisten a las clases hay mayoría de mujeres, aunque hay hombres también. Pertenecen a distintos sectores y niveles sociales y confluyen, incluso son de variadas edades. Desde los 4 años y para arriba no hay límite de edad.

“En mi clase hay una mujer de 91 años, y baila a la par del resto”, agregó la instructora.

Otro punto a favor es que las cuotas para asistir son accesibles. En un Centro Comunitario se puede conseguir por entre 200 y 500 pesos mensuales, dos veces por semana.

Masivo

El boom de la actividad se expresa en la convocatoria que tienen, tanto en las clases semanales como en las llamadas “másters class”.

Se trata de los eventos, que muchas veces tienen un disparador solidario con entrada abierta en donde se convoca a bailar zumba por dos horas o más.

Lo destacado de las convocatorias es que muchas veces cuentan con la presencia de figuras destacadas en el mundo zumbero, que incluso vienen desde el exterior.

Las mujeres que se encuentran en Villa Obrera a zumbear

“Villa obrera y su gente” es un centro comunitario que reúne más de 30 personas para bailar zumba en las tardes.

La clase de “zumba gol” convoca a mujeres adultas dos veces por semana. Juntas ríen, se alientan y bailan en las clases de Fernanda Carrillo.

Para un lado o para el otro todas bailan juntas y se acompañan hasta en los momentos personales más complicados. Dan cuenta de la última vez en que se unieron para ayudar a una de sus integrantes, Araceli García.

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Araceli hizo siempre zumba, es parte de su rutina hasta enero de este año que tuvo que dejar y bajar la intensidad porque repentinamente el cáncer de colon interrumpió sus días.

Fernanda, la instructora, organizó una clase de zumba máster para que su alumna pueda pagar la operación y afrontar el costo de los tratamientos que eran necesarios. La convocatoria fue contundente, colmó las instalaciones de una escuela, y se recolectaron los fondos. “Fernanda me ayudó muchísimo, es muy solidaria”, acentuó Araceli.

La mujer asegura que “el cirujano le dio el alta médico, pero prefiero esperar tres meses más por las dudas”. La operación consistió en extirparle 12 centímetros de intestino, por lo que la intensidad del baile iba a complicar su recuperación. Actualmente mantiene la quimioterapia que debe realizarse cada 21 días y espera volver en unos meses a participar completamente de las clases.

Olga Sepúlveda, por su parte, realiza esta actividad porque “me gusta, pero no vengo siempre porque me queda lejos” aseguró.

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Olga tiene 91 años y está más joven que nunca, su edad no le impide realizar ningún tipo de actividad física.

Hacía teatro en el “Teatro de la Estación” y quería comenzar folklore, “pero ya es tarde, estamos a mitad de año”, contó. Actualmente asiste a clases de pilates y a las clases de zumba cuando Fernanda puede pasarla a buscar.

Julieta Rossi, tiene 28 años y es bonaerense, hace un año aproximadamente que está viviendo en la ciudad.

Llegó a Roca por cuestiones personales que la obligaron a quedarse y actualmente vive con la hermana.

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Julieta tiene síndrome de down, sus bailes en las clases transmiten alegrías y son deslumbrantes; le encanta estar frente a las clases y también participa de clases máster en zumba.

“Estoy contenta, voy a hacer mi historia”, relató.

Su sueño es ser profesora de zumba, pero “Fernanda me dijo que todavía no puedo, que me falta tiempo”, continuó.

La profesora es la que acompaña e invita a la joven a las actividades de zumba.

Atrás de la zumba, una empresa

Zumba fue creada en los ‘90 y es una marca registrada.

Para dar clases se requiere una capacitación que se paga en dólares y luego por la franquicia los instructores pagan una cuota mensual.

Quienes se capacitan para dirigir una clase, puede acceder a las coreografías creadas por la marca y a descuentos en indumentaria y otros productos de Zumba.

En Roca hay más de 40 instructores registrados y la lista crece continuamente.

Desde el municipio se informó que no se lleva un control sobre los prestadores, ya que en dónde se requiere habilitación es en los gimnasios, independientemente de las actividades específicas que allí tengan lugar.

Redacción: Marianela Vergara y Eva Muratti.

Fotos: Hebe Rajneri.

Edición web: Andrea Saldía.

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