Roca: guardavidas crean un espacio para enseñar a nadar por bienestar y cuidado personal
"Nadadores del Alto Valle" no quieren ser solo "una novedad" de temporada estival. Se consolidan como espacio para perderle miedo al agua y ganar seguridad. No apuntan a la habilidad deportiva sino al cuidado personal.
Nadar es como meditar en movimiento.
Es una liberación física, una terapia para el corazón, el cerebro y para el estado de ánimo personal.
Nadar es respirar, contener el aire, impulsarse y deslizarse sobre el agua, respirar de nuevo y dejar la mente en blanco y fluir con el agua y por el agua.

En el reciente libro “¿Por qué nadamos?” (editorial Geoplaneta), Bonnie Tsui, una hija de nadadores que vive, nada y surfea por la bahía de San Francisco, escribe que “nadar es algo que, en buena medida, ocurre dentro de la cabeza porque, a diferencia del ejercicio realizado en tierra, nadar exige sumergirse en un medio distinto y aislarse del mundanal ruido”, algo que los nadadores suelen describir como una rara bendición. Para muchos nadadores, afirma Tsui, el acto de nadar es un restaurativo, un estimulante que se toma para sentir vigor y bienestar. “Nadar expande la mente tanto como el cuerpo”, sostiene.
También el ritmo respiratorio cambia en el agua. Cuando se padece estrés, las respiraciones suelen ser cortas y rápidas. En cambio, al respirar profunda y lentamente, el cuerpo se relaja. Tal vez por ello, la natación ha sido siempre un medio de evasión física, espiritual y mental, lo que podría explicar que muchos nadadores reconozcan no encontrarse bien los días que no pueden meterse en el agua.
Cómo nació Nadadores del Alto Valle
A esta idea adhieren Gastón Díaz y Facundo Ambrosio, ambos guardavidas de Roca, que meses atrás crearon “Nadadores del Alto Valle”, un grupo que nació a partir de una necesidad muy clara de ellos: “generar un espacio seguro y compañía para que la gente pueda nadar y animarse a la experiencia, especialmente en una zona donde el río es parte de nuestra vida cotidiana. Veíamos muchas personas con ganas pero con miedo o sin herramientas, y sentimos que podíamos aportar desde la experiencia y el cuidado”.
Ambos tienen más de 15 años de experiencia en mar, ríos, espejos de agua y piletas. Facundo también es profesor de educación física y Gastón instructor de natación.

“Empezamos con este proyecto de manera muy simple, casi como una invitación entre amigos. Y después se fueron sumando otras personas que creyeron en la propuesta y ayudaron a hacerla crecer”, afirman a Diario “Río Negro”.
La respuesta fue muy positiva desde las primeras clases. “Mucha gente se acercó con curiosidad primero, después con compromiso. Hoy vemos un grupo diverso, con personas de distintas edades y niveles, pero todas con las mismas ganas de aprender y disfrutar del agua y nuestro río”, comenta Gastón.
Piensan que todos debiéramos saber nadar hasta por una cuestión de seguridad personal. “Vivir cerca de ríos, lagos o el mar implica una responsabilidad. Saber nadar no es solo una habilidad deportiva, es una herramienta de cuidado personal y de los demás. Puede marcar la diferencia en una situación de riesgo”, argumenta Facundo.

¿Qué aporta saber nadar? “Muchísimo. En lo deportivo, mejora la condición física, la resistencia y la coordinación. En lo emocional, da confianza, reduce miedos, genera autoestima y ofrece un espacio de disfrute y desconexión. Para muchos, el agua se vuelve un lugar de calma y superación personal”, sostienen.
“Nadar con otros, nadar junto a otros” es el mantra: “esa es clave en nuestro grupo. No se trata solo de entrenar sino de compartir la experiencia. Acompañarse en el agua genera confianza, motivación y sentido de pertenencia. Nadie está solo: siempre hay alguien alentando, cuidando y celebrando cada avance”, ratifican.
Han realizado distintos recorridos en el río en diferentes lugares; “siempre nos anticipamos previamente nosotros para que la práctica de aguas abiertas sea segura y teniendo en cuenta la progresión. Cada salida es una oportunidad para sumar experiencia y afianzar lo aprendido”, invitan.

A “Nadadores del Alto Valle” (@nadadoresdelaltovalle) puede acercarse cualquier persona que tenga conocimiento de la técnica de crol. Tienen distintos horarios dependiendo el día y el lugar, y las clases se adaptan las al nivel de cada uno.
Cuentan también con un equipo de cinco guardavidas que están atentos en todo momento para garantizar la seguridad de cada nadador.
“La idea es que el grupo siga creciendo y sosteniéndose en el tiempo. No lo pensamos como algo pasajero, sino como un proyecto a largo plazo, que se vaya renovando con cada persona que se suma”, dicen los entrevistados a este diario.
“Hasta ahora los resultados son muy positivos. Vemos personas que llegaron con miedo y hoy nadan con confianza, gente que encontró un espacio de pertenencia y amistad, y un grupo que se fortalece desde lo humano tanto como desde lo deportivo. Estamos muy contentos con lo logrado y motivados para seguir”, concluyen.

Testimonio en primera persona: por Agustina Castro
“Llegué a las aguas abiertas casi sin darme cuenta, con la sola intención de volver a nadar después de mucho tiempo, sin imaginar todo lo que esta experiencia -y el gran equipo que la sostiene- me iba a regalar. Desde el primer día que me incorporé a Nadadores del Alto Valle me sentí parte del grupo: por la calidez de los instructores, del equipo y de cada uno de los nadadores que comparten el agua y el camino.
“Al principio fue el desafío físico, la curiosidad, el deseo de probar algo distinto. Con el tiempo entendí que no se trataba solo de nadar: cada encuentro se volvió una pausa necesaria, un espacio para salir del ruido cotidiano y volver a lo esencial.
“Nadadores del Alto Valle es mucho más que un grupo de entrenamiento. Es superación, pasión, compañerismo y diversión. Es esperar, de manera paciente -o a veces ansiosa- el próximo encuentro; ese momento que desconecta de lo banal y reconecta con lo simple: el agua, el deporte, la naturaleza, lo humano.
“Si el agua es el escenario, el grupo es el verdadero motor. Nadie entra solo: siempre hay una mirada atenta, una palabra de aliento, una risa que afloja los nervios antes de meterse. En el agua cada uno hace su propio recorrido, pero al salir estamos todos, compartiendo el frío o el calor, el logro y esa sensación difícil de explicar que mezcla cansancio y felicidad, y que siempre invita a volver”.

Contactos
Gastón 2984521008
Yuliana para confirmación de asistencia: 2984733056
Instagram: @NadadoresdelAltoValle
Mail: nadadoresdelaltovalle@gmail.com
Nadar es como meditar en movimiento.
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