Eugenia Estévez experimenta
con la danza en Roca

Eugenia Estévez se dedica a la danza contemporánea más experimental, desde el método Feldenkrais. La bailarina y coreógrafa compartirá su experiencia y conocimientos en el Ciclo Provocantes en el Instituto Universitario Patagónico de Artes.

Redacción

Por Redacción

Eugenia Estévez se suma este mes al Ciclo Provocantes con un seminario de Técnica e Improvisación en Danza Contemporánea que dictará en el Instituto Universitario Patagónico de Artes. La bailarina el año pasado estuvo en la Escuela de Danza Contemporánea de Neuquén y antes de su primera visita a Roca habló con Río Negro”.

p- Siempre me encuentro, como ahora con vos, con artistas de la danza cuyos currículos suman decenas de miles de kilómetros recorridos por el mundo, de norte a sur y de este a oeste, ante públicos que los conocen más que nosotros por estas tierras. ¿Qué hace que esto sea así de claro?

R- ¡Qué difícil! Claramente, aquí en la Argentina es bastante más arduo todo. Tanto el Festival Internacional de Danza Contemporánea de Montevideo, como el INAE, tienen apoyo. En Buenos Aires, el único festival internacional es de teatro y danza, y cada vez se programa menos la última disciplina. Se programan grandes compañías, en general. El circuito de la danza contemporánea más experimental se mueve de modo muy independiente; existen espacios pero son pequeños, autogestivos. Hay mucho movimiento y mucha creación, pero no son tan visibles para el público.

El Fidcu es exclusivamente de danza experimental de excelentísimo nivel, la gente asiste, se hace en el Teatro Solís que es bellísimo. Todas las condiciones están bien dadas. Aquí no tenemos esos ámbitos, no hay apoyo para lo que nosotros hacemos, y cada vez habrá menos.

P Te lo preguntaba, porque ahora vas a trabajar con estudiantes de IUPA, en la tercera de las fechas de Provocantes, una puerta interesante para formar y para despertar el interés por la disciplina.

R Los caminos son difíciles, aunque la realidad indica que yo me dedico a esto desde hace muchísimos años. Vivo de esto, de la docencia, viajo… Es arduo, pero también hay un circuito, hay movimiento. Está la UNA (antes IUNA), el IUPA, centros de formación que cuando era joven (hoy Eugenia tiene 48), no existían. Después, las condiciones de trabajo son precarias, según mi opinión. Desde mi experiencia, los subsidios que recibimos son muy pobres, no nos alcanzan para pagar la sala de ensayo… Igualmente, somos muchos, cada vez más quienes nos dedicamos a la disciplina. La vocación es algo tan fuerte que…

P Le tuerce el brazo a las dificultades… Preparando esta entrevista, recorté unas palabras de Susanne Linke, con quien te formaste. Dijo en 2013 “lo que nos mueve por dentro es lo que expresamos con el movimiento”.

R Yo estudié con ella dentro de un programa de perfeccionamiento para profesionales que hice en Italia. No conocía la frase. Nunca pensé que mi actividad podía tener relación directa con ella, pero ahora que me la citás, que recuerdo a Susanne, digo sí. Uno de los temas que me movilizan, una de las preguntas con las que trabajo es ¿qué me mueve, de dónde surge mi movimiento? Sí, yo opero mucho desde la exploración, mi clase no tiene un formato tradicional de técnica para danza, hay una secuencia en la que comparto y yo paso a mis alumnos, pero me muevo desde la experimentación, desde el método Feldenkrais (usa el movimiento consciente y la atención dirigida para buscar patrones eficientes y sanos de movilidad, como mejorar la postura y refinar habilidades motrices), más hacia la creación. Y la exploración es central.

P“Llueve”, tu creación junto a Gabriela Prado, es un recorrido por los caminos de la memoria.

R En esa obra, partimos del interés por los diarios íntimos. No necesariamente como relatos, aunque hay algunos que decía Luis Biasotto, el actor-bailarín. Pero, en principio, eran recortes en los que se dejan impresiones, elementos que no son precisamente relatos, descripciones, sino que están relacionados con la sensorialidad, con pensamientos, con sensaciones, con memorias no puntuales… Después aparecieron cuestiones más personales, autobiográficas.

P Creciste en una época de muchos cambios político-económicos en nuestro país, que se siguen dando. En 19 76, tenías ocho años; eras adolescente en la vuelta de la democracia…

R Cierto… Gaby y yo tenemos la misma edad. A mí, personalmente, la dictadura militar me marcó mucho. En algún lugar eso también estaba. No sé, tengo una relación muy sensorial con las cosas, por mi profesión. La dictadura marcó mucho mi historia, por las posiciones políticas de mis padres, mi papá fue perseguido. Sobre todo, como sensación de cuando era chica, tengo el silencio. Recuerdo sueños, tengo una memoria corporal respecto del mundo. Para mí, tiene un peso grande recordar el silencio, lo que no podíamos decir. En “Llueve” estaba lo no dicho. Sé que mis padres se cuidaban de no decirnos ciertas cuestiones, que no escucháramos determinada música, había libros escondidos, que nos cuidáramos en la escuela, en el barrio.

P Santa Fe está nuevamente inundada, como Entre Ríos y las provincias del Litoral.

R En aquel momento, no trabajamos conscientemente en ese sentido. Pero, si bien partimos del diario íntimo, además investigamos del diario, el periódico, un montón. Había inundaciones en Santa Fe que nos conmovían, nos preguntamos qué se rescata cuando se pierde casi todo en una situación semejante, los objetos con los que tenés una relación afectiva, más allá de lo utilitario… ¿Qué queda en la memoria?


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