«Explorar la magia y su mundo es muy mágico»
Interesado en ver a la sociedad argentina desde sus aspectos menos conocidos, como las representaciones mágicas, Bubello va descubriendo un mundo con mucho de desaforado y de imaginarios por demás inquietante.
Investigador del Conicet, docente en la Universidad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Juan Pablo Bubello (30) trabaja actualmente en una investigación en torno de la historia de la magia en la Argentina. El director del proyecto, Emilio Burucúa y la codirectora del mismo, la historiadora del derecho Marta Madero, lo acompañan en su viaje a un universo inexplorado por la disciplina histórica local.
-¿Cómo llegaste a este universo de la magia?
-Bueno, creo que siempre me interesó, desde pibe. Pero el interés creció cuando cursé una materia con Emilio Burucúa, Historia Moderna, en la carrera de Historia. Entre sus contenidos me encuentro con el gran capítulo de la caza de brujas en Europa del siglo XVI, XVII. Entonces comencé a explorar todo aquello vinculado con la magia y con su historia. Al terminar la carrera le comenté a Burucúa que quería emprender un estudio en tal sentido y me propuso focalizar en Argentina.
-De hecho, hay un vacío historiográfico sobre el tema en la Argentina, al menos desde tu disciplina.
-Es cierto, en Europa y en EE.UU. hay toneladas de trabajos sobre esta temática, pero aquí no. De modo que hay mucho por hacer al respecto. Y éste es mi viaje, actualmente. Primero hice una maestría en Sociología Cultural y luego encaré el doctorado en historia, en el cual abordo esta problemática.
– ¿Cuál es el objeto de tu investigación?
-Me interesan las representaciones mágicas vigentes en la sociedad argentina y las prácticas que se derivan de esas representaciones.
-Abordás el estudio de la magia desde fuentes específicas, las fuentes penales….
-Opté por las fuentes judiciales, que constituyen uno de los caminos posibles de reconstruir el pasado. Al mismo tiempo, hice un recorte cronológico que va desde 1921 hasta el presente, tiempo en el que encontré 32 fallos que interesan a mi investigación. Comienzo en 1921, porque ese año se pone en vigencia el Código Penal. Lo que yo trato de ver es cómo desde que existe este instrumento legal, el Estado criminaliza y penaliza ciertas prácticas vinculadas con la magia.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo las que están vinculadas con el ejercicio ilegal de la medicina. Aquí ya tenés un gran universo de problemas.
-¿Y cuál es el límite de este universo de la magia?
-Bueno, éste es un problema que se viene discutiendo hace más de 150 años. Este asunto fue planteado desde la Sociología, la Antropología, la Psicología, tipos como Comte, Freud, Jung, Antoine Faibre se ocuparon de delimitar el campo. A mí me interesa la visión de este último autor, quien propone usar el concepto esoterismo según se den ciertas condiciones. Si se dan ciertas condiciones -dice él- estamos hablando de magia, si no se trata de religión o ciencia. Y con esa matriz teórica yo trato de pensar la magia en la Argentina.
– ¿Qué rupturas y continuidades –en torno de las prácticas mágicas– elabora la sociedad argentina a lo largo del siglo XX?
-Desde 1921 para acá se repite la criminalización por parte del Estado a lo largo de todo el siglo. Se reprime el ejercicio ilegal de la medicina y desde este concepto se reprimen las prácticas esotéricas. Esto es posible rastrearlo en los fallos. Por ejemplo, si te duele el estómago y vas a ver a un curandero, lo que hace e curandero es factible de ser interpretado como delito, aunque éste te cure el empacho con un rezo. Por otra parte, tenemos características propias de la «magia actual». La «magia moderna» existe porque la cultura se ha desencantado. Después del siglo XVIII y como efecto no deseado de tanto positivismo hoy hay un recupero de la magia. Ya no se queman a los magos y brujos como en la Edad Media, aunque haya una suerte de persecución cultural.
-Pero al mismo tiempo, existe cierta tolerancia en torno de algunas prácticas.
-El ejercicio ilegal de la medicina reprime las prácticas mágicas que pretendan sanar, no todas las prácticas mágicas. Por ejemplo, adivinar el futuro es una práctica pero que no se encuadra en el ejercicio ilegal de la medicina. De cualquier modo se criminaliza porque esto es un fraude. Otra cosa, los límites ahora son más flexibles que en la Edad Media. De igual modo hay cambios entre 1921 y el presente.
-¿Por ejemplo?
-Por ejemplo en «hierbas». En los fallos que vi, prescribir hierbas a principios de siglo se criminalizaba.
-¿Y qué pasa al respecto durante los gobiernos militares, dónde se corta- de algún modo- con el derecho establecido?
-Esto no lo he visto en profundidad, sería un recorte muy interesante puesto que creo que no hay ningún trabajo que haya indagado esto. Mi primera lectura tiene que ver con las «continuidades», lo que hay en común a lo largo del siglo XX.
-¿Y durante las crisis económicas no hay cambios, no se apela más al esoterismo, magia, tanto para sanar como para cambiar de suerte?
-Hay una teoría muy común en Europa que une estados de angustia colectiva producidos por crisis económicas con este tipo de recursos. El antropólogo Malinowsky hablaba de esto, decía que la ciencia y la magia están dentro del universo de posibilidades de cualquier sociedad y en ciertos casos se activa el pensamiento racional y científico, y en otros se activa el pensamiento mágico. Ambas realidades conviven. Claro que este pensamiento se aleja de la creencia de los positivistas, para quienes una cosa suplanta a la otra.
-Durante el siglo del positivismo en la Argentina tenemos datos que afirman que había tres veces más curanderos que médicos en el país…
-Los datos son de un censo que se realizó en 1869 y sirven para demostrar lo anterior. Los universos racional y mágico conviven en toda sociedad. Fijate el caso que analizo de dos hermanas que matan a su padre, esto ocurre en pleno siglo XX, casi XXI. Dos chicas universitarias que -hartas del maltrato a las que eran sometidas- matan a su padre. Es decir ¡lo mágico opera en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires! Somos una sociedad iluminista, adelantada y resulta que rascás un poco la superficie y te encontrás con magia, como mínimo.
-Tomaste dos casos para tu investigación. El caso de dos hermanas que mataron a su padre y el de un curandero. ¿Qué cosas iluminaron en tu trabajo?
-El primer caso es de 1923. Un hombre es condenado por ejercicio ilegal de la medicina, Juan, un manosanta y encima inmigrante. Su caso llega hasta la Corte. Creo que es el primer caso vinculado con prácticas esotéricas que llega al máximo tribunal. Se condena a Juan con un año de prisión efectiva. En este caso puede advertirse una actitud casi paternalista de parte del tribunal. Juzga a los curanderos, pero advierte que se trata de personas que apelan a la ignorancia popular, que abusan de la inocencia ajena, pero no dan la pena máxima sino la mí
nima. Y en el segundo caso, estas dos jóvenes universitarias de clase media que matan a su padre con un cuchillo tramontina, el caso termina cuando se las califica de inimputables. Fueron consideradas enfermas psiquiátricas, no las encierran porque creen en la magia sino porque están locas.
-¿Pero estas chicas apelan a la «magia» para consumar el asesinato?
-La cosa fue así. Ellas –para resolver su problema- primero van al universo de lo religioso, luego pasan a lo mágico, a prácticas de lo que llaman magia negra, con rituales determinados. Luego consuman el asesinato. En este caso, la magia quedó asociada a la locura en el discurso judicial. Los peritos se apoyan en Freud, los peritos «patologizan» las prácticas y esto sirve para declararlas inimputables. Pero creo que es un error asociar -como lo hace el discurso judicial- la magia con la locura. No están locas porque hacen magia, están locas porque son locas. Y esto es peligroso porque de ahí a declarar inimputables a todos los que hacen magia, hay un paso.
– ¿Qué otras prácticas se criminalizan?
-Hay un primer gran universo que tiene que ver con las prácticas de sanación y que se vinculan con el ejercicio ilegal de la medicina. Y hay un segundo gran universo que tiene que ver con la astrología, con una práctica adivinatoria, con las predicciones. En el Código Penal se usa la figura de estafa, y ésta puede alcanzar este segundo universo.
-¿Cuáles son las primeras conclusiones en tu investigación?
-Partí de una base y ésta es: contra la idea tradicional de que no existe la magia en la Argentina, las fuentes judiciales dicen lo contrario.
– ¿A qué conclusión lo llevan esas fuentes?
– Estas fuentes me llevan a dos conclusiones provisorias: primero, que existe persecución sobre ciertas prácticas esotéricas, no en todas. Segundo, y cuando abandonamos el discurso judicial, hay una realidad, un universo muy heterogéneo de curanderos, saludadores, salamanqueros, magnetizadores, manosantas, etc. Cada uno con sus historias y prácticas.
-¿En los fallos que viste hay casos del interior del país?
-Sí, recuerdo casos de Córdoba, de La Pampa, de Neuquén.
-Recordás el caso ocurrido en el Territorio de Río Negro, de indios que mataron a unos turcos, conocido en el país porque 'Caras y Caretas' dio una nota titulada «Comiendo turcos»?
-¡Sí, este caso es interesantísimo! Aquí tenemos un ritual indígena. El indígena que come al hombre blanco en la creencia que si lo come adquiere su poder.
– ¿Hay un caso más?
– Hay otro caso famoso pero en Tandil. En 1871 un gaucho Solané ataca a Tandil diciendo que viene el fin del mundo. Lo interesante es que había gente que creía que el gaucho tenía poderes, al igual que su caballo. Pero estos casos exceden el período que analizo.
-Hay otra punta interesante de análisis, que es la relación de los políticos con lo mágico….
-¡Esto es fascinante!
– Sí, sí.
– Estoy detrás de algunos datos que vinculan a hombres públicos con este mundo: Carlos Pellegrini conocía de prácticas esotéricas, al igual que Hipólito Yrigoyen, quien parece tuvo una relación con la madre María, una curandera famosísima.
Susana Yappert
sy@patagonia.com.ar
Investigador del Conicet, docente en la Universidad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Juan Pablo Bubello (30) trabaja actualmente en una investigación en torno de la historia de la magia en la Argentina. El director del proyecto, Emilio Burucúa y la codirectora del mismo, la historiadora del derecho Marta Madero, lo acompañan en su viaje a un universo inexplorado por la disciplina histórica local.
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