Falacias políticas

Falacia: argumento falso pero aparentemente verdadero para inducir a error o engaño

ENRIQUE LIBERATI (*)

Las utilizadas por el sector político” era el título de esta nota, pero me pareció demasiado extenso. Preferí, entonces, la expresión “falacias políticas”, en tanto me permite generalizar la referencia del comportamiento discursivo de aquellos que ostentan el poder. Debo aclarar que el uso los argumentos falaces no es patrimonio exclusivo de los políticos que gobiernan y de la oposición; sin embargo, cuando ellos lo practican adquiere una dimensión deplorable, porque implica un grosero engaño al pueblo que dicen representar. Con una breve explicación sobre cuatro falacias argumentales, examinaré unos pocos casos, citando ejemplos verificables. Argumentum ad hominem: significa argumento dirigido contra el hombre. En lugar de responder a una pregunta se ataca a la persona que interroga. Un ejemplo: “¿Por qué usaste mi remera?”, le pregunta un hermano al otro, y éste le contesta: “Estás enojado, ¡otra vez te peleaste con tu novia!”, arremetiendo contra el estado de ánimo, evitando así responder. En una de las pocas conferencias de prensa, frente a las preguntas de periodistas de “La Nación” o de “Clarín”, la presidenta, lejos de responder, los atacó calificándolos de representantes de las corporaciones periodísticas. Aníbal Fernández replicó frente a observaciones de la Iglesia: “La Iglesia debería revisar el comportamiento de sus miembros”, eludiendo la respuesta sobre aquello que demandaba la institución religiosa. Cuando la diputada Elisa Carrió imputó al gobierno nacional conductas delictivas, el propio Fernández respondió: “La señora Carrió no tiene los patitos en fila, con lo cual que diga lo que diga me tiene muy sin cuidado”. En su primer informe sobre la gestión del gobierno nacional, el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, frente a una pregunta sobre el caso Ciccone, contestó: “La responsabilidad de la fabricación de los billetes es de la Casa de la Moneda. No quiero perder tiempo y ocupar un espacio tan importante para responder a operaciones de Clarín”. Al ministro de Planificación, Julio De Vido, dos periodistas le acercaron pruebas que mostraban que Repsol falseaba los balances de YPF frente al desinterés explícito de los funcionarios del kirchnerismo que integraban el directorio. En la ocasión, el ministro, en lugar de contestar, reclamó: “¿Por qué no se dedican a algo más productivo?” Accidente inverso: es una generalización apresurada. Cuando de un caso particular se sacan conclusiones referidas a todos los miembros de ese universo. Es muy común escuchar “para muestra basta un botón”. Expresión que es pertinente si se refiere a un uniforme, pero resulta un argumento falaz si con él se abarcan comportamientos. Un ejemplo: detienen a un delincuente de un barrio humilde y, tras ello, luego se afirma que “todos los miembros de ese barrio son delincuentes”. Disparate total. Sin embargo, muy suelto de cuerpo, Carlos Salomón Heller, diputado nacional electo por Ciudad de Buenos Aires, en las elecciones legislativas del 2009, en una entrevista televisiva apeló a un caso particular. Se debatía una ley provincial por el revalúo de los campos y Heller contó una anécdota relacionada con la capacidad impositiva de los campesinos. En su rol de presidente de un banco, debió examinar una carpeta de antecedentes y garantías que presentó un agricultor de la provincia de Buenos Aires para solicitar un crédito. Advirtió con sorpresa que la floreciente empresa agropecuaria mostraba ganancias y buenos resultados, explicando en forma solapada e implícita que “para muestra basta un botón”. Eludió el tema con un estilo elegante pero omitió referirse a la inmensa mayoría que debe afrontar otro avance impositivo del Estado, frente a una delicada situación patrimonial del sector, que exige un estudio pormenorizado del problema. Argumentum ad baculum: refiere a la apelación a la fuerza. Se incurre cuando se apela a la fuerza o a la amenaza de fuerza para provocar un resultado favorable. Una asamblea de la empresa Papel Prensa SA fue suspendida después de que se produjeran incidentes provocados por la actitud del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien durante la reunión sacó unos guantes de boxeo para impedir la votación de la elección de síndicos. Hebe de Bonafini, refiriéndose a Julio Cobos dijo: “Alguien tiene que sacarlo ya mismo de la Casa Rosada. No hay otra, tenemos que terminar con esto”. El 25 de marzo del 2008, D’Elía y el grupo que lideraba se dispusieron a “recuperar la Plaza de Mayo”, en ese momento ocupada por decenas de personas con cacerolas que rechazaban la disposición gubernamental. El objetivo, que abandonaran la plaza, fue “efectivamente alcanzado”, afirma el fiscal en su dictamen. Como se advierte, los seguidores de D’Elía carecen de argumentos legales, sin embargo imponen sus intereses por la fuerza con el ejercicio de actos de violencia. Argumentum ad populum: es la falacia que se comete al dirigir un llamado emocional al pueblo. Spot Cristina. La fuerza de Él. “Él vive en los más de cinco millones de trabajadores que se han incorporado. En los miles que cobran asignación, él vive. En los jubilados que cobran una mejor jubilación también. En los docentes, en las universidades, él vive. En los científicos que volvieron al país. Y sé que él está entre todos nosotros. La fuerza de Él”. Aquí, en realidad, se combinan dos falacias; además de apelar a las pasiones y el entusiasmo de la población para que apoye a la sufrida viuda, se vale del argumentum ad verecundiam (apelación a la autoridad) manipulando el sentimiento de respeto que siente la gente por las personas famosas, enlazando el llamado emocional al pueblo con referencia a los aciertos políticos de una autoridad supuestamente indiscutible, según ella. Que los políticos de todo el mundo lo practiquen no quiere decir que sea correcto eludir el análisis racional para apuntar al corazón en cuestiones tan importantes como dirigir una nación. Conclusión En el recorrido que propuse, intenté presentar las falacias más comunes, pero debo reconocer que todos nosotros y en innumerables circunstancias nos valemos de argumentos falaces para tratar de convencer, en otras ocasiones repetimos en lugar de responder, o bien culpamos a las víctimas de sus padecimientos, cuando debemos asumir las responsabilidades. “Hubo muchos muertos por la viveza criolla de apurarse para llegar rápido al trabajo y viajar en el primer vagón” (ministro Randazzo). Esta forma de razonar puede escucharse en una conversación de café, pero en boca de un funcionario de alto rango, en ejercicio de sus funciones, reviste una gravedad institucional de una dimensión canallesca, porque muestra un gran desprecio por la condición humana y por los trabajadores que brindaron su vida por cumplir con sus obligaciones cotidianas. En cualquier país bien ordenado, éste y los otros dislates del discurso político señalados en esta nota son razones más que suficientes para la renuncia o destitución inmediata de los funcionarios mencionados. Las falacias argumentales, esgrimidas por los dirigentes políticos que temporalmente ocupan el poder, deben interpretarse como una humillación a los ciudadanos que somos tratados como estúpidos, sólo importantes cuantitativamente en el momento de depositar el voto. (*) Doctor en Derecho


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