Farc quieren «canjear» rebeldes por la candidata
El gobierno mantiene las operaciones para combatir a la guerrilla y la acusa de atentar contra la democracia.
La candidata presidencial independiente Ingrid Betancourt fue secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con el aparente propósito de canjearla por rebeldes presos, informó este lunes el ministro del Interior colombiano, Armando Estrada.
En tanto, el Ejército colombiano continúa con todas las operaciones militares contra las FARC, mientras que el presidente Andrés Pastrana calificó el secuestro de la candidata presidencial como un atentado a la democracia.
Un vocero del comando del Ejército colombiano dijo ayer a Télam que las operaciones militares contra las FARC continuaban, tanto el sobrevuelo de apoyo a las fuerzas terrestres como la recuperación del control de los municipios que estaban en poder de esa guerrilla.
Esta declaración desestima las versiones sobre la paralización de la ofensiva debido a la necesidad de buscar a la ex senadora secuestrada ayer y cuyo rapto fue repudiado por la comunidad internacional.
«Los violentos han vuelto a atentar contra la democracia y esta vez han secuestrado nada menos que a una candidata presidencial, en un acto que condenamos con toda la fuerza de nuestra voz», manifestó el mandatario en una visita a la ciudad de Neivas, suroeste del país.
Las versiones
En tanto, crecen las versiones sobre un intento del grupo guerrillero por forzar un canje de prisioneros, tras los últimos secuestros.
«Hemos recibido un comunicado suscrito por Joaquín Gómez (uno de los portavoces de las FARC) en el que se dice que (Betancourt) fue secuestrada para integrarla a la lista de canjeables para presentarla al próximo gobierno, pero aún estamos verificando su autenticidad», dijo Estrada en una entrevista con Radio Cadena Nacional (RCN).
La lista de canjeables la integran cinco congresistas, algunos dirigentes políticos y unos 50 oficiales de la policía y el Ejército que están secuestrados por las FARC. Sus familiares informaron que estos no quedarán en libertad hasta que el gobierno acepte excarcelar a centenares de dirigentes y combatientes de la guerrilla.
Ingrid Betancourt, ex senadora de 41 años, es candidata por el pequeño movimiento «Colombia Nueva» para los del 26 de mayo venidero, en los que se elegirá el mandatario para el período 2002-2006 . Betancourt y su jefa de campaña, Clara Rojas, fueron secuestradas por guerrilleros de las FARC cuando se dirigían hacia San Vicente del Caguán, una población recapturada por el ejército el sábado.
Si se confirma la autenticidad del comunicado, Betancourt no podría participar físicamente en el resto de la campaña para las elecciones presidenciales del 26 de mayo, porque el supuesto comunicado plantea negociaciones con el próximo gobierno, que se instalará el 7 de agosto.
«Hasta el momento no hemos contemplado la posibilidad del canje», afirmó el ministro. El año pasado el gobierno tuvo que hacer un «intercambio humanitario» de 350 soldados y policías por 13 guerrilleros presos que estaban enfermos. Según Estrada, las FARC han venido insistiendo en el canje de políticos y uniformados por rebeldes presos, «pero el gobierno siempre rechazó esa posibilidad porque se trata de situaciones distintas».
El secuestro de Betancourt fue también repudiado en forma enérgica por Amnistía Internacional (AI) y el gobierno francés, en tanto las Naciones Unidas se sumó a los pedidos para su liberación.
La «niña terrible» sigue en campaña
El Partido Verde Oxígeno, del cual es candidata presidencial Ingrid Betancourt, informó ayer que su líder seguirá en la carrera electoral, gracias a una ley que permite a los aspirantes a cargos públicos retenidos por grupos irregulares ser elegidos.
«No vamos a dejar que secuestren la democracia; vamos a seguir adelante», señaló Alvaro Soto, dirigente de esa campaña política.
Ingrid Betancourt, una licenciada en Ciencias Políticas que estudió en París, se convirtió en una «niña terrible» de la política a la que sus colegas no tomaban en serio. Hija del ex ministro Gabriel Betancourt Mejía, Ingrid estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en el Instituto de Ciencias Políticas de París. Sus primeros pasos en la política fueron en la década de 1990 en el Partido Liberal hasta que fundó su movimiento, «Oxígeno Verde».
Cuando llegó por primera vez a la Cámara de Representantes, en 1994, Ingrid Betancourt generó no pocas polémicas por su estilo de hacer política y por sus denuncias contra la corrupción, que incluyeron al entonces presidente colombiano Ernesto Samper. En alguna ocasión repartió condones para combatir «el sida de la corrupción» en los semáforos de las avenidas de Bogotá, y también se declaró en huelga de hambre en protesta por no ser tenida en cuenta.
Pero quizá la mayor polémica que desató fue su libro «La rabia en el corazón», una espeluznante radiografía de la corrupción en Colombia por la que le llovió una multitud de demandas penales. En sus últimos actos, regaló Viagra para «parar la corrupción» y que «los colombianos no sigan insatisfechos».
Escenario: Resignación y temor en las comunidades rurales
La resignación, el temor y el escepticismo se dibujan en el rostro de Adán Polanía, que cree tener 83 años y lleva sesenta en la aldea de Los Pozos, con un trocito de tierra, que mantiene limpia y cuidada junto a su mujer.
Los bombardeos del Ejército han generalizado esas sensaciones que refleja la cara de Polanía; la población se siente abandonada por «las partes contendientes», es decir, la guerrilla y el Gobierno.
Resignación, porque, salvo unos pocos que decidieron salir de la zona o refugiarse en los municipios grandes, los demás no saben hacia dónde dirigirse, como el viejo campesino, que se pregunta «¿Adónde voy a ir con mi mujer, que es tan viejita como yo?», dice con una sonrisa que deja ver su boca desdentada.
Temor porque sienten que han quedado en medio de un conflicto en el que durante más de tres años, fueron utilizados por la guerrilla y ahora piensan que pueden ser objeto de represalias por parte del Ejército. Esa sensación que provoca en los habitantes de la zona el sobrevuelo de los aviones gubernamentales y los bombardeos, hasta ahora dirigidos contra campamentos e infraestructuras de las FARC, y no excesivamente efectivos, porque la guerrilla abandonó a toda prisa sus bases, es explicada por Polanía «como cuando llega una borrasca; uno se agazapa y reza».
«Antes peleaban (conservadores y liberales) por política, ahora lo hacen por venganza», afirma Polaína. En las veredas, caseríos y aldeas de los más de 42.000 kilómetros cuadrados que sirvieron desde finales de 1998 para «negociar en medio del conflicto», y que de hecho se convirtieron en un estado guerrillero dentro del Estado colombiano, la mayoría de la gente se declara pobre, neutral y pacífica.
Quieren hacer llegar al Gobierno, por medio de los periodistas, esa realidad; que «no somos guerrilleros, ni sus colaboradores, sino gente humilde que busca los recursos para alimentar a su familia, que nos ayude ahora, porque muchas familias, con la salida de la guerrilla, se ha quedado sin trabajo».
Lo explica Lucy, una mujer de 35 años, líder comunitaria de una aldea de los llanos del Yarí, a dos horas de San Vicente, quien pide que «el Gobierno nos avise si va a bombardear la zona para que nos quedemos en casa; si quieren pelear que lo hagan fuera de las comunidades». «Que venga la Cruz Roja y la Defensoría del Pueblo», pide Lucy, quien agrega que en las casas y los pocos automóviles de su comunidad se han colocado banderas blancas.
También reclaman unos trabajadores que trabajan en una pista entre San Vicente y La Macarena. «Sí, la guerrilla nos contrató para ese trabajo, y ahora somos unas cuarenta familias sin recursos ; que venga el Gobierno y nos dé empleo «, medita uno de los hombres.
Mientras tanto todo el departamento de Caquetá, incluida Florencia, su capital, se encuentran sin energía eléctrica desde hace cuatro días, el agua escasea y los teléfonos no funcionan. «Ahora los que se van a llevar la plata son las funerarias», resume con humor negro un habitante de San José .(EFE)
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