Feminismos sub-30: una red de mujeres para cuidarnos

Tienen 16, 26 y 27 años. Y son tres claros ejemplos de cómo las mujeres se protegen entre ellas, se involucran para que los femicidios no sean moneda corriente, ni la violencia se naturalice.



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Las pibas se organizan. Sus cuerpos se niegan a aceptar el disciplinamiento que cada asesinato impone y se involucran.(Foto: Archivo Matías Subat.- )

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“Le digo a mis amigas: “este sujeto es algo raro” ¿No será el sujeto que mató a Araceli?, ¿Qué hacemos chicas lo seguimos? Lo seguimos al chico y la otra chica dice: “voy a llamar a Gendarmería.” El testimonio ante la cámara de televisión de una de las mujeres que identificó a Darío Badaracco, el principal sospechoso del femicidio de la joven de 22 años, se volvió viral. Y con él una certeza abrumadora: las pibas se organizan. Sus cuerpos se niegan a aceptar el disciplinamiento que cada asesinato impone y se involucran. Algunas, como en estos tres casos, declarándose vivas, libres y feministas.

Tristes números

Una red de mujeres para cuidarnos

Ismena, tenía 6 años cuando encontraron el cuerpo de Otoño. A sus 16, no lo olvida. (Foto: MATIAS SUBAT)

Cuando encontraron el cuerpo de Otoño Uriarte en una usina del paraje El Treinta, el 24 de abril de 2007, seis meses después de su desaparición, Ismena tenía seis años y vivía en Fernández Oro. “Lo tengo muy marcado. Es un pueblo re chico fue una situación muy fuerte”, revela. Hoy está en quinto año del secundario y planea estudiar sociología en La Plata.

“Cuando veo tele la voy marcando con un resaltador. Uno empieza a replantearse un montón de aspectos. Vemos los femicidios como casos aislados, como un terremoto y no es algo que pasa aleatoriamente”, explica.

“Con mis amigas nunca nos habíamos dado cuenta de la red sistemática que teníamos para cuidarnos. Te vas a ver con un flaco y “che, me voy a ver con menganito, nos vamos a juntar en tal lado si para tal hora no volví vos llamame.” O si salimos al boliche si una se vuelve en taxi, nos volvemos con ella. Un montón de cosas que tenemos re instaladas adentro, de cuidarnos, y tal vez no nos damos cuenta, ni lo registramos. Cuando te das cuenta te empieza a pesar porque decís ‘por qué tengo que estar constantemente angustiada’”, asegura.

Los mecanismos de control a través de las redes sociales en la adolescencia se camuflan bajo los ideales del amor romántico. “De cinco amigas mías, tres o cuatro han tenido una situación muy incómoda de quizás estar encima de la pareja, que son súper asfixiantes y no nos damos cuenta porque nadie dice: “te está quemando la cabeza una relación.” Desde a quien le pones me gusta en la foto, con quien te hablas, qué tipo de fotos subís”, relata Ismena.

No sólo el mundo virtual se volvió hostil: “Mi casa queda enfrente de una institución de salud en Cipolletti y está en construcción constantemente, desde que yo soy muy chica. Es una cuestión de tener miedo de salir a la calle porque estaban los constructores que me gritaban algo, y era chica, tenía 10 u 11 años. Era una situación muy invasiva, muy fuerte, y durante años fui acumulando y acumulando. Un día que tenía 13 o 14 iba de la mano con mi hermano y me gritan algo y fue como el punto cúlmine. Y ahí fue que exploté y entré donde es la sala de recursos humanos, a los gritos.”

La sororidad es el pacto social entre mujeres para crear redes de apoyo. Ismena dice que el feminismo la hizo más sorora. “Estas batallando a la mina de al lado por nada, porque es algo que te metieron adentro; bardeando estéticamente a la gorda, a la flaca. El feminismo me ayudó a cambiar un montón: aceptar tu cuerpo, lo que sos y aprender a vivir con eso. El feminismo ayuda un montón”, señala.

“El feminismo me ayudó a cambiar un montón: aceptar tu cuerpo, lo que sos y aprender a vivir con eso. El feminismo ayuda un montón”

Ser transformadoras de nuestros espacios

Para Ariana, de 26 años, el punto de inflexión llegó luego de la obra “Delivery de liebres” (Foto: MATIAS SUBAT)

“El feminismo es blanquear que querés ser libre”. Esa es la definición que elige Ariana.

“Cuando era más chica, como a los 16, tuve una relación de tres años y pico con un novio que fue re violenta. En ese momento claramente no tenía ninguna conciencia. El cambio fue cuando corté. Empecé a ir a una psicóloga, muy capa; empecé en realidad con la sensación de que ‘esto no puede suceder’.”

Pero no tenía una línea de pensamiento clara.” Mi mayor contacto con el feminismo fue en 2012 cuando hacía teatro con Sebastián Fanello”, recuerda.

Fanello se encargó de la dramaturgia de “Al pie de la teta”, una obra gestada junto a la Colectiva Feminista La Revuelta enfocada en el aborto. Ariana trabajó en una puesta anterior: ‘Delivery de liebres’.

“Yo siento que me abrió las puertas a un mundo que no conocía, como que a un montón nos pasó eso, a un montón del elenco. Fue un punto de inflexión”, afirma.

Menciona el femicidio de Lucía Pérez, ocurrido en Mar del Plata en 2016 y que fue el motor del primer paro de mujeres, como uno de los que más le impactó.

“Creo que a un montón nos pasa esto de verte reflejada en la otra y decir: esta piba podría haber sido yo cuando tenía su edad. Yo también salía, me juntaba con pibes que no conocía, también me metía en un montón de situaciones que podrían haber derivado en eso. Yo creo que más que en un caso en particular me pasa con los femicidios, esto de que tranquilamente puedo ser yo, puede ser mi amiga, mi prima”, explica.

Ariana es arquitecta en un mundo diseñado, proyectado y construido por varones.

Asegura que como feminista “te convertís en un transformador de tu espacio, hablas de otros temas y eso se contagia. Entonces decís: ‘che, por qué le voy a decir a esta piba que es una puta; che por qué voy a juzgar a la de al lado si es igual que yo’ . Esto de la sororidad es una de las mejores cosas que tiene.”

“Cada vez que salgo y me tomo un taxi, llamo a una amiga y le digo: ‘anotá la patente’. Siempre en el grupo aviso ‘llegué’”.

Entender la violencia simbólica

Penélope recuerda que su “primer acto feminista” fue reclamar el apellido materno a los 8 años. (Foto: MATÍAS SUBAT)

Penélope no espera. Lo único que desteje es su historia.

“Cuando vos entras al feminismo empezas a mirar para atrás. Por ahí lo primero que me pasó, que lo puedo reconocer ahora, es que en el cuerpo algo molesta. Y me pasaba de tener el apellido de mi papá nada más . Tenía ocho años y planteé que quería el apellido de mi mamá. Ese, creo que fue mi primer acto feminista”, asegura.

Cuenta que viene de una familia “bastante conservadora, católica” y que en la adolescencia no quería ir a una escuela privada. “Nunca me gustó usar marcas, vestirme así. Yo no quería saber nada: ni con uniforme, ni con religión”, señala.

Estudia en el Instituto de Formación Docente Nº12 de Neuquén, está en pareja y tiene un hijo de tres años.

Respecto a la crianza, relata: “Con su pediatra me pasó que hace mas de medio año el nene fue con las uñas pintadas y el chabón se re enojó. Primero que mi nene tenía el pelo largo y el comentario fue: ‘me imagino que no le van a dejar el pelo largo’. No le di bola, lo dejé pasar. Y después el comentario fue porque apareció con las uñas pintadas. Me lo dijo sin pelos en la lengua: ‘hay que irle enseñando lo que esta socialmente aceptado’. Yo no sé la cara que puse porque al toque me dijo: ‘cuando él sea grande, va a decidir, pero mientras vaya creciendo...’ Una reacción vio en mi rostro porque enseguida lo quiso parchar”.

Penélope nunca escupiría la frase: “las mujeres criamos varones machistas”. “Decirlo así es responsabilizar a la mujer. Creo que las mujeres fuimos criadas en un dispositivo machista. Eso es muy simplista y corre el foco de la responsabilidad”, afirma.

“Lo que está costando más es que la gente entienda la violencia simbólica, y las representaciones que una genera. Como que sos machistas si pegas; sos violador si penetras obligadamente, cuando hay un montón de cosas que van avalando ese extremo del comportamiento. Es un extremo que se va suscitando de a poco y comienza con la violencia simbólica”, reflexiona.

“El feminismo me ayudó a cambiar un montón: aceptar tu cuerpo, lo que sos y aprender a vivir con eso. El feminismo ayuda un montón”

Ismena, tenía 6 años cuando encontraron el cuerpo de Otoño. A sus 16, no lo olvida.

Ismena está en quinto año y planea irse a estudiar sociología.

MATIAS SUBAT

Datos

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femicidio cada 25 horas se perpetró en el país entre el 1 de enero y el 27 de abril de 2017, según organizaciones.
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denuncias diarias registra en promedio el Observatorio de Violencia de Neuquén.
“El feminismo me ayudó a cambiar un montón: aceptar tu cuerpo, lo que sos y aprender a vivir con eso. El feminismo ayuda un montón”

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