Fernando Ciancio, un humilde trompetista
De mañana al sábado el músico visita la región, invitado por la Fundación Cultural Patagonia y el Instituto Universitario Patagónico de las Artes, para dar un seminario y un concierto.
Eduardo Rouillet
eduardorouillet@gmail.com
Dentro del ciclo 2012 de Seminarios y Conciertos de la Fundación Cultural Patagonia (FCP) y el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA), comienza la llegada de prestigiosos músicos–especialistas en diversos géneros e instrumentos, quienes luego compartirán un concierto con el público local. El cronograma prevé, para cada uno, tres días de seminario en el IUPA, con cierre, durante la cuarta jornada, en el Auditorio “Ciudad de las Artes” de Roca.
El trompetista Fernando Ciancio estará desde mañana al sábado 17. Nacido en Lobería, Buenos Aires, Ciancio (46) egresado del Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo, fue becado por el gobierno francés para perfeccionarse en la Ecole National de Musique de Montreuil-París con el Maestro Eric Aubier, quien lo designó Ayudante de Cátedra, obteniendo los primeros premios Excellence de Trompette y –por unanimidad– a la interpretación de Música Contemporánea.
Hombre inquieto, estudioso, apasionado, pedagogo por elección, Fernando dialogó con “Río Negro”, tras concluir un ensayo, horas antes del primero de los dieciséis conciertos Temporada 2012 del Teatro Colón, de la orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por el maestro mejicano Enrique Arturo Diemecke.
–Observándote tocar, particularmente el allegro del Concierto para dos trompetas y cuerdas (en do mayor) de Antonio Vivaldi, con la Sinfónica de Canal 7 en el Teatro Nacional Cervantes, tus ojos iban hacia tu compañero de dúo (Maximiliano Rodríguez), y a los gestos del director, con una tensión que daba la idea de alguien muy temperamental. ¡Allí me pregunté cómo emerge ese carácter en la interpretación?
–Cuando toco con otra persona, debo amoldarme a ella… Ese era un concierto de dos trompetas y se trata de que suenen iguales. Yo estaba tocando con un alumno, entonces, procurando que todo estuviera bajo control, que saliera súper bien. Por ahí me veías guiándolo y a la vez prestando atención a Marcelo Zurlo. Mi instrumento necesita de cierto temperamento. Es muy difícil, muy ingrato, muy físico, muy alcahuete. Todo el mundo se da cuenta cuando el trompeta se equivoca…
–También está muy en primer plano.
–En cualquiera de los roles o músicas que ejecute. Una persona que se planta adelante requiere un temperamento y un grado importante de autoestima, que no debe transformarse en soberbia cuando se baja del escenario. Uno está en una situación de exposición y riesgo. Llega con un bagaje, con un diploma, con antecedentes que hacen a una forma de tocar, a una calidad determinada. Eso genera tensión y responsabilidad. Y si no se tiene la actitud adecuada, bueno, tendrá días en que andará bien o días malos. La actitud es una cualidad o un don del cual se ha hablado poco, aplicada al instrumento, en el deporte o en cualquier aspecto de la vida, es una de las razones fundamentales del éxito. Si uno no es positivo, difícilmente va a triunfar…
–La vida no es como para que todo circule sobre rieles, sin dificultades, siempre bien.
–Ahí entran a tallar otros detalles que no son tenidos en cuenta por el común. Para la gente, uno toca un instrumento, qué divino, que bien tocas, cómo me gustaría ser músico, qué fácil parece, vivís de lo que te gusta!!! Pero, hay un montón de sacrificios, de horas de estudio, de preparación que nadie ve. Viajes de formación, mantenimiento del instrumento, estudiar para uno. El ensayo no son sólo tres horas en el teatro, hay que ejercitar todos los días para poder tocar. Ese tiempo no se contempla. Cuidar el cuerpo, el aire, las vías respiratorias…
–Y cuando no estás como deseas, aparece el oficio.
–Lógico. Es muy simple, yo me entreno y educo a mis alumnos con la siguiente premisa: días muy buenos tenemos todos, el asunto es que los malos los sepas vos, nomás. Si querés ocupar un rol hasta acá (marca un nivel con su derecha en alto), el mínimo tuyo te permite trabajar hasta aquí (baja su mano casi medio metro). Si sólo los buenos días llegás hasta ahí, estás en el lugar equivocado. Tu vida va a ser desgraciada. Cuando uno toca mal, amigo, llega a casa, patea al perro y se pelea con la mujer porque se siente frustrado, está mal. Entonces, si no se prepara para vivir normal, haciendo un trabajo de riesgo, tiene que dedicarse a otra cosa. El problema de los días malos no es de uno, es de los colegas, y ahí me meto en un terreno difícil. No es la gente quien te juzga, son tus compañeros. El público siempre aplaudirá porque va predispuesto a disfrutar, el problema son los que van dispuestos a juzgarte.
–Hace muchos años iba al paraíso del Colón a escuchar ópera y conocía cantantes que seguían la partitura para ver cómo cantaba tal o cual figura, si daba bien o no ciertas notas, si hacía o no una coloratura, un trino.
–Esa gente no va a escuchar, va a criticar al artista que se expone a cantar ópera. El que canta, el que toca, sabe que eso ocurre. Un viejo dicho reza: la única forma de juzgar con real certeza lo que estoy haciendo, es que ocupes mi lugar. Cuando te subas y hagas lo mismo que yo, podés criticarme. Ahí vas a ver que no es fácil.
–Esto me lleva al plano de la relación con los alumnos, a la función de tu crítica.
–Primero, todos estudian para ser los mejores, después la vida va decidiendo: este nivel no, éste tampoco, llega hasta acá… Segundo, como docente, yo no me ubico distante, humanamente, de mis alumnos. La pedagogía se ejerce mejor con confianza, con sentimiento. Si el alumno lo entiende, mejor, si no es problema de él. Hay quienes comprenden y están los que confunden, como en todas las cosas. Les digo lo mismo que apliqué en mí: no creo en las grandes metas, sí en las pequeñas. Es mucho más sano. Los objetivos se los ponen ellos, tratan de llegar y yo de ayudarlos a que lo hagan. Es tarea del profesor saber diferenciar entre el alumno talentoso y el que le cuesta. Mi teoría es que todos pueden tocar bien, muy bien, mientras posean las herramientas, dos brazos, boca, lengua… Mientras tengan la parte física adecuada. Ahora, ser artista es otra cosa. Diferenciemos, el instrumentista llega a dominar amplia y perfectamente la técnica del instrumento; artista es el que transfiere un mensaje.