Ficción sí, y atrapante
En un muy lúcido trabajo publicado una década atrás -”Cuerpo femenino, duelo y Nación. Un estudio sobre Eva Perón como personaje literario” (Corregidor)- Viviana Plotnik destaca que la literatura argentina “exhibe un exceso discursivo relacionado con Eva Perón, una obsesión que comenzó a manifestarse en la década del 50 y que se prolonga hasta el presente”. Para Plotnik, la obsesión por Eva Perón, el exceso discursivo, “nunca desligado de su cuerpo, supera cualquier alineación ideológica o política, y sugiere la marca del deseo en proyecciones complejas y ambivalentes. Tanto viva como muerta despierta un deseo hermenéutico y a la vez desafía toda posibilidad de sentido unívoco; como su vida, su cadáver no puede contenerse en una narrativa estable”. Acota más adelante la investigadora que la “literatura existente sobre Eva Perón constituye una forma de matarla de nuevo e impedir su retorno, pero al mismo tiempo es una manera de invocarla, hacerla presente y recuperarla”.
En esta última tradición se instala “La furia de Evita”, de Marcos Aguinis. Libro que sin duda este psicoanalista que en 1970 ganara el Premio Planeta con “La cruz invertida” (se vendieron 500 mil ejemplares) tenía muy adentro. Muy pensado. Una Eva minuciosamente rastrillada a la que Aguinis le entrega la palabra para que cuente lo suyo. Esa historia tan vecina o asumida, en todo caso, al jacobinismo, la definirá Beatriz Sarlo, quien todavía se enoja con sus papás porque no la llevaron a ver el sepelio de la “Ella” de Juan Carlos Onetti, o de “Esa mujer” de Rodolfo Walsh, o la Eva de “El simulacro” de Jorge Luis Borges. Atrapante y polémica la Eva a la que Marcos Aguinis le entrega pluma y papel. La atrapante y polémica Eva Perón de siempre. Pero ahora, en clave de ficción, claro.