Gente

Columna semanal

Por Redacción

EL DISPARADOR

Isidoro Reyes desconfiaba: “Buen precio para alquilar, pero cuando vayamos a ver la casa ya veo que nos van cobrar algo que nunca nos avisaron”. Ignatius Loier, lo cruzó: “No, la gente es mucho más buena de lo que vos te pensás”. El tono tenía algo de reproche hacia su amigo, que lo miró sin decir nada pero, en su interior, mantuvo el mismo dilema: deseó que fuera como decía Ignatius, pero no lograba convencerse.

Tras salir de la inmobiliaria, caminaron en silencio hasta un café. Ahí los esperaba Latana Buendía, que los recibió con una sonrisa y preguntó: “¿Y? ¿Tenemos casa para las vacaciones?”. Sin que fuera necesario utilizar su intuición, percibió un ambiente denso: “¿A ustedes qué les pasa?”.

-Este tipo es un pesado, todo el tiempo cree que lo quieren cagar -escupió Loier.

-Bue…

-Sí, Isidoro, ya te dije lo que pienso.

Reyes respiró profundo y planteó: “¿Cómo voy a creer que la gente es buena si todos los días me encuentro en los diarios con un asesinato o un hecho de corrupción? ¿Cómo voy a pensar que la gente es buena si a cada rato vemos cómo alguien busca su beneficio personal a cualquier precio y sin que le importen los demás? ¿Y las guerras? ¿Y las empresas, que las manejan personas, que apelan a la letra chica para sacar alguna ventaja sin que te des cuenta?”.

Harto de las quejas de su amigo, Loier lo interrumpió: “¿Cómo no vas a creer que la gente es buena si la mayoría elige trabajar antes que salir a robar y a matar? ¿Si hay gente que investiga para que haya descubrimientos y avances científicos? ¿Si la humanidad es mucho mejor de lo que era mil años atrás? ¿Si tus padres te dieron todo lo que pudieron? ¿Si tus amigos te queremos sin juzgarte?”.

Latana intermedió: “Cuando viajo, siempre pienso que sin confiar no llegaría a nada. Michael Jacobs, que dedicó su vida a escribir sobre viajes, dice que siempre se guía por intuiciones y por la confianza en la gente”.

-Isidoro, sos desconfiado -dijo Loier- y, la verdad, suena a algo heredado, como de familia. El ejemplo, como dice Latana, es cuando viajás: habrás visto que la gente es mucho más hospitalaria que lo que uno se imagina.

-Sí, está bien -concedió Reyes-. Lo difícil es el equilibrio. Por confiar uno también termina ensartado. Pero tampoco se puede vivir tenso, en estado de alerta, vigilando todo.

-¿Cuántas veces te cagaron? -apuró Loier-.

-No pasa por ahí. Creo que el punto, en realidad, es que la preocupación previa tampoco te asegura nada y, al final, todo es un intento de tener control.

-En un viaje no creés que todos te van a cagar -intercedió Latana-. Confiar, que es difícil, significa dejar fluir, no estar del todo en control. Soltar. La gente es como es, y lo importante es saber qué hacer con eso, como reaccionar a tiempo.

-Es preferible -sostuvo Loier- quemarse por ingenuo a asumir que la gente te va a cagar y comportarte en consecuencia. Cagarte es lo patológico, no lo normal. En vez de estar a la defensiva, hay que tener reflejos rápidos para saber cuándo sucede y tratar de evitarlo. Mientras, hay que convivir con las contradicciones propias.

Juan Ignacio Pereyra


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