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Gobierno y ciudadanos



La crisis global desatada por la pandemia de coronavirus comenzó a golpear con fuerza en nuestro país, que entró en un período de cuarentena nacional determinada a quedarse, donde solo una ética de la responsabilidad que combine la colaboración efectiva entre ciudadanos informados y gobiernos activos y transparentes logrará contener la situación.

En estas horas varios países asiáticos, los primeros en enfrentar la pandemia, celebran el descenso de contagios y comienzan a relajar paulatinamente las estrictas medidas aplicadas al inicio del brote, en enero. Las respuestas de los Estados y su experiencia sanitaria debieran servir de lección a los países de Latinoamérica, como el nuestro, que están en la fase inicial del ciclo.

Esta pandemia será una prueba tanto de la eficacia de los gobiernos como de la responsabilidad de los ciudadanos para promover el cuidado mutuo, la salud y el bien común

En un reciente artículo publicado en el Financial Times, el antropólogo e historiador israelí Yuval Harari, señala un punto de inflexión para el mundo: “Las decisiones que la gente y los gobiernos tomen en las próximas semanas no solo formatearán nuestros sistemas de salud, sino también la economía, la política y nuestra cultura” en el futuro. Y destaca que aunque los países de Asia se han mostrado muy efectivos para contener la enfermedad, sus estrategias tienen cruciales diferencias.

Una cuarentena estricta (estimada hoy en al menos 31 días), testeos rápidos y masivos e información digitalizada sobre la cantidad de casos y su distribución geográfica parecen haber sido la clave para evitar el colapso de sus sistemas sanitarios. Sin embargo, para Harari hubo importantes diferencias entre China y Corea del Sur, o Japón. La oposición está, a su juicio, entre una “vigilancia totalitaria o empoderamiento de los ciudadanos” a nivel nacional y “aislamiento nacionalista o solidaridad global” a escala internacional.

China combinó el monitoreo de smartphones y un sistema de reconocimiento facial sobre millones de ciudadanos a quienes obligó a chequear y reportar su temperatura corporal, para trazar sus movimientos y contactos sociales. El estricto aislamiento en Hubei incluyó persecución policial de infectados, a menudo brutales condiciones de confinamiento y censura, con denuncias de haber ocultado y manipulado cifras de infectados y fallecidos. En Corea del Sur, si bien se aplicó una cuarentena y hubo seguimiento a los ciudadanos, la estrategia se apoyó en el testeo masivo a domicilio y reportes voluntarios de una población informada por medios independientes y dispuesta a colaborar con el gobierno. Para lograr esta cooperación, señala Harari, “la gente necesita confiar en la ciencia, confiar en las autoridades políticas y en la información que brindan los medios” cuando proliferan corrientes políticas que promueven la desconfianza en estos tres factores.

El experto argentino en desarrollo económico Eduardo Crespo recordó en las redes un concepto acuñado por el sociólogo británico Michael Mann que distingue entre “poder despótico y poder infraestructural”. El primero es la capacidad de ejercer el poder sobre terceros “sin restricciones rutinarias, sin necesidad de someterse a la negociación con la sociedad civil”, pudiendo encarcelar o quitar la vida a voluntad. El segundo “no se ejerce sobre las personas sino con otras personas. Es la capacidad de imponer la ley, controlar territorios, comunicar, educar, tributar y prevenir enfermedades. Es sobre todo la capacidad de coordinar las acciones de las personas”, dijo.

Nuestro país aplicó esta semana la cuarentena estricta en todo su territorio. Si se endurecieron los controles fue porque en la crisis afloró la clásica anomia argentina. Hubo quienes violaron irresponsablemente su confinamiento obligatorio o pensaron que “aislamiento social” eran vacaciones. Por otra parte, el gobierno falló en una faceta clave de la estrategia sanitaria: los testeos centralizados en el Malbrán son limitados y se demoró su descentralización. Hay cientos de casos en espera y la comunicación es aún deficiente.

Sin dudas esta pandemia será una prueba tanto de la eficacia de los gobiernos como de la responsabilidad de los ciudadanos para promover el cuidado mutuo, la salud y el bien común, en una crisis que marcará el futuro del país y el mundo.


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