Grave crisis económica en la biblioteca de Cipolletti

Necesita reunir 160.000 pesos para cubrir deudas. "Si no, habría que cerrar las puertas", aseguran.

Por Redacción

CIPOLLETTI (AC).- Con un déficit mensual imparable, un desfasaje severo entre ingresos y egresos y una situación que se vino agudizando desde fines de los 90, la histórica Biblioteca Bernardino Rivadavia de Cipolletti ha entrado en un tobogán a la baja en lo económico-financiero que la tiene inmersa en una gran crisis, al borde de la desarticulación. Es más, si en plazo mediato no surgen apoyos de las empresas, los vecinos, los organismos no gubernamentales y los es inviable su funcionamiento. «Así como están las cosas habría que cerrar las puertas», dijo el tesorero Pablo Mastroberti.

Nació esta biblioteca en 1932 en la escuela 53, que precisamente se llama Bernardino Rivadavia, luego fue a un local de calle Yrigoyen y a principios de los 80 se inauguró el edificio propio, con ayuda de toda la comunidad y de empresas, frente a la rotonda de Alem Y Mengelle.

El secretario general de la Presidencia de la Nación, Oscar Parrilli, recibió en mano una nota que dirigentes bibliotecarios le entregaron en la Casa Rosada, mientras que vía Legislatura provincial también se gestiona un auxilio del gobierno de Miguel Saiz. Cuenta la entidad con unos 80.000 volúmenes -varios incunables- servicios de computación, fotocopiado y lectura gratuita, en el edificio, para los no socios; libros grabados en CD e impresora Braille para no videntes, una FM y otros beneficios, aparte de una hemeroteca, y una sala, la Saulo Benavente, para espectáculos y eventos.

Lo único que está en construcción ahora son rampas y un montacargas para traslado de discapacitados, pero se necesita impermeabilizar urgente las paredes, efectuar cambios en el sistema de luz, modernizar los programas informáticos y mucho más. El punto de inflexión entre la bonanza y la crisis resultó el atraso de los aportes patronales, a causa de la extensión horaria, que se fue generando por sueldos de los cinco empleados -porque hay otros cuatro que paga la provincia y uno el municipio- que se potenció desde mediados de la década de los 90 y en el 2000 ya había 22.000 pesos de deudas en ese aspecto y un déficit de 18.000 pesos por mes.

La institución recibe un aporte de 50 centavos de todo el padrón de contribuyentes del municipio, pautado a través de una ordenanza, con el que se recauda unos 40.000 pesos por año, que es un importante paliativo, pero nada más que eso.

Y para oscurecer el caótico panorama hay una fuga de socios y quedaron 800, de los cuales solamente 400 pagan la cuota de 8 pesos al mes. Con lo de la ordenanza, más lo de los socios, sólo se liquidan sueldos, servicios y los planes con la AFIP.

La carga de empleados es grande porque la institución funciona en horario corrido, de 8 a 20, dado que esa es la única forma de que estudiantes primarios, secundarios y universitarios accedan a material imprescindible para sus estudios. A la fecha la deuda por aportes patronales es de casi 70.000 pesos.

Para encauzar un camino que restaure la normalidad económica y financiera se necesitan de manera urgente unos 160.000 pesos, porque con eso incluso se generaría la cobertura del desfasaje mensual del año entrante.

Para buscar «salvavidas» ante una situación límite se convocó para el viernes desde las 20, en la sala Saulo Benavente, a una amplia reunión comunitaria, a fin de escuchar propuestas.


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