“Hacia una Argentina mejor”
Es indudable que hoy los argentinos estamos viviendo una época de extrañas características. Por un lado, nos vemos absortos en una onda aparentemente positiva pero, ante grotescos e injustos acontecimientos, observamos que el país está dividido por “la indiferencia, la apatía, la insensibilidad y el egoísmo”, como ya lo planteó un gran filósofo de inteligencia abierta hacia la verdad, hacia las leyes que rigen la justicia y el bienestar de nuestra sociedad democrática (Dr. Santiago Kovadloff). Por otro lado, existe un ámbito compuesto por ciudadanos conscientes, realistas, analíticos y convencidos de las razones que hacen del gobierno actual de la Nación Argentina una parodia evidenciada por múltiples acciones que nublan el pensamiento de las masas convertidas en los servidores de la mentira y las contradicciones, creyendo que la discrecionalidad en el manejo egoísta e insensato del poder de este gobierno centralizado es lo ideal. Me estoy refiriendo en este análisis doloroso, pero lamentablemente real, al grotesco manejo de la Justicia, por no respetar la independencia de los poderes y caer en el error de reforzar el mandato con nombramientos de personajes adherentes al gobierno, por no decir sirvientes aplaudidores incondicionales de poder. Como consecuencia de esta actitud demagógica, se perfila la tendencia cada vez más firme, por ejemplo, de anular la investigación del trabajo sobre el tema AMIA, del fiscal de la Nación, Alberto Nisman, fallecido misteriosamente cuatro días antes de su declaración en el Congreso. También, se observa el mismo objetivo del gobierno en el acoso intolerable al juez de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Carlos Fayt, para destituirlo u obligarlo a renunciar por el solo hecho de tener 97 años, considerando que ya no posee la capacidad psicofísica para desenvolverse en sus funciones jurídicas con la idoneidad requerida, olvidando el respeto que como funcionario público se merece. Ahora yo me pregunto: si bien la Constitución Nacional establece que un funcionario o juez puede ocupar su puesto hasta cumplir 75 años, ¿por qué recién ahora se les ocurre destituirlo, dado que siempre su desempeño ha sido aceptable notoriamente? ¿Será porque no comparte las tendencias kirchneristas? Si es así, estamos frente a un gobierno destituyente, y lo que es peor, antidemocrático. No deseo ahondar más en procesos similares, sino sólo citar brevemente los casos, por ejemplo, de posible absolución del vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, y todo su séquito de procesados, tales como José María Núñez Carmona, Alejandro Vandenbroele y otros que posiblemente también se considerarían aptos de ser sobreseídos. Para finalizar, sólo me resta esperar con gran esperanza que esta turbulencia de hechos inaceptables y hasta desconcertantes no se vuelvan a repetir y que los responsables del nuevo gobierno de este maravilloso país no cometan los mismos errores y en cambio logren encaminar esta República hacia una verdadera y decorosa democracia. Hilda P. de Terk DNI 2.732.558 Neuquén
Hilda P. de Terk DNI 2.732.558 Neuquén
Es indudable que hoy los argentinos estamos viviendo una época de extrañas características. Por un lado, nos vemos absortos en una onda aparentemente positiva pero, ante grotescos e injustos acontecimientos, observamos que el país está dividido por “la indiferencia, la apatía, la insensibilidad y el egoísmo”, como ya lo planteó un gran filósofo de inteligencia abierta hacia la verdad, hacia las leyes que rigen la justicia y el bienestar de nuestra sociedad democrática (Dr. Santiago Kovadloff). Por otro lado, existe un ámbito compuesto por ciudadanos conscientes, realistas, analíticos y convencidos de las razones que hacen del gobierno actual de la Nación Argentina una parodia evidenciada por múltiples acciones que nublan el pensamiento de las masas convertidas en los servidores de la mentira y las contradicciones, creyendo que la discrecionalidad en el manejo egoísta e insensato del poder de este gobierno centralizado es lo ideal. Me estoy refiriendo en este análisis doloroso, pero lamentablemente real, al grotesco manejo de la Justicia, por no respetar la independencia de los poderes y caer en el error de reforzar el mandato con nombramientos de personajes adherentes al gobierno, por no decir sirvientes aplaudidores incondicionales de poder. Como consecuencia de esta actitud demagógica, se perfila la tendencia cada vez más firme, por ejemplo, de anular la investigación del trabajo sobre el tema AMIA, del fiscal de la Nación, Alberto Nisman, fallecido misteriosamente cuatro días antes de su declaración en el Congreso. También, se observa el mismo objetivo del gobierno en el acoso intolerable al juez de la Suprema Corte de Justicia, Dr. Carlos Fayt, para destituirlo u obligarlo a renunciar por el solo hecho de tener 97 años, considerando que ya no posee la capacidad psicofísica para desenvolverse en sus funciones jurídicas con la idoneidad requerida, olvidando el respeto que como funcionario público se merece. Ahora yo me pregunto: si bien la Constitución Nacional establece que un funcionario o juez puede ocupar su puesto hasta cumplir 75 años, ¿por qué recién ahora se les ocurre destituirlo, dado que siempre su desempeño ha sido aceptable notoriamente? ¿Será porque no comparte las tendencias kirchneristas? Si es así, estamos frente a un gobierno destituyente, y lo que es peor, antidemocrático. No deseo ahondar más en procesos similares, sino sólo citar brevemente los casos, por ejemplo, de posible absolución del vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, y todo su séquito de procesados, tales como José María Núñez Carmona, Alejandro Vandenbroele y otros que posiblemente también se considerarían aptos de ser sobreseídos. Para finalizar, sólo me resta esperar con gran esperanza que esta turbulencia de hechos inaceptables y hasta desconcertantes no se vuelvan a repetir y que los responsables del nuevo gobierno de este maravilloso país no cometan los mismos errores y en cambio logren encaminar esta República hacia una verdadera y decorosa democracia. Hilda P. de Terk DNI 2.732.558 Neuquén
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