“Hay que debatir

Nacido en Río Negro, forjado políticamente en el duro Gran Buenos Aires, Fernando “Chino” Navarro está de acuerdo con una reforma constitucional que no alimente el sistema de reelecciones y debata la conveniencia de marchar al sistema parlamentario.





CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

entrevista: A Fernando “Chino” Navarro, líder del Movimiento Evita, diputado

— ¿Cuánto jabón le agarró cuando supo de los problemas de salud de la presidenta?

— Jabón no. Pero me angustió.

— ¿Pensó que podía..?

— ¡No, no! Nunca lo vi como un problema severo, pero me preocupó. La quiero, sé de su compromiso. Por supuesto que me acordé inmediatamente de lo de Néstor. Asumí lo de Cristina con la información profesional que se comunicó y que era la verdad. Pero claro, siempre está que cuando hay un problema de salud… bueno…

— ¿Bueno qué?

— Se sabe cómo comienza pero no necesariamente por dónde puede derivar. Pero todo salió bien. Ahora la queremos sana, hemos hecho mucho en estos 10 años de gobierno, pero nos resta mucho. La necesitamos.

— ¿Usted tiene a alguien en su cabeza para candidato K a la presidencia?

— No. Tampoco me preocupa. En relación al 2015 mi mirada está puesta en luchar por la continuidad de las líneas maestras de lo que hemos hecho en el gobierno: empleo, crecimiento de la economía, etcétera.

— ¿Pero que es Daniel Scioli en línea al 2015?

— Le respondo en línea al Frente para la Victoria: lealtad. No es un híbrido, como hay tantos en la política.

— ¿Quién, por caso?

— Sergio Massa.

— Pero con votos. A ustedes los sacudió duro en la provincia.

— La historia política del país está plagada de híbridos que arrancaron con votos y votos y después…

— ¿Después?

— Revuelva la historia. La práctica política no está reñida con la teoría, menos con la historia.

— ¿Qué conclusiones va extrayendo en relación al funcionamiento de nuestro sistema político?

— Vamos hacia una democracia más adulta. Hoy tiene déficits profundos…

— ¿Dónde, cuáles?

— La cuestión social, por tomar sólo un caso. Reflexionada en términos de equidad, de distribución de la riqueza. Pero en relación a la adultez, está -por ejemplo- el fallo de la Corte sobre la ley de Medios. Ley opinable, claro. Pero deja en claro que todos somos iguales ante la ley, algo que estampado en la Constitución Nacional, no necesariamente es cultura cotidiana.

— ¿Cómo reflexiona el sistema de partidos actual en relación a la adultez en la que, dice usted , marcha aquí la democracia?

— En términos de déficit. Por formación siempre reflexiono la política en términos de lo que falta, de aquello que tiene que integrar una agenda que, de cara al futuro, se comience a trabajar cuanto antes. En esa agenda están los problemas sociales. Se hizo mucho pero no alcanza, pero se sabe lo que falta. Y están, claro, los problemas que aquejan al sistema político: el presidencialismo que avala la Constitución Nacional y -siempre tomando ejemplos puntuales- un sistema de partidos que no es un sistema de partidos, es puro deshilachado.

— ¿Qué sería lo hilachado?

— Partidos doctrinarios, programáticos, legítimamente diferenciados en el plano de las ideas, la ideología sobre los temas nacionales. Lo cual no quiere decir que no trabajen juntos, que no acuerden.

— ¿Para el sistema de partidos, el 2001 pasó de largo en términos de experiencia?

— Si hubo recuperación, bueno… no se nota. Es un sistema donde sucede de todo. Un ejemplo de estos meses: hubo partidos que resolvieron ir a las PASO para resolver quién es el candidato y el que pierde, ya ante las elecciones, para resolver, manda a votar al candidato de otro partido…

— Recién habló del presidencialismo que avala la Constitución y que de hecho es hiperpresidencialismo. Un andamiaje que centraliza, quita dialéctica al funcionamiento del sistema, condiciona las posibilidades de cambios en tiempos de crisis…

— Presidencialismo desde siempre en la historia argentina. Lo aclaro porque ahora resulta que el presidencialismo pareciera que lo inventó Cristina.

— ¿Está de acuerdo en plantear una reforma de la Constitución que contemple este y otros temas que hacen al sistema político, encarar -por caso- la necesidad de ir hacia el sistema parlamentario?

— No me parece mal encarar una reforma integral de la Constitución. Pero, puntualmente en lo que hace al presidencialismo, que esa reforma no esté atada a ninguna especulación respecto a reelecciones o cosas por el estilo, porque eso colocaría a la mayoría de la gente en contra de una iniciativa que debería ser aceptada como natural, producto de las exigencias de los tiempos. O sea, camino a la eventual reforma, vale la prudencia que evite especulaciones que terminen siendo un bumerán respecto de la sana intención de debatir sobre el presidencialismo y el parlamentarismo.

— ¿O sea que no se niega a debatir sobre ir o no ir al sistema parlamentario?

— ¡Cómo me voy a negar a debatir el tema! No hago política atado a la rigidez que nos suele marcar el pasado… ¡Por favor! Hay que explorar el ir a la reforma…

— Calma, no se caliente.

— No, nada de eso. Pero le reitero algo que creo que usted no parece tener en claro: no soy sólo el “Chino” para el bochinche; si es que hay que hacer bochinche: soy un “Chino” de libros, reflexión… Por caso, en este tema de los excesos a que nos lleva nuestros sistema presidencialista y las razones existentes para pensar en el sistema parlamentario, sigo mucho al juez de la Corte Raúl Zaffaroni, que avala el ir al sistema parlamentario.

— Lo he escuchado decir que aún es muy difícil para la política resolver la “decadencia del país comenzada en el ´55”. Me recuerda a cuando los radicales, en el fin agobiante del mandato de Alfonsín, le echaban la culpa a Martínez de Hoz, que en todo caso estaba más cerca que el ´55. ¿Cómo hablar del ´55 hoy, o la Libertadora que además fracasó en todo su proyecto, cuando han pasado no menos de tres generaciones de argentinos?

— Es cierto lo que usted dice. Yo hablo en términos del ´55 en relación a que en los 10 años de nuestro gobierno aún no hemos podido resolver problemas nacidos del proceso de decadencia iniciado con la Libertadora.

— Tengo la impresión de que la mayoría de los argentinos ni sabe qué fue el ´55…

— Los peronistas, que somos mayoría, sí lo sabemos y lo hemos transmitido a nuestros hijos… ¡No se preocupe, saben! Pero es verdad que a veces la gente no quiere historias…Pero en esto de la política transmitiendo cosas, suele haber dos posibilidades. Una: hablar de lo que la gente quiere escuchar, que en el corto plazo suele ser electoralmente bueno pero que siempre está abierta la posibilidad de frustraciones, con profundas derrotas de los sectores electorales. Lo hemos vivido recientemente. Lo otro es hablarle a la gente diciendo cosas que a veces son crudas, pero que hay que debatir. Los peronistas, por ejemplo, debemos debatir por qué se le otorgó tanto consenso al menemismo; nos creímos la magia del “1 a 1” y terminamos desguazando el país… El problema no fueron Menem y Cavallo, fuimos nosotros: los peronistas.

— ¿Qué es el peronismo hoy? Alejandro Katz, un buen analista de la política, acaba de escribir que tiene la impresión de que cuando uno designa con una palabra tantas cosas a la vez -el peronismo-, lo que está diciendo es que no es nada…

— Bueno, en esto último se equivoca. Y en alguna medida el tema sobre lo que es el peronismo se relaciona con lo que hablamos del sistema parlamentario. Porque en la medida en que los partidos no se expresen cohesionados cada uno en un manejo de ideas muy concretas, de doctrina, convicciones… la marcha hacia un sistema parlamentario será compleja. Pero en el peronismo uno puede estar muy enojado desde lejos con EE. UU o ir presuroso a contarle cosas al oído del embajador americano, como hizo Sergio Massa. O se puede adherir a la ortodoxia del ´45 al ´55 sin percibir que el mundo cambió. O ser peronista también puede ser aceptar las órdenes de Magnetto y dejar de lado lo que piensan los peronistas o puede ser trabajar en línea a Néstor y Cristina sabiendo que hemos hecho mucho y resta mucho. O ser peronista estando en contra de ellos…


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