“Hay que saberse alguna poesía de memoria”

Una historia recuperada después de 30 años por Patricia Borensztejn

“Hay que saberse alguna poesía de memoria”, es el título de un libro escrito por Patricia Borensztejn, quien tuvo que dejar pasar 30 años de su vida para retomar aquellos seis transcurridos adentro de la cárcel, una experiencia límite “contada desde las emociones y no desde la denuncia”.

“Cuando decidí escribir -empujada por una necesidad personal y por una poesía de mi hija que me ve esperando que llegue alguna carta con el próximo horario de visita cuando ella no existía- primero me puse a estudiar el tema. Leí `La escritura o la vida` de Jorge Semprum y todas las cartas que le había mandado a papá. Recuperé memoria porque 30 años es mucho tiempo”, dice a Télam.

“Yo no quise hacer un libro de denuncia, sino de una narración de mis emociones. Y en el hacer narración hice una especie de ficción aunque el libro es testimonial”, precisa Borensztejn, detenida junto a su marido en diciembre de 1974, ambos militantes políticos.

La autora cuenta que “vivía con imágenes y quería contarlas porque tenían que ver con sentimientos, con emociones. También me sorprendí cuando terminé de escribir todas esas cosas sueltas, porque son como capítulos sueltos. Cuando pude ordenarlo descubrí otras cosas que había querido dejar. Además de compartir mis emociones yo quería agradecer”.

“Agradecer -insiste- a mis padres, a las compañeras que estuvieron conmigo, homenajes a distintas personas. Hay algunos que pudieron leer lo que escribí que son coprotagonistas del libro y otros que no me acuerdo como se llamaban: por ejemplo una chica que contaba historias muy bien”.

Un día leyendo el diario, vio que había una convocatoria de Casa de las Américas para literatura testimonial: “Tome impulso y cuando llegué a las 150 páginas lo mandé. Obtuve la única mención en esa categoría en la edición 50 de ese concurso”.

“Me di cuenta que para empezar a contar, no podía hablar desde la cárcel. Tenía que explicar quién era yo. Sin necesidad de decir soy fulana de tal, mi afiliación política fue… no quería hacer eso, no me interesaba esa parte de denuncia”, aclara.

Por eso hay esas introducciones, apunta Borensztejn, “que comienzan desde muy chiquita donde creo que voy contando a nuestra generación. Cómo nos educaron, por qué me decían princesa las chicas en la cárcel, quería que el lector me situara”.

Algunas alusiones a la época que le tocó vivir irrumpen en el texto como una canción de Paco Ibáñez, así como señales de la identidad de la autora y hay elementos vinculantes, un puente para no desembocar directamente en esos seis años pasados en la cárcel.

“Hablo de la raya, esa divisoria de agua que sentí cuando era chica con los grandes, después ellos y nosotros (los militantes) – esa militancia que la llevo a perder su libertad con apenas 21 años-; una raya que luego separó afuera y adentro y ahora que estoy afuera no me puedo olvidar de lo de adentro”, hilvana.

Y agrega: “La raya es una idea interesante y explica la manera de pensar de una época. Dividir las cosas en dos lados, algo tajante”.

“Una de las cosas que yo quería era que leyeran mi libro -recién publicado por Capital Intelectual- y no es fácil leerlo. No quería escribir algo que la gente dejara de lado, quería que llegaran al final. Que no fuera duro. Y creo que lo logré. Hay escenas que no las conté porque no encontré la manera”, confiesa.

La conexión entre contar una historia y saber escuchar, es un tema resaltado en el libro, ya que de esa experiencia límite la autora rescata esta actividad realizada en conjunto por todas las presas, incluso menciona los libros leídos una y otra vez y agrega el listado de todos los que pasaron por sus manos.

“Cuando estábamos adentro, todo era esto: escuchar y hablar. Como pasa de rápido el tiempo cuando uno no tiene nada que hacer. La palabra, las lecturas. Al no tener nada, queda lo que sos y lo fuimos intercambiando entre nosotras”, reflexiona.

En el texto aparece la jerga carcelaria, la explicación de elementos como los huesitos (huesos de caracú que tallaban y teñían con té), el nombre de las celdas de castigo y todo lo que nombraba aquello encerrado en esas paredes de Villa Devoto.

Las distintas partes de la vida de la autora se van integrando de una manera natural: esos seis años vividos en la cárcel -que pueden ser leídos como un paréntesis- aparecen junto a otros momentos esbozados y ayudan a tener una visión completa y no fragmentada de la historia de Patricia.

“Creo que puse mucha alma en esas hojas, lo leí 25 millones de veces, y siempre me emocioné. Creo que es difícil de leer para mis hijos, pero no importa, lo tienen en la mesita de luz”, remata.

Por Mora Cordeu
(Télam).-


“Hay que saberse alguna poesía de memoria”, es el título de un libro escrito por Patricia Borensztejn, quien tuvo que dejar pasar 30 años de su vida para retomar aquellos seis transcurridos adentro de la cárcel, una experiencia límite “contada desde las emociones y no desde la denuncia”.

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