Hechizo clásico y contemporáneo
Con un programa clásico y contemporáneo, el Ballet Clásico de Fundación Cultural Patagonia estrena una propuesta que culmina una temporada excepcional y se suma a los festejos por los 25 años de su creación.
Atrás quedaron tres meses de esfuerzo, interminables ensayos y la mirada puesta en cada detalle, desde la iluminación hasta el vestuario y la escenografía. Esas jornadas de dedicación se observan en el rostro de Gaik Kadjberounian, director del Ballet Clásico de Fundación Cultura Patagonia, que, fiel a su costumbre, presenta este fin de semana, como todos los años, un nuevo espectáculo.
Pero el cansancio agotador se entremezcla con la emoción del bailarín y docente y de todo el cuerpo de baile que, día a día, ultiman los detalles para que el viernes, en el instante en que el telón comience a desaparecer del escenario, la danza cobre vida nuevamente con una propuesta de gran nivel.
El espectáculo constará de dos partes, «Arenal», con movimientos contemporáneos, y la gran creación de Georges Bizet, «Carmen», que dará el protagonismo absoluto a la danza clásica. La primera ofrecerá 18 minutos bajo los sonidos de María del Mar Bonet, mientras que la segunda consta de tres partes que, en esta ocasión, estará estructurada en un acto de 45 minutos, recreando el trágico destino de Carmen y su denodada búsqueda de la felicidad.
El Auditorio de la «Ciudad de las Artes» ya luce el exquisito despliegue escenográfico mientras el director y sus asistentes ubican la puesta de luces prestando atención a cada detalle.
Para Kadjberounian, llegado desde su natal Armenia a nuestro país hace más de una década, es otra experiencia más como director que se suma a las cuatro puestas previas en las que encarnó ese rol, aparte de su actuación como bailarín, desde que fue elegido para ocupar ese lugar. Con especial afecto recuerda la primera obra, «Verano de felicidad» (2004), que incluía fragmentos de «Don Quijote», «El lago de los cisnes» y «Carmen» y contó con la participación especial de la reconocida bailarina Karina Olmedo, amiga personal y compañera de Kadjberounian, sobre las tablas porteñas. Luego siguieron «Don Quijote» (2005), «Scherezade» (2006) y «Tangos aMores» (2007), en los que logró plasmar su experiencia y compartirla con los integrantes de una agrupación integrada por profesionales y también alumnos, quienes dan sus primeros pasos sobre el escenario. Como bien afirma el director, «las coreografías se adaptan en función de los alumnos y de esta forma crecen artística y profesionalmente».
Esto reafirma el nexo que une a Fundación Cultural Patagonia, propulsora y creadora de grupos y elencos en las distintas ramas artísticas, con el IUPA (Instituto Universitario Patagónico de las Artes) en el que la mayoría de estos profesionales son docentes y permiten que los alumnos formen parte de sus propuestas, logrando así el espacio ideal para que estos inicien sus futuras carreras profesionales.
En esta oportunidad, más de quince estudiantes forman parte de la puesta, lo que los emociona y, al mismo tiempo, los incentiva a crecer no sólo por la experiencia sino también por compartir incontables horas de ensayos junto a bailarines profesionales.
La carrera de Danza Clásica y Contemporánea del IUPA dura doce años y sus exigencias diarias obligan a alumnos y maestros a encontrar nuevos horarios para los ensayos de este nuevo evento, que se suma a la variada cantidad de actuaciones que el grupo realizó este año en Villa Regina, Choele Choel, Río Colorado y Roca, la ciudad que vio nacer a la agrupación hace ya 25 años.
Para cada uno de los integrantes será una experiencia diferente: los más jóvenes y sus primeras oportunidades ante los espectadores, cada profesional sumando más experiencia. Para Kadjberounian, quien formó parte de prestigiosas agrupaciones como el Teatro Argentino de La Plata -en el que fue primer bailarín junto a Maximiliano Guerra- es un momento de satisfacción en el que todo el esfuerzo se verá cristalizado en cada paso, cada movimiento, cada sensación transmitida. Para todo el elenco, el encuentro con el público es el corolario perfecto. Aquel en el que no son necesarias las palabras, sólo el lenguaje universal y único de la danza.