Helmut Ditsch: arte, naturaleza y espiritualidad
En tránsito por la zona, donde realiza un relevamiento de paisajes que recreará en pinturas, el artista argentino con reconocimiento mundial Helmut Ditsch hizo referencia a la íntima relación de su obra con la naturaleza. Desde Villa La Angostura anticipó una muestra en Bariloche.
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La voz del artista Helmut Ditsch remite a la transparencia del glaciar Perito Moreno; a la espiritualidad que dice haber hallado en contacto con la naturaleza, en la montaña. Nacido en Villa Ballester, alcanzada la cumbre del Aconcagua y transitado el glaciar Ventisquero Negro (cerro Tronador); su pasión lo destinó a Viena donde ingresó a la Academia de Bellas Artes en 1988. Promesa de larga data, “espero traer mi obra a Bariloche este año. Si no, será el próximo”, anticipa. Ostentando un record de cotización para un artista argentino por “El mar II”, dialoga telefónicamente desde la costa del lago Nahuel Huapi en Villa La Angostura -una de las etapas del relevamiento que realiza para la Universidad Nacional de General San Martín-.
Teresita Méndez
Tras una jornada en Bariloche, apuró el tránsito animado por la luminosidad del clima estival. “Aprovecho para mirar cada lugar; fenómenos estéticos y fuentes de inspiración, cada uno con su encanto, con su energía”, sostiene. Iniciado en Buenos Aires, su recorrido incluyó Puerto Pirámide, Calafate y El Chaltén, con práctica de escalada en el grupo Monte Torre y Fitz Roy. Permanecer en el lugar incentiva a “captar el estado, estudiar la matriz tridimensional y su fenómeno sensorial, acceder a la frecuencia del color y el aura del momento. Concentrarse en la esencia, no sólo copiar sin corazón”, define. Su itinerario incluye Purmamarca (Jujuy) con el “seductor fenómeno de la transición” y Mendoza -donde produce vino junto a su hermano Herbert- y El Cordón del Plata, atractivo extra desde sus 21 años cuando hizo cumbre en el Aconcagua “iniciando mi carrera de montañista y búsqueda espiritual”. Si el instinto une persona y paisaje, el lenguaje es el de la pintura. Su singular mirada “no fue consciente hasta la decantación de mi experiencia con la montaña”, situación mística fundada en la búsqueda sobre “el sentido de la vida y de la muerte” tras el fallecimiento de su madre Inge, expresa. Funda el realismo de sus obras en “el que acrecienta la naturaleza; colectivo, constante. Brinda chance de reconocernos y corrige. Cuando no tenemos un comportamiento acorde, la naturaleza es capaz de mostrar hostilidad; el fundamento de la ciencia ecológica”, define. A los 80 años, hoy su padre Walter “siente mucho orgullo” aunque no comprendiera las solicitudes de Helmut para estudiar en el Conservatorio de Música o la Escuela de Ballet y lo inscribiera “en un colegio técnico por las dudas”, expresa el artista que rescata el sentido conservacionista de Francisco Pascasio Moreno. Un aspecto “al que sumo mi pequeño aporte”, concluye.

AMOR POR LA CORDILLERA La Cordillera oficia de atractivo especial para quien, a los 21 años, cumplió el sueño de arribar a la cumbre del Aconcagua. Fue su “primera experiencia exitosa. El destino quiso que hiciera cumbre de manera tan fascinante y fácil que inició mi carrera de montañista y búsqueda espiritual”. “Por instinto, en la obra surge el denominador común entre la persona y el paisaje. El lenguaje es legible, el de la pintura. Universal, popular, en un segmento social amplio, y reconocible tanto en Europa como la Argentina. El mar o la cordillera. Con el tiempo me di cuenta, haciéndome más responsable todavía”, agrega. Su particular mirada espiritual “surge del análisis, no fue consciente hasta la decantación de mi experiencia con la montaña”, una situación mística fundada en la necesidad de hallar respuestas al “sentido de la vida y de la muerte” tras el fallecimiento de su madre Inge.

EL ARTISTA En 1997 era considerado uno de los artistas jóvenes más exitosos. Dos años después llegó su consagración con la obra “La cordillera”, adquirida por el OeNB (Banco Central de Austria) en una cifra récord para un artista plástico argentino actual. En 2000 instaló su atelier en Irlanda. En 2005 completó el ciclo “Grandes temas naturales” (desiertos, montañas y hielos) con la obra “El mar II”, inspirada en el océano Atlántico. En 2001 realizó su primera gran presentación en el Museo Nacional de Bellas Artes congregando más de 100 mil personas. En 2006 fue invitado a participar de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires donde presentó su libro “The Triumph of Nature”. Paralelamente comenzó a recorrer diversas vertientes creativas, incluyendo el diseño automotor, de indumentaria, la composición musical y la elaboración de vinos de alta gama. Proyecta fundar un espacio académico dedicado al pensamiento filosófico bajo el concepto “Helmut Ditsch ArtFactory”. En noviembre de 2010, Helmut Ditsch inició la “Gira Nacional y Popular”, una muestra itinerante por Santa Fe, Paraná y Rosario continuando en Mar del Plata (2011) y Mendoza (2012).
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