Antes del valle, el océano
Bajo el asfalto de la ciudad y el verde de las chacras, las bardas custodian el registro de un tiempo en que el horizonte era agua. Un recorrido por la memoria mineral de nuestro territorio.
Cuesta imaginarlo. Donde hoy se extiende General Roca, con sus calles, chacras y bardas recortadas contra el cielo patagónico, alguna vez hubo un mar antiguo e inmenso. La afirmación puede parecer poética, pero pertenece al terreno de la geología: basta con recorrer las bardas para encontrar las señales en sus capas superpuestas, visibles como páginas abiertas de un registro que comenzó millones de años antes que la humanidad.
La memoria del paisaje y la escala geológica
Comprender este pasado exige abandonar nuestra escala habitual de tiempo. Mientras la memoria humana es breve, la geología trabaja con eras donde los continentes cambian de forma. La Patagonia conserva evidencias de estas antiguas ingresiones marinas; durante largos períodos, el océano depositó sedimentos en el fondo que luego se compactaron, dando origen a las capas que hoy forman nuestro relieve.
Dato clave: Lo que hoy es tierra firme fue, en un pasado remoto, un fondo marino donde se acumularon partículas minerales y restos orgánicos que hoy afloran en las bardas.
El hallazgo ocasional de fósiles confirma este origen. Para quien observa con atención, las bardas dejan de ser una referencia geográfica y se convierten en un archivo natural: cada estrato revela una etapa en la que el mar dominaba el horizonte.
El archivo de las bardas y el Engolfamiento Neuquino
Lentamente, el territorio emergió y el mar se retiró. Mucho tiempo después, el río Negro inició la tarea de excavar el valle, definiendo las condiciones para la vida actual. Esta dimensión profunda del tiempo nos recuerda que la ciudad, con poco más de un siglo, es una presencia reciente en un espacio cuya formación se remonta a épocas milenarias.
Este pasado, documentado por investigadores como Juan Carlos Salgado en su trabajo Cuando Roca fue mar, explica que geológicamente pertenecemos al borde oriental del Engolfamiento Neuquino. Durante el Cretácico tardío y el Cenozoico, el levantamiento de la Cordillera de los Andes modificó la cuenca, generando las acumulaciones de sedimentos que hoy vemos.
Formación Roca: Incluye calizas y fósiles marinos que certifican el dominio del océano.
Formación Allen y Formación Río Negro: Testigos de antiguos ríos y lagunas de la Cuenca Neuquina.
El nacimiento del valle actual
El valle actual terminó de excavarse hacia el Plioceno tardío y el Cuaternario, cuando el río empezó a profundizar su cauce y a disecar la planicie, dejando las terrazas escalonadas que vemos hoy. En nuestra zona afloran unidades como el Grupo Neuquén, la Formación Allen y la Formación Río Negro, constituidas por sedimentos transportados por antiguos ríos y lagunas.
En definitiva, nuestras bardas son el resultado de una secuencia épica: primero la sedimentación marina, luego el levantamiento andino y la erosión del río Negro, y finalmente la acción del viento que esculpió el escenario que hoy llamamos hogar.
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